POLÍTICA
10/09/2019 19:09 CEST

La vuelta de los emigrados: "España es un buen sitio para vivir, pero no para trabajar"

Tres jóvenes que emigraron con la crisis hablan de su vuelta a España: "Todo está hecho una mierda. Antes era la fiebre de los títulos, pero ya ni eso”

Hinterhaus Productions via Getty Images
Young backpacking couple walking towards boarding area.

“Me dijeron “estudia y llegarás lejos” y aquí estoy, a miles de kilómetros de mi casa”. Era una de las pancartas que decoraban la acampada del 15M en la Puerta del Sol en 2011, recordando a todos aquellos jóvenes que tuvieron que emigrar para buscarse la vida. Fue la crisis económica y una falta de políticas de empleo la que los expulsó, porque era prácticamente imposible desarrollarse profesional y personalmente en ese ambiente de precariedad. Hoy, algunos de ellos están de vuelta, pero la situación no ha mejorado demasiado. 

Es lo que opina Miguel Ruiz-Ayúcar, un joven de 27 años que con 25 emigró a Reino Unido. Estudió un módulo de Informática y, al no ver alternativa y sentirse un poco “perdido”, decidió dejarlo todo e irse a probar suerte. Llegó a Londres y, a la semana, consiguió trabajo de lavaplatos: “Puede parecer un mal curro, pero para mí fue un regalo”. Hacía una jornada de 7.30 a 15h: “Me daban de comer y desayunar, así que era un gasto que me ahorraba”. Su sueldo era más del sueldo mínimo británico, unas 20.000 libras anuales, con un 3% más cada año. 

CARLOTA RAMÍREZ
Miguel Ruiz-Ayúcar

“Aproveché que mis padres podían ayudarme económicamente para volver”

“El trato fue bueno, aprendí inglés y conseguí una vivienda con compañeros de piso agradables con quienes compartía gustos y aficiones”, celebra. Pagaba 500 libras por la habitación y se ahorraba el transporte porque iba en bicicleta a trabajar. ¿Por qué, entonces, volver? Miguel no quería “estar fregando platos toda la vida”, además de que ya se había puesto a darle vueltas a estudiar la carrera de Trabajo Social. “Llegó un momento en el que mis padres podrían ayudarme económicamente a estudiar, así que aproveché para volver”. 

Pero su vuelta fue un poco amarga: “Me di cuenta de que todo está hecho una mierda. Antes era la fiebre de los títulos, con los que en teoría podías aspirar a un buen nivel de vida, pero ya ni eso”. Uno de los grandes problemas que ve es “la vivienda”: “Antes de irme un alquiler en mi barrio podrían ser 500 euros al mes por 70 metros cuadrados, ahora la misma casa puede estar alquilada por mil euros”. Sabe que, de momento, le es “imposible” independizarse: “Trabajo a media jornada y el sueldo no me da, aunque esté a gusto, de estar a gusto no se vive”. “España es un buen sitio para vivir, pero no tanto para trabajar”, sentencia. 

VP
Vicky Pérez

 

A la cabeza en fuga de cerebros

No es un caso aislado. España es, junto a Italia, el país que está a la cabeza en fuga de cerebros en Europa entre 2007 y 2017. En concreto, cuando estalló la crisis, unos 87.000 trabajadores sobrecualificados dejaron sus vidas para construir otras a cientos —o miles— de  kilómetros de donde se encuentran los suyos, según un reciente estudio del think tank de Bruselas CEPS llamado EU Mobile workers. Esto es más común en el sur del continente, que se empobrece a nivel de capital y humano, mientras que los países del norte saben aprovechar y captar el talento de sus jóvenes.  “La huida es un problema, aunque la magnitud del fenómeno sigue siendo limitada”, señala el informe. 

El mismo informe señala que estas migraciones se tratan de una mala noticia tanto para el país receptor como para el del sur, que se enfrenta a un descenso de su fuerza laboral y a un envejecimiento de la población. 

 

Los jóvenes emigran y los políticos de turno se llevan la mano a la cabeza y se llenan la boca hablando de crisis demográfica. Los tres grandes motivos para emigrar son los salarios, la diferencia de desempleo y la satisfacción vital y los dos países que más españoles reciben en Europa son Reino Unido y Alemania. 

En Alemania precisamente fue donde estuvo durante cinco años Vicky Pérez, que se fue con 34 años en 2014 y ha vuelto en junio de este año. “Me fui con el nivel A1 de alemán, lo justo para poder hablar y andar por casa”, explica. Allí encontró un minijob —”un trabajo de 20 horas semanales— que pudo compaginar con sus estudios del idioma. Si las circunstancias se hubiesen dado de otra manera, quizá habría emigrado antes: “Mi madre estuvo enferma durante la crisis y yo, aunque me quería desarrollar, no la quería dejar como estaba. Así que fui empalmando trabajillos en España de lo que había hasta que falleció”. Fue entonces cuando, ante la situación “precaria” que se le presentaba, cogió “todo lo que tenía ahorrado” y puso rumbo a Munich.

“Me tiraba más la tierra”

Después de un tiempo, entró en una empresa internacional donde le fue “muy bien” durante 4 años. Vicky celebra que tuviese “buenas condiciones, buen salario y una experiencia profesional buena”, pero cuando le negaron tener algo más de flexibilidad para viajar a España, decidió volver: “Me tiraba más mi tierra. Son ya cinco años y quería volver”. 

Regresó con el proyecto Volvemos, una web creada por emigrados que intenta dar a los otros emigrados recursos a la hora de volver a España. “Se trata de una lucha entre la cabeza y el corazón: con la cabeza piensas que te va muy bien allí, pero con el corazón quieres volver”. En Volvemos trabaja recopilando información sobre lo que se tiene que seguir: “Cómo alquilar vivienda, por ejemplo, porque te piden contratos y unas condiciones que los expatriados a veces no tienen”.

La web no sólo se dedica a eso. Tiene también un buscador de trabajo propio que permite a las empresas publicar sus ofertas para los talentos que regresan. 

Irse, volver y volverse a ir

Adrián Toro no conocía Volvemos, pero volvió por su cuenta de Bristol (Reino Unido) hace un año. Se dedica al mundo audiovisual y complementa el trabajo en hostelería. En 2015 se fue “en las condiciones más precarias posibles, con 800 euros en la cuenta”. Entonces tenía 22 años y “ante la falta de posibilidades laborales en Madrid” decidió irse “a buscarse la vida”. 

ADRIÁN TORO
Adrián en Bristol

Sin tener apenas idea de inglés y con poca experiencia laboral, consiguió trabajo y se acabó quedando tres años. “Generalmente fueron mejores que en España, aunque en algunos trabajos me explotaron, pero decidí volver por la posible inestabilidad que podría causar el proceso del Brexit en mi futuro allí y en mi calidad de vida”. 

Lleva un año en España haciendo sesiones de fotografía a la vez que lo compagina con el trabajo de camarero y ya piensa en volverse a ir: “He visto muy poca mejora en España desde que me fui y estoy a expensas de ver qué pasa con el Brexit y volverme a ir. Si no va bien, buscaré cualquier otro país europeo”. 

El duelo migratorio

Emigrar no es fácil. Además de que salir de la zona de confort no es fácil, el ‘duelo migratorio’ es algo de lo que hablan los psicólogos y que supone un proceso que tampoco es emocionalmente fácil. En el Instituto de Psicología Centta lo definen como “el gran ‘estar entre’ dos países, dos culturas, dos grupos de personas, dos planteamientos vitales, dos  emociones enfrentadas…”. 

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