Safia El Aaddam: “De pequeña reniegas de tus raíces para no sufrir tanto rechazo, pero lo sufres igual”

La activista antirracista publica la novela 'Hija de inmigrantes': “Los partidos que no son extrema derecha participan pasivamente del racismo”.
Safia El Addaam
Safia El Addaam
CEDIDA

Safia El Aaddam nació en Tarragona hace casi 27 años. Al cumplir 18, se enteró de que, a diferencia de sus amigos y compañeros de clase, ella no podría votar en unas elecciones en España, por mucho que llevara toda su vida en el país. Había heredado el estatus de extranjera de sus padres, nacidos en Marruecos y llegados a Cataluña hace ahora 40 años. Safia entonces empezó los trámites para conseguir la nacionalidad española, sin la cual no podría votar, ni presentarse a unas oposiciones, entre otras cosas. Todavía hoy Safia no tiene el DNI español en sus manos, pero anuncia aliviada que está “en los trámites finales”. “Me ha costado unos cuantos años, la salud mental, y un pastizal”, reconoce.

Durante esa larga espera, El Aaddam no ha tenido derecho a voto, pero sí mucha voz. En redes se hizo muy conocida con el sobrenombre de ‘Hija de inmigrantes’, desde donde cuenta y denuncia, sin filtros, lo que supone la vida bajo esa etiqueta. En 2019 creó las campañas ‘Te cedo mi voto’ y ‘Votar es un privilegio’, por las que puso en contacto a personas residentes sin derecho a voto con españoles abstencionistas dispuestos a ceder el suyo. Una pequeña manera de hackear el sistema.

Ahora, Safia El Aaddam recupera el nombre de su perfil en Instagram para su primera novela, Hija de inmigrantes (Nube de Tinta). Hoy ya no es una etiqueta más, sino algo de lo que se ha reapropiado y resignificado.

‘Hija de inmigrantes’ ha pasado de ser tu apodo en redes a ser el título de tu primer libro. ¿Por qué la elección de este nombre algo genérico?

Desde muy pequeña me di cuenta de que se me había puesto la etiqueta de ‘emigrante’ sin yo haber migrado nunca, porque había nacido en este país. Al mismo tiempo, no era española, en primer lugar porque no tenía la nacionalidad, en segundo lugar porque no era visiblemente, aparentemente, española. Vi que tenía esa etiqueta de hija de inmigrantes porque había heredado la condición migrante de mis padres, el estatus legal y el racismo social.

“El racismo institucional puede llegar a matar”

Hablas, por un lado, de racismo social y, por otro lado, de racismo institucional.

Totalmente. Ambos van de la mano. Del racismo estructural e institucional depende tu vida, a veces del social también, pero a nivel de situación regular, derechos, etcétera… El racismo institucional puede llegar a matar.

Hace un tiempo se hizo muy viral una publicación que le dedicaste a tu madre cuando te graduaste en la Universidad. También a ella le dedicas el libro. ¿Qué supone la figura materna en tu historia, que de algún modo también es la historia de Lunja, protagonista de tu novela?

La figura de la madre es importantísima para nosotras, las hijas de inmigrantes. En casa, hemos visto y hemos heredado esa fortaleza que las caracteriza, por haber abandonado un país, irse a otro con una lengua totalmente distinta, con niños, enfrentando todas las adversidades para sacar adelante a su familia. Al mismo tiempo, fuera de casa nos hacen creer que nuestras madres son infantiles, débiles, que no saben nada, que visten de manera ridícula. Hay una relación de apreciación de la hija a la madre. También hacemos de guías, por eso en la portada la madre sale con los ojos cerrados y la hija la mira a los ojos. De alguna manera, ellas se han dejado llevar por nosotras, sobre todo en las instituciones que las violentan, que las infantilizan, que no las tratan como las deben tratar.

Safia El Addaam (d) y su madre (i) reproducen la imagen de la portada de 'Hija de inmigrantes' (Nube de Tinta).
Safia El Addaam (d) y su madre (i) reproducen la imagen de la portada de 'Hija de inmigrantes' (Nube de Tinta).
CEDIDA

Cuentas que esa responsabilidad de “hacer de guías” al final acaba impactando en la salud mental de esos hijos.

Sí. Asumes un rol y unas responsabilidades, y cargas con una mochila que no te corresponde a una temprana edad, entonces vas acumulando estresores, los tuyos y los de tus padres, además de la migración, el duelo migratorio, el estrés constante por el miedo a las instituciones. Con 10 o 12 años, no estás preparada para gestionar todo eso. Como niña, estás para otras cosas, no para acompañar a tus padres a Servicios Sociales a hacer de intérprete de situaciones muy complejas, siendo consciente de la violencia que están ejerciendo sobre tus padres desde Servicios Sociales, Sanidad o cualquier ámbito.

“En tu adultez, te ves como esa niña indefensa, con tus padres que no saben hablar el idioma, ante unas instituciones que los violentan y maltratan”

¿Cuándo te das cuenta de que tú no deberías estar ahí –o haber estado ahí–, teniendo que soportar esa carga?

Te das cuenta ya pasado el tiempo, en momentos en los que tienes que hacer papeleo o dirigirte a alguna institución, y entonces te aparece una ansiedad que no es ni medio normal, y dices: algo no está bien aquí. Te das cuenta de que esto tiene origen en las instituciones, en que has estado presente en momentos que no debías, y eso te genera recuerdos violentos que no se han almacenado correctamente. En tu adultez, te ves como esa niña indefensa, con tus padres que no saben hablar el idioma, ante unas instituciones que los violentan y maltratan.

