En fiestas… ¿Pirotecnia? ¡No gracias!

No podemos olvidarnos de esa parte de la población que sufrirá los efectos psicológicos de los petardos, así como de las mascotas.
Un perro asustado se esconde en su cama.
Un perro asustado se esconde en su cama.

Este miércoles se celebran las hogueras de San Juan, la noche donde se tiran y tiran ingentes cantidades de petardos en muchas zonas de España. Es la noche más corta del año, o eso dicen, ya que para quienes convivimos con mascotas, para los animales que viven en las calles y para las personas con diversidad funcional, alzhéimer, demencia y problemas cognitivos, la noche se convierte en eterna.

A este colectivo el ruido de los cohetes y petardos le molesta sobremanera. Según Gemma Fradejas, presidenta de la Asociación Somos Diversos, “la mayoría de las personas con autismo, especialmente los niños, tienen el sentido del oído mucho más desarrollado que las personas neurotípicas. Cualquier ruido por pequeño que sea, les ocasiona nerviosismo, falta de concentración, incluso trastorno sensorial”.

Además, añade Fradejas, “con la pirotecnia todo esto se agudiza, desencadenando automáticamente en ellos fuertes crisis sensoriales… Controlar ese tipo de episodios es casi imposible. Algunas personas intentan disminuir sus efectos encerrándose en los lavabos o en las habitaciones interiores, pero, por desgracia, en la mayoría de los casos suelen terminar la noche en urgencias”.

Los animales que conviven con nosotros, perros, gatos, pájaros, etc., tienen un oído mucho más fino que el nuestro; tan fino que, el sonido de los cohetes, más que molestar, les hace mucho daño.

Si tomamos como ejemplo el oído humano, este puede oír sonidos de hasta 20.000 Hz. El oído de un perro es casi tres veces más potente, ya que puede escuchar sonidos de hasta 50.000 Hz.; pero la palma en cuanto a audición se la lleva el oído felino, este está tan afinado que quintuplica al oído del ser humano, 100.000 Hz. Los pájaros, por su parte, llevan tan mal las vibraciones que muchos fallecen de ataque al corazón. Con estos datos, podemos hacernos una idea del daño que hace la pirotecnia a los animales.

A consecuencia de ello, tanto nuestras mascotas, como los animales que habitan nuestro municipio, padecen durante la noche de San Juan taquicardias, palpitaciones, náuseas, temblores, aturdimiento, pánico, pero sobretodo… miedo a morir.

En el caso de aquellos animales que viven en las calles, estos insufribles sonidos se acentúan muchísimo más, sin las paredes de un piso que los atenúe y sin que puedan encontrar un lugar donde refugiarse, por lo que muchos de ellos también fallecen debido a ataques cardiacos.

Por suerte hay pueblos como Corbera de Llobregat (Barcelona) que han prohibido la pirotecnia en el interior del municipio. Lamentablemente, no todos son igual de sensibles a un problema que afecta de manera directa a colectivos tan vulnerables. Es el caso de Montornès del vallès, también en Barcelona, donde se está barajando la posibilidad de lanzar el castillo de fuegos artificiales de la fiesta mayor de este año desde el interior de una colonia felina.

Increíble, pero cierto, ya que además se da la circunstancia de que se trata de una colonia controlada. Algo que, de llevarse finalmente a cabo —como se prevé que sucederá— sería un caso penalizado de maltrato animal, que obligaría a las entidades animalistas a tomar cartas en el asunto. Es por ello por lo que se ha abierto una petición de firmas, en la que pedimos la colaboración de todos.

Casualmente, desde la protectora de animales Amics per Sempre, días antes de darse a conocer esta absurda y cruel decisión por parte del Ayuntamiento de Montornès del Vallès, se solicitó que se prohibiera la pirotecnia en colonias controladas y espacios pipican. La sucinta respuesta por parte de los responsables fue que se aconsejaría en las redes sociales.

Termino este artículo con una reflexión personal. Cada vez estoy más convencido de que lo que hemos sufrido a consecuencia de la pandemia nos ha llevado a todos a una mayor sensibilización y a una voluntad de aunar esfuerzos en pos del bien común. Sin embargo, esto no es así en todos los casos. Falta una parte primordial, una mayor concienciación de las necesidades reales de sus ciudadanos y del momento en que nos encontramos por parte de nuestras instituciones.

Si queremos que nuestras fiestas sean las fiestas de todos, en las que todo el mundo disfrute, no podemos olvidarnos de esa gran parte de la población que sufrirá los efectos psicológicos de los petardos, así como de las mascotas y de los animales que también son parte del municipio.

Celebraciones de fiestas estivales y de San Juan con hogueras y cocas, pero sin petardos. No estaría de más que ese dinero se destinase a fines sociales, ayudando así a todas aquellas personas en situación de precariedad como consecuencia de la pandemia.

En la celebración de las fiestas deberíamos disfrutar todos, porque no solo unos pocos, sino todos y cada uno de nosotros formamos parte del mismo pueblo.

Para quien desee acompañar la lectura de este articulo con la música que sonaba de fondo mientras lo escribía, os dejo a continuación el enlace: