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05/02/2021 15:52 CET | Actualizado 05/02/2021 15:52 CET

Francisco Umbral: El hombre que fue su propio libro

La película, con estructura episódica, que se abre paso a través del hermetismo vital del escritor.

Quim Llenas via Getty Images
Francisco Umbral.

A pesar de que 2020 fue un año para olvidar, el cine español vivió uno de los momentos más creativos de su historia en términos de producción documental. Películas intimistas, políticas y sociales se unieron a las propuestas más vanguardistas y artísticas jamás observadas en tal cantidad y calidad.

Entre los documentales nacidos en el año de la pandemia destaca Anatomía de un Dandy, dirigido por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, un repaso a la vida y figura del poeta y novelista Francisco Umbral.

La película, con estructura episódica, se abre paso a través del hermetismo vital de Umbral, quien se solazó en vida pensando que su pasado y sus raíces quedarían sepultados por su personalidad. Hijo no reconocido de un padre ausente, su madre fue quien se encargó de sembrar con literatura la mente del joven Umbral, llamado por aquel entonces Francisco Alejandro Pérez Martínez. A esta afición, que pronto mutó en modo de vida, se encomendó día y noche, escribiendo en la máquina del banco donde trabajaba como cajero. Fue allí, en su Valladolid natal, donde Miguel Delibes descubrió en Umbral un talento insospechado, recomendándole que siguiera su camino en la capital.

Llegado a Madrid, con muchos sueños y sin blanca, comenzó a escribir en todos los medios que le fue posible, haciéndose pronto un nombre entre los asistentes al Café Gijón. De nuevo, la providencia llamó a su puerta cuando otro genio de la literatura española, Camilo José Cela, se fijó en aquel poeta rubicundo que no bebía alcohol. Convertido en periodista, los libros y los artículos desfilaron por su Olivetti como la pólvora, llegando a la inabarcable cifra de 135.000 artículos y ciento diez libros a lo largo de sus casi cincuenta años de profesión.

A pesar de la sencillez del planteamiento del documental, Anatomía de un Dandy emplea un recurso estilístico acertado, al mismo tiempo cercano al autor y alejado de él; mediante la recreación de una entrevista en primera persona, se llega a conocer la figura de Umbral en profundidad, no limitándose a pasar de refilón sobre el periodista a través del tiempo. Gracias a su estructura capitular, cuyas etapas toman el nombre del título más representativo de la producción de Umbral en aquel momento (“La noche que llegué al Café Gijón”, “El hijo de Greta Garbo”, “Mortal y Rosa”, “Diario de un snob” o “Los placeres y los días”), conocemos al Umbral niño, al joven ambicioso, al padre descorazonado, al marido ligero y al hombre enfermo.

El millón de lectores que día tras día seguía las andanzas nocturnas de Umbral poco a poco fue desplazando su atención.

Con la participación de Manuel Vicent, Ángel Antonio Herrera, Bénédicte Buron-Brun, Raúl del Pozo, Rosa Montero, Manuel Jabois, Pedro J. Ramírez, Juan Cruz, Fanny Rubio, David Cistau, Antonio Lucas y la magnífica locución de Aitana Sánchez-Gijón nos adentramos en la vida de Umbral desde sus comienzos, cuando se sentía aquel niño que miraba desde lejos la fiesta que, más tarde, se convertiría en “un quinqui vestido de Pierre Cardin”.

También se rastrean los orígenes paternos de Umbral, quien tan celosamente cuidó de su salvaguarda, contemplando de cerca el dolor de un niño rechazado por su padre, enfermo en una casa que le era ajena y que le dio la profunda sensación de soledad y desarraigo que le acompañó de por vida.

Y así llegamos a 1959, año en que se casa con María España, la fotógrafa que supo retratarle y comprenderle como nadie. Con ella tuvo su único hijo, quien no solo contribuyó a que su escritura fuera nueva y enriquecida, sino que abrió en él unos horizontes emocionales que más tarde la fatalidad cerraría irremediablemente.

Pero también nos aproxima al Umbral más cáustico, el sibilino y mordiente al que todos temían. Así se forjó su propio mito, el de aquel snob introducido a hurtadillas en la noche capitalina, capaz de seccionar el honor aristocrático mientras se imbuía en los ardores de la movida madrileña. Por sus “negritas” desfilaba la crème de la crème de la sociedad del momento, aquellos que temían aparecer en su columna y, al mismo tiempo, pasar inadvertidos ante los ojos del escritor.

El Umbral que todos conocieron fue distanciándose hasta convertirse en “un ser de lejanías”.

El millón de lectores que día tras día seguía las andanzas nocturnas de Umbral poco a poco fue desplazando su atención, conforme el propio periodista mutaba en el personaje que había creado. Egomaníaco y siempre ácrata, su tendencia al alejamiento fue aislándole, haciendo que pronto se cansara de la “mundanidad” y del “vacío del éxito”.

Aterrado por la vejez y sus estragos, y aquejado de la enfermedad de Parkinson, el Umbral que todos conocieron fue distanciándose hasta convertirse en “un ser de lejanías”. De todo ello y mucho más reflexiona Anatomía de un Dandy, película candidata al Goya a Mejor película documental convertida ya en imprescindible. 

Y es que este documental es, a la postre, la aproximación a la vida de un autor que, a pesar de sus denodados esfuerzos por ocultarlo, intuimos más cercano a la humanidad de lo que jamás pretendió estar.

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