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27/04/2021 07:10 CEST | Actualizado 27/04/2021 07:10 CEST

George Floyd y el arco del universo moral: racismo y violencia en Estados Unidos

El miedo a la población de color causado por los prejuicios y la mala conciencia no ha desaparecido.

Erik McGregor via Getty Images
Un grupo de personas sostiene una pancarta que dice "dejar de matar en las personas negras" en una vigilia en Manhattan en honor a George Floyd.

En Estados Unidos se sigue hablando del juicio del policía Derek Chauvin, que ha sido declarado culpable del asesinato de George Floyd, a quien mantuvo aplastado boca abajo contra el pavimento con las manos esposadas a la espalda, mientras le oprimía el cuello con su rodilla durante nueve minutos y veintinueve segundos, asfixiándole. Este dramático episodio, que grabó en su teléfono una chica de 17 años, se ha convertido en el emblema del movimiento Black Lives Matter (las vidas de los negros importan), que la extrema derecha ha calificado de radical. 

Sin duda es radical exigir que se trate con el mismo respeto y deferencia a los negros que a los blancos en un país en el que nunca ha habido verdadera igualdad racial. Que en el año 2021 se considere totalmente revolucionario que un policía blanco que ha matado a un ciudadano negro sin ninguna razón aparente y con manifiesta crueldad sea condenado por asesinato da una idea de la magnitud de los problemas, cuyas raíces se hunden en la historia de EEUU, marcada por el racismo y la violencia desde sus comienzos.

A las personas de otros países siempre les llama mucho la atención la enorme cantidad de armas de fuego que hay en EEUU, donde comprar pistolas y rifles es muy fácil. Se pueden adquirir sin ningún problema no solamente en tiendas especializadas, sino también en grandes almacenes o por internet. Aunque en estos momentos sus compradores incluyen personas de todas las razas, el grupo étnico más adicto a las armas de fuego es el de los blancos, entre los que la posesión de estas viene de antiguo y está relacionada con la esclavitud y el colonialismo. 

Los blancos sureños consideraban necesario el derecho a tener armas de fuego para mantener control sobre los negros

Los blancos sureños consideraban necesario el derecho a tener armas de fuego para mantener control sobre los negros a nivel individual o mediante milicias informales o slave patrols, patrullas que se dedicaban a perseguir a los esclavos que se habían escapado o a impedir rebeliones de estos mediante la intimidación. A los blancos norteños este derecho no les parecía mal ya que, al fin y al cabo, la riqueza del país estaba basada no solamente en la esclavitud sino también en el colonialismo. Recuérdese que los anglosajones se habían apoderado de las tierras de los indios y que más adelante acabaron tomando también las tierras de los hispanos. Estos grupos étnicos despojados y subordinados se veían como potencialmente peligrosos para los blancos, a quienes el acceso a armas de fuego, negado a la población de color, les daba sensación de seguridad.      

El miedo a la población de color causado por los prejuicios y la mala conciencia no ha desaparecido. Ahora que todos los ciudadanos, y no solamente los blancos, tienen acceso a armas de fuego, en cierto modo se ha agravado. 

Durante toda su historia, la policía ha tratado a los miembros de las minorías étnicas con sospecha, deteniéndolos constantemente con pretextos frívolos.  Cuando un agente se enfrenta a un negro, a un hispano u a otro ciudadano de tez oscura, los nervios y el racismo pueden hacerle apretar el gatillo precipitadamente. Es sabido que una de las cosas más peligrosas que pueden hacer los varones de tez oscura es conducir un coche, ya que la policía los para con mucha más frecuencia que a los blancos. Y bastantes de estas paradas acaban en muertes injustificadas. Driving while black or brown (“conducir siendo negro o pardo”) puede llevar a uno a la tumba.

Los adolescentes de las minorías étnicas, muy especialmente los negros, suelen ser aleccionados por sus padres sobre este punto al aproximarse a la edad adulta. El propósito de the talk (“la charla”) es enseñar a los chicos a minimizar el peligro. Se les dice que, si les para la policía, aparquen en el acto y no salgan del coche ni hagan movimientos bruscos, que mantengan las manos en el volante a la vista de los agentes en todo momento, que no las metan en los bolsillos ni abran la guantera, que hablen lo menos posible y de manera ostensiblemente respetuosa, que no se quejen del tratamiento recibido por muy abusivo que sea. A los adolescentes blancos sus padres no tienen que hacerles estas advertencias, ya que no corren peligro de sufrir acoso policial.   

La impunidad con la que la policía ha matado a negros, a hispanos y a otros ciudadanos de tez oscura durante toda la historia de EEUU parece haberse quebrado con el veredicto del juicio por la muerte de Floyd. Ver a Chauvin salir esposado del juzgado camino de la cárcel fue impactante. También fue impactante que, inmediatamente a continuación, el Ministerio de Justicia anunciase una investigación de la policía de Minnesota para analizar sus modelos de conducta y determinar los pasos a seguir para luchar contra el racismo sistémico. Hay esperanza de que en Minnesota y en el resto del país haya cambios profundos.

Martin Luther King dijo una vez que el arco del universo moral era largo, pero se inclinaba hacia la justicia. Quizás lo que estamos presenciando ahora sea el comienzo de esa ansiada inclinación.     

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