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23/05/2021 13:28 CEST

La odisea para hallar el verdadero origen de Cristóbal Colón

Hace 20 años, dos investigadores españoles se propusieron revelar los orígenes del navegante. Ahora están más cerca de conseguirlo por medio del ADN.

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Imagen del proceso de investigación de huesos.

Enigma: realidad, suceso o comportamiento que no se alcanzan a comprender, o que difícilmente pueden entenderse o interpretarse. Enigma: (casi) todo lo que rodea a la figura de Cristóbal Colón, almirante del siglo XV considerado el descubridor de América, al llegar el 12 de octubre de 1492 a la isla de Guanahani, en las Bahamas. 

Se sabe que murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506, pero no se puede decir lo mismo sobre su nacimiento. Aunque la teoría más aceptada lo sitúa en la República de Génova, en 1451, prácticamente desde su muerte hay quien cuestiona sus orígenes. Ahora una investigación española que comenzó por “casualidad” pretende resolver este misterio en los próximos cinco meses analizando genéticamente los restos de Colón, de su hijo Hernando y de su hermano Diego. Tampoco el proyecto ha estado exento de enigmas: en 2005 los propios investigadores decidieron paralizar el estudio a la espera de una tecnología de ADN más precisa; 16 años después, lo han retomado y prometen resultados para el 12 de octubre de 2021.

Marcial Castro es el “padre de la idea”, que nació ‘oficialmente’ un 29 de noviembre de 2001, cuando este profesor de Historia organizó una visita con sus alumnos de secundaria al laboratorio del forense José Antonio Lorente, en la Universidad de Granada. La idea llegó a su mente por “casualidad” y “curiosidad”, dice, porque en esa época estaba leyendo mucho sobre ADN antiguo y el origen de la especie humana en África, y tuvo “clarísimo” que eso la genética “era el futuro”.

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Marcial Castro, en el laboratorio de la Universidad de Granada.

Castro, nacido en Autillo de Campos (Palencia) pero en ese momento profesor en Estepa (Sevilla), se buscó la “excusa” de visitar al doctor Lorente con sus alumnos para, una vez allí, proponer al reputado forense la ‘locura’ de embarcarse en una búsqueda del ADN de Cristóbal Colón. Para su sorpresa, Lorente aceptó, pero quizás aún más sorprendente fue que en un año lograron obtener los permisos para extraer los huesos de Colón y de su hijo Hernando de su tumba en la catedral de Sevilla, considerada bien de interés cultural.

Podía haber hecho la investigación en 2003, publicar dónde nació Cristóbal Colón y pasarme años dando conferencias por el mundo, pero no era éticamente aceptableJosé Antonio Lorente, forense

En 2003 los exhumaron y los guardaron junto con los de Diego Colón, hermano del almirante, para analizarlos. Durante dos años, un equipo interdisciplinar de la Universidad de Granada liderado por José Antonio Lorente trató de “exprimir” todo el jugo posible de esos restos, pero enseguida vieron que se les agotaban los recursos y que el zumo no llegaba a llenar el vaso, según recuerda el propio Lorente utilizando este símil tan visual. Era como exprimir una naranja con la mano, sabiendo además que en unos años podrían contar con un exprimidor eléctrico.

“La tecnología de entonces era eficaz, pero no eficiente”, explica Lorente. El equipo decidió parar la misión por una cuestión “ética” y “científica”. “Podía haber hecho la investigación en 2003, publicar dónde nació Cristóbal Colón, y pasarme cinco o seis años dando conferencias por el mundo y viviendo del cuento”, comenta ahora el forense. “Sin embargo, no era éticamente aceptable hacerlo”, aclara.

Cuatro huesecitos del tamaño de una almendra para desvelar el misterio

Han pasado más de tres lustros desde entonces, y Lorente no se arrepiente de haber tomado la decisión de parar, pese a que en el transcurso de ese tiempo ha tenido que aguantar acusaciones de querer ocultar deliberadamente el origen de Colón por intereses oscuros o lucrativos. En realidad, lo que tuvo José Antonio Lorente fue visión.

