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14/07/2019 09:35 CEST | Actualizado 14/07/2019 09:35 CEST

¿Hay diferencia entre el sexo y el género?

Ojalá nuestro idioma fuera como el euskera, que no tiene género, o como cualquiera de los que tienen un género neutro.

funky-data via Getty Images

El consenso general ya admite que el género es una construcción social o, en otras palabras, que se produce y reproduce culturalmente. No es igual el género en diferentes culturas ni en diferentes momentos en el tiempo.

Pero, ¿es el sexo algo biológico? ¿Realmente existen hombres y mujeres biológicamente hablando?

Partamos desde el principio. Al nacer, un médico dice las palabras: “Enhorabuena, ¡es una niña!”.

Entonces, si lo dice un doctor debe ser que eso es el sexo biológico, algo incontestable. Pero la realidad es que esa etiqueta se pone bajo ciertos estándares.

Si tenemos un grupo de bebés y tenemos que decidir cuáles son niños y cuáles niñas habrá que poner unas medidas que serán las que se usen para clasificar. Podemos medir las hormonas, los cromosomas, las gónadas, el tamaño del clítoris/pene o cualquier elemento que se nos ocurra. Después tendremos que poner un límite y decidir. Por ejemplo: si el nivel de testosterona es más alto de X es niño, si el clítoris/pene es más corto que Y es niña. Y siempre habrá casos intermedios, uses la medida que uses.

La regla moral heterocoital: un pene solo se puede considerar válido si puede penetrar una vagina y una vagina si puede ser penetrada por un pene.

Incluso podríamos decidir que hay tres sexos y poner dos límites, con lo cual dejaríamos de vivir en un binarismo. Y al igual que digo tres podríamos decidir 5, 10 o 27.

Pero aún más importante que esos límites, es la moralidad existente detrás de la regla que se use. Para etiquetar un niño no es lo mismo considerar que sólo puede ser hombre si tiene un pene que vaya a ser capaz de penetrar una vagina a considerar su capacidad de generar espermatozoides. O simplemente mirar los cromosomas XY. Dependiendo qué regla uses dejarás hombres que se consideraron hombres al nacer fuera de esa categoría. Y aún así, en todos los casos, vas a encontrarte que no todo es blanco o negro: ¿Cuándo es un pene lo suficientemente grande como para penetrar una vagina? ¿Qué pasa si tienes testículos pero no crean espermatozoides? ¿Qué ocurre con las personas de cromosomas XO, XXY y otras múltiples posibilidades.

La regla moral heterocoital sería la primera: un pene solo se puede considerar válido si puede penetrar una vagina y una vagina si puede ser penetrada por un pene. Y ha sido una regla que muchos médicos han tenido en su mente al decidir si un bebé es niño o niña.

Esta regla tiene sus grises y es en estos grises donde se impone la necesidad de una decisión, teniendo que operar en ciertos casos en donde no se cumplen los estándares esperados. Pero, ¿es necesario decidir? ¿Por qué etiquetar a los bebés con un género que pueden sentir diferente durante su vida? ¿Por qué hacer sufrir a muchas personas por una etiqueta con raíz cultural?

Ojalá nuestro idioma fuera como el euskera, que no tiene género, o como cualquiera de los que tienen un género neutro.

Pero claro, si no etiquetamos ¿qué género usamos para referirnos al bebé? El español establece una barrera cultural que es difícil de tumbar. Y es que el propio idioma es una de las mayores ideologías de género (aprovechando esta expresión que algunos usan tanto últimamente).

Ojalá nuestro idioma fuera como el euskera, que no tiene género, o como cualquiera de los que tienen un género neutro.

Si el castellano permitiera hablar con género neutro y dejáramos de etiquetar a los bebés (un grandísimo e imposible ‘si’), ¿dejaría de existir el género y nadie se identificaría con ninguno de los géneros culturales? ¿Las personas seguirían desarrollando una identidad de género al crecer? ¿O está el género unido completamente al sexo?

 

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