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24/06/2019 12:58 CEST | Actualizado 24/06/2019 12:58 CEST

La ultraderecha al descubierto

Vox es la negación de los avances sociales y democráticos alcanzados en España.

POOL New / Reuters
Santiago Abascal, líder de Vox. 

La ultraderecha sin complejos se ha instalado en la vida política española. Tras su aparición mediática y su reciente entrada en las instituciones, Vox mantiene un discurso agresivo, provocador y de ataque contra los que no simpatizan con ellos. No muestra ni un mínimo de cortesía política hacia sus rivales, ni tampoco –y esto es lo más grave–, ni pizca de empatía hacia las víctimas de la violencia machista. Para Vox y sus portavoces, todo es susceptible de ser utilizado en su discurso, todo pertenece al campo de batalla. No hay lugares neutrales. Vox demuestra que no tiene intención de adoptar ningún consenso. Han llegado para dinamitar la convivencia, que es el eje fundamental alrededor del cual sobrevive la democracia. Es decir, la ultraderecha española no se contenta con haber entrado en las instituciones democráticas, ahora su objetivo es vaciarlas usando el discurso del odio y de la división. Las fuerzas políticas de la derecha que abrazan a Vox para llegar o mantener el poder, deberían tener esto muy presente.

El ejemplo más claro y execrable de la actitud de la ultraderecha contraria a la convivencia es la reacción del líder de Vox en Andalucía, Francisco Serrano, a la reciente sentencia del Tribunal Supremo que condena a los miembros de la llamada ‘Manada’ por violación. Según ha escrito en sus redes sociales, “se nota que es una sentencia dictada por la turba feminista supremacista”, y según ha subrayado, “la relación más segura entre un hombre y una mujer será únicamente a través de la prostitución”, entre otras frases que provocan el bochorno de cualquier persona con un mínimo de sentido del respeto y de la convivencia.

Estos mensajes del máximo dirigente de la ultraderecha en Andalucía, donde sus votos permiten el Gobierno del PP, muestran que es absolutamente ajeno a cualquier compasión y/o empatía hacia la víctima de La Manada. Olvida deliberadamente que esta mujer fue violada y obligada a mantener relaciones sexuales con un grupo de hombres que la estaban amenazando. Para Francisco Serrano, la indignación de la mayoría de la sociedad frente a este ultraje supone poco menos que un ataque a los hombres, como si todos fuéramos por la calle usando la violencia para satisfacer nuestros instintos más primarios. Con sus comentarios, este portavoz de Vox demuestra que la amenaza del uso de la fuerza y de la violencia, la ley del más fuerte, debería ser la medida que rija nuestra convivencia. La voluntad de los fuertes frente a la indefensión de los débiles. Esto es fascismo puro.

Vox emite odio, agresividad, machismo y desprecio

Pero tenemos otros ejemplos de la falta de voluntad de respeto y de convivencia por parte de Vox. Destacan los insultos, otra vez bañados en un machismo repugnante, a la ministra de Justicia en funciones, Dolores Delgado. No voy a reproducir aquí las palabras empleadas por el portavoz de Vox en el parlamento de la Región de Murcia, Juan José Liarte Pedreño. Solamente voy a recordar que la propia Fiscalía está estudiando el insulto a la ministra que ha publicado en otra red social. Esas palabras rezuman odio, agresividad, machismo y un desprecio insólito a un miembro del Gobierno de España.

PP y Ciudadanos deberían reflexionar muy seriamente sobre si les merece la pena lanzarse a los brazos de Vox para conseguir el poder...

Con estos dos ejemplos recientes –hay y habrá más, lamentablemente–, Vox demuestra lo que es: un partido antidemocrático que quiere hacer saltar por los aires las reglas de la convivencia democrática a base de alentar el odio, la agresividad y la división, negando los más mínimos consensos, no solamente políticos, sino también sociales.

Los demás partidos del bloque de la derecha, el PP y Ciudadanos, deberían reflexionar muy seriamente si de veras les merece la pena lanzarse a los brazos de la ultraderecha para conseguir el poder. Vox no es un partido cualquiera, es la negación de los avances sociales y democráticos alcanzados en España en las últimas décadas. Muchos en el bloque de la derecha son conscientes de ello, y algunos ya han dado pasos significativos alejándose de la colaboración con la ultraderecha. Es el caso del ya ex miembro de la dirección de Ciudadanos, Toni Roldán. Y del candidato a la Alcaldía de Barcelona y ex primer ministro francés, Manuel Valls, que en una entrevista ha llegado a afirmar que “con Vox acabas ensuciándote las manos y, de alguna manera, el alma”.

Por el bien de la democracia y de la convivencia en España, espero que estos no sean los únicos líderes de la derecha que actúen de manera coherente, ya que está en su mano frenar a una ultraderecha sin complejos que no debe seguir creciendo.

 

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