POLÍTICA
22/10/2020 12:36 CEST | Actualizado 22/10/2020 12:52 CEST

La derecha, a cara de perro porque Casado ha resuelto volver a su ser

El líder del PP ofrece uno de sus mejores discursos y se enfrenta a un Abascal aparentemente llorón.

Europa Press News via Getty Images
Pablo Casado, líder del PP, durante su intervención en el Congreso.

Lo que parecía un debate a cara de perro entre las dos fuerzas de la derecha se ha convertido en la bronca entre un tipo que volvía a su ser -de momento- y  Santiago Abascal, un líder aparentemente llorón que ha buscado la compasión del votante que se disputan ambos. “Ser o no ser” era la duda hamletiana de Pablo Casado. Ser de nuevo el líder de la derecha o dejarse arrinconar por su excompañero, Santiago Abascal. Un espectáculo muy de folclórico a la greña.  

El problema es que durante los dos años que lleva presidiendo el Partido Popular ha dado tantos bandazos que su apuesta por el NO a la moción de Vox no sabemos si marca el giro definitivo. Igual las quejas algo llorosas de Santiago Abascal le conmueven. Quizá los “bravoooo” exagerados de su clase -exceptuando al siempre equidistante Carlos Aragonés- y los aplausos por lo bajo e irónicos de Espinosa de los Monteros, le hagan persistir en la posición. 

El regreso de Casado a la Europa conservadora y moderada, capaz de crear un cordón sanitario contra los neofascistas, como en Alemania y Francia, debe analizarse en las próximas semanas junto con su actitud ante la pandemia. La posición de Díaz Ayuso, la increíble presidenta de la Comunidad de Madrid, demostrará si el camino del “rencor, de cenizas y ruina” del que ha acusado a Abascal, marcará la primera pista. ¿Qué harán con las medidas sobre Madrid, bronca o sentido común con las medidas de las otras comunidades autónomas?

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Abascal y Espinosa de los Monteros, durante la intervención de Pablo Casado. 

Pero no hay que restarle méritos. Casado se ha enfrentado a Vox aun a pesar de que el 44% de sus votantes querían que apoyara la moción contra el Gobierno de coalición, según Metroscopia. E incluso con otros datos demoscópicos que apuntaban a que el 80% de los votantes de derechas querían votar a favor de la moción de Abascal, Espinosa de los Monteros y Macarena Olona, aunque en los medios de derechas las encuestas han dado esta mañana un giro hacía el ‘No’. Y su discurso de hoy ha sido el del mejor Pablo Casado.

Es justo mencionar al trío de Vox -Espinosa, Olona y Abascal-, porque tanto ayer como hoy, Santiago Abascal ha demostrado el límite de sus capacidades. Ha tenido que recurrir una y otra vez a las notas, los apuntes, los consejos de Iván Espinosa y de Olona. Es un hecho que estos dos son mucho más seguros en la tribuna que su líder, que sigue sudando y pasándolas moradas pese a sus esfuerzos. 

Quizá han sido ellos los que le han empujado a acentuar el victimismo de que ha hecho gala hoy Santiago Abascal. Después del discurso brutal de ayer, acusando de criminales a los adversarios, hoy ha decidido jugar la baza de adoptar el papel de damnificado y traicionado. Primero antes las mujeres de Podemos -se ha lamentado de sus gritos y amenazas en manifestaciones- y luego ante el discurso de Casado. Solo le ha faltado llorar hablando a su excompañero en el PP. “Ha dado una patada a las esperanzas de que usted y yo nos entendamos”, y se ha marchado de la tribuna, emulando con menos estilo a Aitor Esteban ayer. Una sobreactuación muy meditada dedicada a esos cuatro millones de votantes y a los que esperaba pescar hoy del caladero popular.  

Casado se ha enfrentado a Vox aun a pesar de que el 44% de sus votantes querían que apoyara la moción.

Además del regreso de Casado a su ser, el líder de la oposición, la moción deja algunas conclusiones más. El Gobierno de coalición sale más reforzado en su unidad, y si la semana que viene logra presentar los Presupuestos, puede que acabe la legislatura, deshaciendo las esperanzas de la derecha y los ultras de echarles este noviembre, al año de su elección. Seguirá la pandemia y las muchas dudas sobre la gestión por parte del Ejecutivo; seguirán los problemas con los poderes judiciales y los intentos de desgastar a la monarquía por parte de los ultras con trampas, pero si las ayudas de Europa se concretan, Sánchez e Iglesias puede que aguanten.

Pablo casado no ha resuelto la duda hamletiana, ser o no ser el líder de los conservadores de este país. Apostar ser Merkel o Salvini. No tiene categoría para lo primero y sí muchas debilidades para ser un líder efímero, devorado por la ultraderecha que avanza por Europa, y más deprisa ahora en España.

Pablo Iglesias, protagonista involuntario de la moción como el “macho alfa” con que le arrean Vox y el PP por el ‘caso Dina’ ha intentado defender a su grupo, desgastado lentamente aunque esté en el Gobierno, con su presencia en el estrado. Pero sobre todo, ha utilizado un tono paternalista, de soberbia intelectual -Cánovas y Sagasta al PP y Ciudadanos- que ha terminado por cabrear a los diputados populares. En una cosa tiene razón Iglesias, son unos maleducados. El resto de la clase de Iglesias forma parte de su prepotencia profesoral. 

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