“El 16 de febrero de 2001 se publicó por primera vez la secuencia completa del genoma humano, y como había muchísimo interés médico y económico para el diagnóstico precoz, para predecir y prevenir las enfermedades, sabíamos que muchísimas empresas del mundo iban a invertir en tecnologías que permitiesen analizar el ADN con mucha rapidez y a un precio asequible”, cuenta. El forense no se equivocaba: La tecnología se ha desarrollado, se ha consolidado y es la que vamos a utilizar ahora. Los huesos se aislaron perfectamente, se preservaron y se han mantenido guardados hasta tener el viento a favor”. 

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José Antonio Lorente, en su laboratorio.

Esos huesos son, en realidad, cuatro fragmentos del tamaño de una almendra en el caso de Cristóbal Colón, siete fragmentos y un diente en el caso de su hijo Hernando, y 12 fragmentos, aunque en peor estado, en el caso del hermano de Cristóbal, Diego.  

Los huesos se aislaron perfectamente, y se han mantenido guardados hasta tener el viento a favor

Este miércoles, 19 de mayo, se ha abierto la sala acorazada de la Universidad de Granada donde se custodiaban estos restos, que serán investigados en las próximas semanas por hasta cinco laboratorios independientes repartidos entre España, Italia y Estados Unidos. “Cuando todos hayamos terminado, nos reuniremos y pondremos las cartas encima de la mesa”, explica Lorente.

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Los restos de la familia Colón, en una sala de la Universidad de Granada antes de ser analizados.

Se estima que los análisis pueden durar alrededor de ocho semanas, pero el veredicto saldrá a la luz el próximo 12 de octubre con un documental y una miniserie coproducidos por Story Producciones y TVE en los que están puestas todas las expectativas.

Tanto el historiador Marcial Castro como el forense José Antonio Lorente piden calma y comprensión de cara a esa fecha. “Soy consciente de las expectativas lógicas que se levantan alrededor del estudio, y eso me supone un estrés enorme”, reconoce Lorente. “Que las cosas salgan bien depende de lo que sepamos y podamos hacer, y esa parte científica está muy controlada, pero luego las cosas pueden salir mejor o peor en función de cómo estén los huesos”, explica.

Si podemos hacer cinco afirmaciones claras y precisas, se van a suscitar cinco preguntas por cada unaMarcial Castro, historiador

El equipo de Lorente trabaja desde hace años con material de características similares —y con resultados satisfactorios— para entrenarse para este “reto”, pero la conclusión dependerá sobre todo de lo que den de sí los restos de la familia Colón, que Lorente describe como “esmeraldas” o “diamantes” por su alto valor. 

La preocupación de Marcial Castro va en otro sentido. “Seguramente este estudio descartará muchas cosas y sugerirá otras, pero por cada afirmación surgirán cinco preguntas”, augura. “Así es como funciona la ciencia. Nunca sabemos lo suficiente, y estoy convencido de que si podemos hacer cinco afirmaciones claras y precisas, se van a suscitar cinco preguntas por cada una, y tendremos 25 líneas de investigación de aquí a un año”, avanza el historiador.

Pero, ¿por qué existen tantas teorías sobre el origen de Colón? 

Hay hipótesis gallega, catalana, valenciana, balear, castellana, navarra, varias italianas y algunas portuguesas, entre otras. Pero curiosamente, los primeros que sembraron la semillita de la duda fueron los italianos, supuestos compatriotas del navegante, ya en el siglo XVI. Marcial Castro explica que el hijo de Colón fue a Génova y no encontró a ningún pariente suyo, pero sí referencias que situaban a la familia en Savona, o en Cogoleto, ambas en el entorno de Génova. 

Colón sí puso una vez por escrito que era genovés, y su hijo Hernando lo corroboró después en su testamento, pero al mismo tiempo abonó aún más la sospecha al afirmar que su padre no quería que se conociera ni su patria ni su origen. 

Colón siempre intentó ocultar sus orígenes, pero sobre todo su origen familiar humilde

Algo que inquieta mucho a los historiadores es que prácticamente sólo se conservan escritos de Colón en castellano, idioma que utilizaba hasta en las cartas que redactaba a su familia, y en las que se reconocen giros lingüísticos que podrían ser lusismos, galleguismos, catalanismos o directamente dejos adquiridos al pasarse media vida navegando de un lugar a otro. 

“Colón siempre intentó ocultar sus orígenes, pero sobre todo su origen familiar humilde, no geográfico”, sostiene Marcial Castro. La teoría más extendida es que sus padres eran tejedores o cardadores de lana, algo de lo que el navegante se avergonzaría cuando se codeaba con la realeza y la nobleza, de la que llegó a formar parte al conseguir los títulos de virrey y gobernador general de las Indias Occidentales al servicio de la Corona de Castilla. 