¿Es algo que todavía te ocurre a día de hoy?

He ido a terapia y lo estoy trabajando ahí, pero sé de muchísimas hijas e hijos de inmigrantes que también sienten este tipo de ansiedad, de cansancio y de estrés a la hora de hacer cualquier trámite o incluso de leer cualquier carta, básicamente porque a una edad muy temprana tenías esa responsabilidad de tener que solucionar esa carta o ese trámite que tenían que hacer tus padres porque, si no, podías acabar perfectamente en la calle. De ello dependía la estabilidad de tus padres y tuya, de alguna manera. Es algo que afecta muchísimo.

Tu familia llegó hace más de 30 años a España. ¿Ellos todavía no tienen la nacionalidad?

No. Y eso supone que cada cierto tiempo les toca revivir el racismo institucional. Ahora lo vemos con las citas de Extranjería; es imposible coger una cita, hay personas que no pueden renovar su NIE [Número de Identidad de Extranjero] a las que se les bloquea el dinero en la cuenta bancaria, se les despide del trabajo, no pueden conseguir trabajo, o no pueden conseguir una beca porque no pueden acceder a una cita, que es un derecho básico y fundamental. Con el DNI, esto no pasa, pero con las citas de Extranjería es imposible conseguir una, de ahí que se generen todas estas mafias que luego las revenden y demás.

“Cuando el hijo del moro habla amazigh y castellano se entiende que no está lo bastante integrado. Cuando el hijo de un francés habla francés y español, es un auténtico mérito”

¿Hay extranjeros de primera y de segunda?

Sí, sí, sí. A las personas africanas y racializadas extranjeras se les exige aún más; cuando los extranjeros se parecen a nosotros, no se les exige tanto.

En un momento de tu vida, tu condición de hija de inmigrantes te llevó incluso a renegar de tus orígenes amazigh [etnia del norte de África, también conocida como ‘bereber’].

Sí. Nos pasa a muchas migrantes e hijas de inmigrantes, también a Lunja [protagonista de su novela]. Fuera de casa vives una violencia hacia tu cultura y hacia tu lengua materna. Por ejemplo, cuando el hijo de un francés habla francés y español es un auténtico mérito; cuando el hijo del moro habla amazigh y castellano se entiende que no está lo bastante integrado, que no debería hablar amazigh. Entonces surge lo que se conoce como asimilación cultural: intentas renegar de tus raíces y acercarte lo máximo posible a la cultura de este país para no sufrir tanto rechazo y tanta violencia. Pero spoiler: lo vas a sufrir igual, porque no se te puede cambiar el color de piel ni nada.

Ahora mismo tengo primas que tienen niños pequeños. Ellas les hablan castellano en casa para que sepan hablarlo perfectamente, cosa que evidentemente van a hacer tarde o temprano en el colegio. Lo hacen para que sus hijos no vivan el rechazo que nosotras hemos sufrido por conocer otra lengua, que en realidad es una riqueza enorme. Hay gente que cree que, para proteger a sus hijos, lo mejor es la asimilación.

¿El hecho de ser de etnia amazigh añade una capa más de invisibilización?

Totalmente. Somos un pueblo indígena del norte de África; todo lo que tenga que ver con la cultura o la lengua indígenas se considera inferior a la oficial [árabe], y también se te invisibiliza dentro de la comunidad.

“La primera violencia que sufrimos las hijas de migrantes es en el colegio”

El libro comienza con una escena en la que Lunja, en su primer día de colegio, se siente triste y confundida porque nadie sabe pronunciar su nombre. ¿En el colegio también se perpetúa la discriminación contra migrantes e hijos de migrantes?

Claro, las primeras violencias y discriminaciones que sufrimos las hijas de migrantes y las personas racializadas son en el colegio. Antes de ir al colegio, cuando eres pequeña, en casa te sientes protegida y cuidada por tu familia, o al menos así es como debe ser. Pero cuando empiezas a ir al colegio, empiezas a tener contacto con personas que no son de tu cultura, y te hacen notar las diferencias. Estructuralmente, el sistema es racista, entonces la educación también es racista, y el profesorado es racista, pero porque estructuralmente es así; no hay conocimiento de otras realidades, y en el colegio se sufren episodios que pueden llegar a ser bastante violentos.

En los años 90 era cuando España empezaba a recibir población migrante de forma más significativa, pero ahora, 30 años después, ¿esto sigue ocurriendo?

De diferente manera, pero sigue ocurriendo, sí. Por ejemplo, seguimos sin ver a profesores y profesoras racializadas, precisamente por todas las dificultades que han tenido esas personas, que no han podido acceder en igualdad de condiciones a carreras universitarias, educación, etcétera. Y luego, también en cuanto a documentación. Si no puedes acceder a la documentación española, no puedes ser funcionaria.

“Los partidos que no son extrema derecha participan pasivamente del racismo”

¿Cómo ha afectado el auge de la extrema derecha en España a la población de origen migrante, e incluso a la forma de hacer activismo antirracista?

Ha afectado, porque han ido con el discurso del miedo y de la alerta. Pero lo que también ha afectado es el silencio de los otros partidos que no son la extrema derecha, al no combatir ni hacer lo que su partido dice, que se supone que es luchar por los derechos humanos. Esto afecta. Afecta el tokenismo, coger a una persona racializada sólo para colorear tu partido sin plantear medidas en contra del racismo. Los partidos políticos que no son extrema derecha también están participando pasivamente en este auge de rechazo y de racismo.