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18/09/2020 19:43 CEST | Actualizado 18/09/2020 19:43 CEST

La valla es Madrid

No es un confinamiento selectivo, es un confinamiento de clase

EFE
Aguado y Díaz Ayuso, tras la comparecencia.

Llevan dos décadas marginando a los barrios obreros de Madrid, haciendo políticas con el claro objetivo de aumentar la brecha de desigualdad entre el norte y el sur. Dos décadas de falta de infraestructuras, de recortes de limpieza, de abandono ante el aumento de la marginalidad… No pudieron traer Eurovegas, pero han convertido algunas zonas en parques temáticos del juego en casas de apuestas y drogas en narcopisos.

Gota a gota han ido destruyendo los barrios obreros. No hacía falta una pandemia para que ya hubiesen conseguido que en Madrid hubiera una diferencia de más de 10 años en la esperanza de vida, dependiendo de si vives en el norte o en el sur. Pero ahora todo el deterioro de décadas se hace aún más palpable. Dramáticamente palpable, porque la pandemia sí entiende de clases, porque la COVID-19 ha matado más en nuestros barrios por la precariedad y pobreza que padecen. Y encima de haber tenido que sufrir todo esto en nuestras patrias, porque nuestros barrios son nuestras patrias, ahora nos golpean, nos señalan, nos castigan. No es un confinamiento selectivo, es un confinamiento de clase.

Ayuso y Aguado han estado todo el verano diciendo que el problema de los contagios en Madrid era Barajas. Incluso, al anunciar el confinamiento de clase, Ayuso se ha permitido la indecencia de repetirlo. ¿Qué pasa, que este verano todos los turistas han decidido cambiar la Gran Vía por la Gran Vía de Villaverde, el Retiro por el Parque de las Siete Tetas de Vallecas, Cibeles por la chimenea de San Cristóbal? Me parecería de muy buen gusto, pero la verdad es que en nuestros barrios no hemos visto guiris con chanclas, sombreros y cámaras de fotos colgadas al cuello. Como tampoco hemos visto médicos y enfermeros en nuestros centros de salud desvalijados, ni rastreadores, ni más maquinistas y trenes en el metro. 

Echan la culpa a nuestro ocio, pero no a nuestras condiciones de vida

Dicen, los que han llevado siempre una vida de privilegiados, que la culpa de que nos confinen es nuestra, por nuestra forma de vida. Efectivamente, llevan razón. Nuestra forma de vida es coger un metro abarrotado de gente cada mañana, para recorrer toda la ciudad y perder, entre ida y vuelta, más de 2 horas de nuestra vida, cada día, para hacer funcionar Madrid. Nuestra forma de vida es habitar en la casa que nos podemos permitir con nuestro trabajo, con más personas por m² de las que sería deseable, y ninguna de esas casas es un amplio chalé en Pinar del Rey. Nuestra forma de vida es que la mayoría de la gente de nuestros barrios tenga empleos que no permiten teletrabajar.

Echan la culpa a nuestro ocio, pero no a nuestras condiciones de vida. Solo nos ven como sus mulos de carga. Decía Villacís que la culpa es de los botellones aquí, pero donde también se hacen, e incluso han provocado una muerte por atropello, es en La Moraleja. En cualquier caso, que se produzcan botellones es su entera y total responsabilidad, porque estos barrios también están desatendidos policialmente. 

Los obreros no pueden salir de sus barrios salvo para ir como ganado en el metro

Con las medidas anunciadas llevan a nuestros barrios al siglo XIV. Nos encierran como cerraban las murallas en las zonas afectadas de peste negra. Los obreros no pueden salir de sus barrios salvo para ir como ganado en el metro para producir y mover sus empresas, para que ellos sigan haciendo dinero. Pero solo para eso. La policía y hasta el ejército, de ser necesario, controlaran que no salgamos del perímetro para otra cosa. En realidad, más que al siglo XIV se parece a una reciente serie futurista. La Valla es Madrid.

Pero mientras los privilegiados y los que gobiernan para ellos nos señalan, ¿dónde está la izquierda? ¿Quién defiende a estos barrios si no hay oposición, si Carmena se fue a hacer magdalenas tras hacernos perder la alcaldía, si Gabilondo piensa pero no existe, si Errejón huyó buscando un asiento más caliente en el gallinero del Congreso? 

Es el momento de las asociaciones de vecinos. En los barrios obreros no tenemos dinero, no tenemos poder

¿Quién nos queda? ¿El Gobierno? Ayuso ha anunciado que el Gobierno va a ayudarles en la seguridad, es decir, en el control policial para encerrar a la clase obrera tras las vallas de sus barrios. ¿De verdad piensa el Gobierno colaborar con este ataque? Porque un Gobierno que se dice el más progresista de la Historia debería saber que está donde está gracias a nuestros votos, que nuestros barrios son la última trinchera que tiene ante los intentos para hacerlo caer. La derecha tiene claro cuál es clase a la que representa, a los cayetanos del barrio de Salamanca, ¿y la izquierda? Es el momento de demostrarlo.

Si ante esta estigmatización de los barrios obreros, si ante este secuestro, el Gobierno no se planta, toma el control y nos protege, no les auguro un buen futuro: no tendrán en quien apoyarse cuando intenten tumbarles. SI el Gobierno no nos protege, creo que van a tener difícil venir a mirarnos a los ojos y pedirnos el voto en las próximas elecciones.

Es el momento de las asociaciones de vecinos. En los barrios obreros no tenemos dinero, no tenemos poder. Solo nos quedan dos cosas: la fuerza de nuestro trabajo y la dignidad. Salgamos a defenderlas. Solo el pueblo salva al pueblo. 

EFE
Isabel Díaz Ayuso, en un momento de la comparecencia.

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