Colón, ¿judío?

Precisamente el afán del almirante por esconder sus orígenes es lo que lleva a muchos a argumentar que era judío. Por ejemplo, el investigador Francesc Albardaner sitúa el nacimiento de Cristóbal Colom en Valencia en el seno de una familia de judíos conversos que emigró desde Liguria a la costa levantina, donde crearon una empresa de tejidos de seda y brocados. 

En ese momento “todo el mundo intentó ocultar su origen judío”, explica Castro. En 1492 los Reyes Católicos ordenaron la expulsión de los judíos de la Península, y aunque muchos se quedaron y se convirtieron al cristianismo a la fuerza, siempre fueron mirados con recelo o incluso denunciados ante la Inquisición.  

“Colón se muestra en todo momento como un cristiano convencido, y en una de sus cartas llega a lanzar una pulla hablando mal de los judíos, pero eso también era muy normal entre conversos”, comenta el historiador. 

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Retrato de Cristóbal Colón de 1519, del artista Sebastiano del Piombo, en el Metropolitan Museum de Nueva York.

José Antonio Lorente es consciente del interés que suscita esta posibilidad, sobre todo porque en estos años ha recibido varias decenas de correos electrónicos “no insultantes pero sí irrespetuosos” en los que personas que no le conocen de nada le acusaban de haberse plegado al Gobierno israelí por haber descubierto el supuesto origen judío del almirante. “Cosas totalmente locas”, describe ahora el forense. “No les daba mucha importancia, porque tampoco pasa nada si te escriben 50 personas, pero un poco sí me molestaba”, admite.

No hay un ADN judío, pero sí algunas variaciones de genes que son más frecuentes en determinados tipos de poblaciones judías

Ante tanta expectación, surge la duda de si ese presunto origen judío podría ‘dar la cara’ con los análisis genéticos que acaban de comenzar. “No hay un ADN judío, pero sí algunas variaciones de genes que son más frecuentes en determinados tipos de poblaciones judías”, responde el doctor Lorente. “Si Cristóbal Colón fuera judío, podría darse alguna de esas mutaciones de genes que no son exclusivas al judaísmo, pero sí más frecuentes, y esto abriría la puerta a que los historiadores pudiesen interpretarlo en ese sentido”, afirma. 

“No se sabe cómo va a estar ese ADN, pero hoy en día sí se puede conocer el origen etnicogeográfico de unos huesos, por ejemplo el color de pelo, de ojos o mutaciones características de zonas muy concretas del planeta, y ya con eso se pueden ir acotando cosas muy interesantes”, prosigue el forense. La investigación, en cualquier caso, es más compleja de lo que parece; ni tener una mutación lo determinaría como judío ni carecer de ella descartaría ese u otro posible origen. 

La ciencia dará respuestas, y también más preguntas

Los investigadores recalcan que no están cuestionando la teoría oficial; sólo quieren “confirmarla”. Para Lorente, “lo bonito de la ciencia” es que podrá aportar datos “objetivos” para afinar o desmentir lo que se conoce hasta ahora. “Es normal que haya tantas expectativas, porque el tema es realmente muy atractivo y bonito”, dice. 

No vamos a interpretar resultados que no sean claramente concluyentes como si lo fueran

Marcial Castro está de acuerdo con él, pero al mismo tiempo rebaja un poco la expectativa. “No se van a resolver todos los enigmas, sino todo lo contrario”, avisa. “La ciencia no para. Nada en ciencia, y nada en Colón, es concluyente. Siempre va a haber más preguntas”, zanja el historiador. “A lo mejor durante mucho tiempo hemos dicho tonterías. Ahora que le hemos pasado la patata caliente a la ciencia, quizás demuestra que lo que hemos hecho ha sido una pérdida de tiempo sublime”, plantea. 

El doctor Lorente sí confía en obtener resultados concluyentes, pero sabe que existen posibilidades de que esto no ocurra, y se niega a poner en riesgo la reputación de su equipo con afirmaciones de las que no estén seguros. “Ojalá haya resultados que ameriten la expectación previa que está generando este tema, pero lo que no vamos a hacer es forzar las circunstancias ni interpretar resultados que no sean claramente concluyentes como si lo fueran”, advierte. “Eso no es ciencia”.