INTERNACIONAL
08/10/2019 21:40 CEST

Hacia el precipicio: la última fase de la negociación del Brexit, a un paso de colapsar

El enésimo giro de guión de Johnson ya no hay por dónde cogerlo y parece imposible evitar un divorcio con la UE "a las bravas".

El HuffPost
Boris Johnson, al borde del precipicio por su gestión del Brexit

Si la historia del Brexit fuera un guión de cine, ya no se sabría si la película es un drama, una comedia barata o un thriller. A poco más de 20 días para el peor desenlace -el de un divorcio a las bravas entre Reino Unido y la UE - el enésimo giro de guión dado por el premier británico ya no hay por dónde cogerlo. Esto es culpa de llámese la cabezonería de Boris Johnson o llámese la locura de los que le rodean y que más le influyen, entre los que destaca uno por encima del resto: Dominic Cummings.

Puede que su nombre sea poco o nada conocido, pero tendría que estar copando titulares día sí y día también, ya que es el principal asesor de Johnson y que lo sea dice todo de su estrategia en esta guerra contra la UE. Cummings no es otro que el revolucionario estratega que ha logrado que se cuente en una película cómo engatusó y engañó a la sociedad británica durante la campaña de 2016. Fue él quien convenció a la ciudadanía de que “recuperaría el control” dando un portazo a la UE. Fue él también quien se inventó aquel argumento plasmado en un autobús de que la salida de la UE reportaría 350 millones de libras semanales a invertir en el sistema de sanidad pública. 

REUTERS
Una de las pocas imágenes que hay de Cummings y Johnson juntos

Si bien Johnson fue el rostro de la campaña oficial “Vote Leave”, a Cummings se le atribuye un papel decisivo entre bastidores. Poco conocido del público en general, este estratega insistió en una campaña en los medios basada en datos, cifras, apelando al bolsillo, en lugar de la tradicional campaña electoral. Sus tácticas han sido objeto de un intenso escrutinio desde el referéndum, en particular el uso de eslóganes engañosos y anuncios políticos a medida de los usuarios de las redes sociales.

Las auténticas reglas del juego

Ahora es él a quien los medios británicos atribuyen la carta publicada por The Spectator en la que se revela la estrategia encarnizada de Downing Street para lograr la victoria final en su batalla contra la UE y el Parlamento británico a cuentas del Brexit. Que Bruselas haya conocido los auténticos planes de Reino Unido es gracias a que el editor político de este medio, James Forsyth, ha publicado dicha carta sobre el estado de la cuestión. Según ha explicado él mismo, recibió un mensaje de un “contacto del 10 [de Downing Street]”. Este oficial del Gobierno admitía a Forsyth –quien trabaja con la esposa de Cummings, Mary Wakefield, en el diario The Spectator– que las conversaciones en Bruselas probablemente acabarían esta semana. De poco ha servido, por ejemplo, la reunión que el líder conservador ha tenido hoy mismo en Londres con el presidente del Europarlamento, el italiano David Sassoli. Formalismo.

Para comprender lo crítico de la situación, un poco de contexto. Johnson tiene que, sí o sí, enviar una carta a Bruselas con la petición de una nueva prórroga. Aunque ni de lejos entra en sus planes hacerlo y dice abiertamente que busca cómo no dar ese paso, el primer ministro británico está obligado a pedirla por la llamada Ley Benn, aprobada por mayoría parlamentaria en Westminster. Aunque de cara a la galería dice que acatará la ley y solicitará la prórroga, la carta publicada revela su lado más oscuro y turbio de la mano de la marca de la casa Cummings. 

Los que respalden la prórroga, pasarán a ser los últimos de la fila. Apoyar esa nueva prórroga será considerado por este Gobierno como una injerencia hostil en nuestra política interna

“Dejaremos muy claro, en público y en privado, que los países que tomen posición en contra de una nueva prórroga serán los primeros en la fila para una cooperación futura [con el Reino Unido], cooperación en asuntos fuera o dentro del margen de competencias de la UE. Los que respalden la prórroga, pasarán a ser los últimos de la fila. Apoyar esa nueva prórroga será considerado por este Gobierno como una injerencia hostil en nuestra política interna, y más de la mitad del electorado estará de acuerdo con nosotros”·, sentencia el texto. 

Pero hay más. Dado que a Cummings nunca le ha importado jugar con fuego y que el Gobierno terminará solicitando al prórroga a la UE, qué mejor manera de hacerlo que amenazando sin tapujos: “Estableceremos claramente que este Gobierno no seguirá negociando, con lo que cualquier prórroga será inútil. Se piensan que si nos dan más tiempo seguiremos presentando nuevas propuestas. No será así. O nos vamos el 31 de octubre sin un acuerdo, o habrá nuevas elecciones y nos iremos definitivamente sin acuerdo”, escriben.

Estableceremos claramente que este Gobierno no seguirá negociando, con lo que cualquier prórroga será inútil

Por si todo esto fuera poco, en la misma línea que la carta, la BBC, citando fuentes gubernamentales, publica cómo el Gobierno británico se prepara para una ruptura esta misma semana de las conversaciones con la Unión Europea sobre el Brexit. De acuerdo con esas fuentes, el bloque europeo no ha mostrado interés en “ceder un centímetro” en las conversaciones desde que el conservador Johnson entregó la semana pasada a Bruselas sus nuevas propuestas para alcanzar un pacto.

Lejos de quedarse callada y ante lo evidente de los hechos -la nula disposición del Gobierno de Johnson a negociar realmente- la UE ha estallado. “Lo que está en juego no es ganar un estúpido juego de echar la culpa. En juego está el futuro de Europa y del Reino Unido así como la seguridad y los intereses de nuestra gente. No quieres un acuerdo, no quieres una extensión (de las negociaciones), no quieres revocarlo, ’¿quo vadis?”. Palabra de un enfadadísimo presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, vía Twitter, que ha tirado del latín para preguntarse a dónde va (o a dónde pretende ir) el premier británico. 

Y mientras unos y otros se cruzan acusaciones, el reloj sigue contando. Faltan exactamente 23 días para ese 31 de octubre que unos ansían (los de Johnson) y otros temen (los que no quieren un Brexit a las bravas). Por eso, pese a todo, la Comisión Europea asegura que las negociaciones a nivel técnico con Reino Unido no se han roto. “Continúan, así que no veo cómo podrían haberse roto si están teniendo lugar hoy mismo y seguirán en los próximos días”, ha dicho la portavoz del Ejecutivo comunitario, Mina Andreeva, quien ha añadido que el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, informará el próximo miércoles al resto de comisarios del estado de las conversaciones. 

La UE sigue trabajando bajo la premisa de que Reino Unido saldrá el 31 de octubre, dado que así lo ha “reiterado el primer ministro británico”. Bruselas rechaza además que quiera “torpedear el acuerdo del Viernes Santo”, el proceso de paz acordado en Irlanda del Norte, con su negativa a aceptar las propuestas de Johnson, tal y como afirman este martes fuentes oficiales de Downing Street. “Bajo ninguna circunstancia aceptaremos la idea de que la UE quiere dañar el Acuerdo del Viernes Santo. El propósito de nuestro trabajo es protegerlo en todas sus dimensiones y en todo momento”, ha sentenciado Andreeva.

La UE, firme

La portavoz se hacía eco así de otro apunte importante de la carta publicada en The Spectator. En la misiva se asegura que el primer ministro irlandés, Leo Varadkar “no quiere negociar” con el Gobierno de Johnson alineándose con la UE. 

Así, en el texto se recoge cómo Varadkar se había “retractado de sus palabras”, atacando los planes del Gobierno británico en lugar de modular la postura de la UE como respuesta a los movimientos británicos sobre una misma zona de regulación para las mercancías en toda Irlanda. Es más, acusan al político irlándes de especular con un segundo referéndum y de estar presionando al negociador jefe de la UE, Michel Barnier. “Al final de esta semana podrían decir: ‘Vale, hagamos sólo un backstop en Irlanda del Norte con un tiempo límite’, que es lo que varios actores políticos insinuaban, ’luego diremos que no y probablemente eso será el final”, escribió la fuente de Forsyth de Downing Street.

Esta mañana mismo, tras una conversación entre Johnson y la canciller alemana, Angela Merkel, Londres ha dicho literalmente que ve “esencialmente imposible” llegar a un acuerdo con Bruselas, según ha indicado una fuente gubernamental a agencias como Reuters y ha confirmado la BBC. La jefa del Gobierno de Alemania ha advertido de que la posibilidad de que la UE acepte las propuestas presentadas la semana pasada por Londres es “abrumadoramente improbable”. Por ese lado, callejón sin salida. 

Y hoy ha habido otro intento de acercamiento Bruselas-Londres, pero ha acabado en mera diplomacia: el premier ha recibido en su residencia al presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, pero no ha habido avance alguno. El italiano ha sido claro: “Vine aquí con la esperanza confiada de escuchar propuestas que puedan llevar adelante las negociaciones. Sin embargo, debo señalar que no ha habido progresos”, ha indicado en un comunicado. “Siempre lucharemos para proteger los derechos de los ciudadanos y el proceso de paz en Irlanda del Norte”, añade.

Mientras unos y otros se sacan los trapos sucios el tiempo corre en contra, sin entender de bandos. Lo irónico es que, tres años después del referéndum, los protagonistas han vuelto a ser los mismos. Johnson y Cummings tienen, de nuevo, el futuro de su país en sus manos. Lo que la gran mayoría pide es lo mismo de siempre, simplemente transparencia y giros de guión acordes al que debería de ser su fin último: lo mejor para ambas partes. Como en todo divorcio, ya se ha causado suficiente dolor.

Y mientras, la libra...

La probabilidad cada vez mayor de que Reino Unido termine saliendo de la Unión Europea (UE) sin un acuerdo ha hecho mella en la libra esterlina, que perdía esta mañana un 0,50% de su valor frente al euro al cierre de los mercados.

La divisa británica, según informa EFE, ha seguido durante la jornada una tendencia a la baja, influida por la inquietud desatada en este país a raíz de una conversación telefónica mantenida esta misma mañana entre el primer ministro, Boris Johnson, y la canciller alemana, Angela Merkel.

Al cierre de los mercados, sobre las 18.00 horas, la libra caía un 0,50% frente al euro hasta cotizar a 1,1149 euros y retrocedía asimismo, un 0,74%, frente al dólar norteamericano, al cambiarse por 1,2200 dólares.

Además de la caída de la libra, un análisis elaborado por el Instituto de Estudios Fiscales (IFS, en inglés) apuntó hoy a que una separación brusca entre Londres y Bruselas, y aún una “relativamente benigna”, podría empujar la deuda del Reino Unido a los niveles más altos desde los pasados años sesenta.

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