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04/12/2019 03:23 CET | Actualizado 04/12/2019 03:23 CET

La lucha por salvar el planeta está en el ADN del proyecto europeo

Nos jugamos la vida en el planeta tal y como la conocemos.

DKAR Images via Getty Images

Este lunes ha comenzado la cumbre del clima de la ONU, probablemente una de las citas más importantes de los últimos tiempos. Nos jugamos la vida en el planeta tal y como la conocemos. El ritmo de extinción de especies vegetales y animales avanza a ritmos cada vez más acelerados, y pronto el cambio climático amenazará también el hábitat humano. El clima es la preocupación principal de los y las jóvenes en España y en toda Europa, y tienen razón. Es hora de demostrarles que la política sirve, que tiene respuestas, y de demostrar también por qué después de la II Guerra Mundial se crearon las instituciones multilaterales como Naciones Unidas: porque hay problemas que nos afectan a todos los seres humanos, y solo juntos podemos resolverlos. 

Ahora que tantos mandatarios internacionales cuestionan el multilateralismo, empezando por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es el momento de que la Unión Europea asuma su liderazgo en esta lucha por salvar el planeta. Nos corresponde esta tarea por varios motivos: primero, porque la Unión Europea es en sí misma un modelo de cooperación transnacional y de negociación permanente, que demuestra con los hechos que sí es posible trabajar juntos para solucionar problemas comunes. En segundo lugar, porque en la Unión Europea hemos declarado la emergencia climática y llevamos ya varios años adoptando leyes ambiciosas para disminuir nuestras emisiones y cambiar nuestro modelo productivo, algo que se ha convertido en el objetivo prioritario de la nueva Comisión Europea, con un New Green Deal. En tercer lugar, porque fue en París en 2015 cuando se adoptó el acuerdo internacional que debemos comenzar a aplicar en 2020. Allí Europa demostró que puede liderar, y ahora Madrid toma el testigo para intentar aumentar la ambición y concretar las medidas. Y en cuarto lugar, porque el ADN del proyecto europeo es la solidaridad, la igualdad y la justicia, y estos principios deben inspirar nuestras políticas tanto dentro como fuera de la Unión, para las generaciones presentes y las futuras.

La semana pasada el Parlamento Europeo reunido en Estrasburgo declaró la emergencia climática en Europa. Hace unas semanas más de mil científicos y científicas alertaron sobre la urgencia de actuar en un artículo publicado en la revista BioScience. Unos días después, el informe Emission Gap de la ONU advertía de que las emisiones no solamente no se han reducido, sino que han aumentado una media del 1,5% anual en la última década y que ahora debemos apretar el acelerador y reducirlas al menos un 7,6% cada año, de aquí al 2030, para evitar un aumento de la temperaturas superior a 1,5 grados. Porque nos acercamos peligrosamente al punto de no retorno, y eso los jóvenes nunca nos lo perdonarían.

Aunque parezca mentira, todavía hay dirigentes políticos que no reconocen lo que está pasando, que no se creen las evidencias científicas, y que tampoco escuchan a los miles de jóvenes que nos reclaman, con razón, más responsabilidad: porque no tenemos derecho a dejarles sin planeta, o con un planeta sacudido por terribles fenómenos atmosféricos, con grandes zonas sin acceso a agua y sin cultivos, con la biodiversidad mermada y zonas costeras inundadas. Tampoco tenemos derecho a hacer pagar a quienes no han contaminado.

Es el momento de que la Unión Europea asuma su liderazgo en esta lucha por salvar el planeta.

Las investigaciones científicas demuestran que las emisiones de gases de efecto invernadero, que recalientan la atmósfera, están directamente vinculadas a un consumo desenfrenado. Son los países más ricos quienes tienen las emisiones más altas per cápita. Pero son los más pobres los que pagan las consecuencias, causando también grandes flujos migratorios que huyen de la desertización, un fenómeno que ya se conoce como refugiados climáticos. Los países del G20, los 20 países más ricos del mundo, son responsables del 78% de las emisiones y, sin embargo, 15 de esos 20 países no tienen planes para alcanzar cero emisiones netas de carbono.

Uno de los asuntos más importantes que deben discutir estos días los líderes mundiales es cómo desarrollar artículo 6 del Acuerdo de París, un mecanismo internacional que regule los derechos de emisiones. Aquí también la Unión Europea tiene un ejemplo que funciona y que es el instrumento principal de nuestra lucha contra el calentamiento global: se trata del régimen de comercio de derechos de emisión de la UE (ETS por sus siglas en inglés). Lleva funcionando desde el 2005, y es ya el principal mercado de carbono del mundo - representa más de tres cuartas partes del comercio internacional de carbono-.

Además, la Unión Europea ha comenzado la transición a un modelo económico, productivo y de transporte sostenible, que implica mucho más que la reducción de emisiones. En la pasada legislatura la UE adoptó importante legislación para mejorar la eficiencia energética, para no desperdiciar nuestros recursos, pero también para ir sustituyendo las energías fósiles por energías limpias y renovables. También adoptamos un paquete importante para adoptar una Economía Circular, que reutilice y recicle los recursos, que promueva la investigación de materiales degradables - para sustituir por ejemplo el plástico - y el diseño ecológico en toda la cadena de producción, en los edificios, en los medios de transporte, etc...Y el Grupo de los Socialistas y Demócratas ha liderado todos estos informes legislativos en el Parlamento Europeo.

Sin embargo, no es tarea fácil: nos encontramos a menudo con la oposición de los grupos y los gobiernos más conservadores. La Comisión Europea ha presentado una propuesta para alcanzar un balance neto de cero emisiones en 2050, pero los gobiernos de Polonia, Hungría y la República Checa lo han rechazado en el Consejo. En el Parlamento Europeo queremos ser más ambiciosos y ambiciosas, pero necesitamos que la opinión pública de todos los países nos ayude y que hagan cambiar a los líderes que aún niegan el cambio climático. Por eso contamos con ellos y ellas, con jóvenes que están alzando su voz en las calles, en las universidades, en los medios  y también en las instituciones. 

 

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