INTERNACIONAL
23/05/2019 15:37 CEST | Actualizado 23/05/2019 15:37 CEST

Las elecciones europeas están a punto de abrir la puerta de par en par a la ultraderecha

Europa sale a votar y todos los ojos están puestos en la extrema derecha en unos comicios cruciales para el futuro de la UE.

ILLUSTRATION: DAMON DAHLEN/HUFFPOST; PHOTOS: GETTY

Las elecciones europeas están a punto de abrir la puerta de par en par a la extrema derecha

BERLÍN — El 27 de mayo será un gran día para el movimiento populista de políticos de extrema derecha que lleva unos años sacudiendo a multitud de democracias de todo el mundo y sembrando el miedo a que se produzca una nueva ola de nativismo violento que haga temblar el orden mundial.

El mundo sabrá ese día si los más de 500 millones de votantes de toda Europa han cumplido estas estimaciones y han entregado a los autoproclamados nacionalistas un mandato que sería histórico en el Parlamento Europeo, el organismo que regula y ayuda a dar forma a las políticas de la Unión Europea.

Los partidos radicales de extrema derecha y sus héroes, como el Ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, estarán regocijándose al ver que este vuelco electoral evidencia que siguen ganando poder y apoyo tras las victorias de su ideología en Estados Unidos, Reino Unido, Italia y otros países. Sus éxitos probablemente alentarán a sus aliados del extranjero, desde el estadounidense Donald Trump hasta el ruso Vladimir Putin. Sin embargo, la extrema derecha también se tendrá que preparar para asumir nuevas y duras responsabilidades y escrutinios, así como la realidad de que sus ideas, como la de limitar duramente los esfuerzos de cooperación internacional de la UE, siguen siendo minoritarias; se espera que la gran mayoría del Parlamento siga apoyando a la Unión Europea y esté dominado por partidos más tradicionales y de centro. Ya no sorprende tanto que los populistas reciban votos. Lo importante, lo que podría afectar a miles de millones de personas más allá de las fronteras de Europa, es hasta qué punto su influencia les permitirá modificar la agenda del continente para desfavorecer todavía más a los migrantes y a las minorías, fomentando el iliberalismo y las amenazas contra el estado de derecho, desatendiendo temas como los derechos humanos y el cambio climático para centrarse en la soberanía nacional.

Ya no sorprende tanto que los populistas reciban votos. Lo importante es hasta qué punto su influencia les permitirá modificar la agenda del continente.

Los políticos y analistas observarán de cerca si la extrema derecha logra mantener una de sus mayores ventajas: su influencia sobre el centro-derecha internacional, un bloque mucho mayor. Al tratar de replicar el éxito de los populistas y evitar la sangría de votos, organizaciones tradicionales de derechas han ayudado a legitimar los argumentos nativistas, llegando incluso a trasladar esta postura a la política, amplificando el éxito global de líderes anti-establishment: igual que los republicanos de Estados Unidos impulsaron la agenda de Steve Bannon y Stephen Miller, los conservadores del Reino Unido se han refugiado en su derecha más radical y el Partido Popular Europeo ha tolerado maniobras antidemocráticas y a menudo movidas por el odio por parte del líder húngaro Viktor Orbán.

La pregunta para el centroderecha es si una alianza así les merece la pena desde el punto de vista electoral y si pueden mantener sus políticas (favorecer a los negocios y a menudo ser conservadores en el plano social) sin acabar eclipsados o sin verse obligados a apoyar ideas tóxicas de la extrema derecha, como incitar a la tensión racial o asociarse con grupos violentos y líderes impopulares. Sebastian Kurz, líder del centroderecha de Austria, se propuso demostrar que podía formar gobierno con el partido de extrema derecha Partido de la Libertad de Austria, un partido históricamente tabú en el país, y a diferencia de otras ocasiones en las que ese partido llegaba al poder y provocaba el rechazo internacional, en esta ocasión los demás países le dieron una oportunidad. Al final, su Gobierno se ha venido abajo al descubrirse que su vicecanciller estuvo dejándose corromper por la sobrina de un magnate ruso para impulsar a su partido. Ahora hay una nueva ola de ansiedad en todo el espectro político europeo por las posibles repercusiones de que esta clase de políticos alcance el poder.

Mientras tanto, los adversarios de los populistas buscan un soplo de aire fresco. Los partidos verdes, que aparte de su agenda ecologista también defienden una perspectiva progresista en lo referente a la diversidad y otros asuntos, tienen previsto lograr los mejores resultados de su historia en Europa. Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, está trabajando para unir a los líderes de centro y a los votantes de todo el continente contra la extrema derecha, tanto para proteger la unidad de Europa como para frenar a su mayor oponente nacional. Se espera que este verano el Consejo de la Unión Europea entregue a los tradicionalistas los puestos de mayor poder en la Comisión Europea, el organismo más amplio y poderoso de la UE, lo que nos acerca a la clase de cambio drástico que persigue la extrema derecha.

Los populistas han amasado una influencia sin precedentes repitiendo durante años que buscan una alternativa al establishment, que presentan como ineficaz y peligroso. Sin haber logrado entrar en el sistema, han sido capaces de conservar la percepción de que están en contacto con los deseos de los ciudadanos sin tener que responder a cómo lidiarían con el rechazo popular a sus políticas, a cómo afrontarían la evidente división de su propio movimiento en asuntos como el papel que debe asumir el gobierno en la economía o a qué harían los nacionalistas más radicales más allá de sus fronteras en vez de limitarse a criticar. Ahora que están dentro, es hora de que nos muestren qué viene ahora. A continuación puedes leer la opinión de las ediciones internacionales del HuffPost sobre cómo afrontan la extrema derecha y sus muchos detractores las elecciones europeas y la jornada poselectoral.

GETTY IMAGES, MIGUEL MEDINA
Matteo Salvino, ministro del Interior de Italia, da un discurso durante una manifestación nacionalista el 18 de mayo de 2019, en Milan.

La extrema derecha de Italia es a la vez Gobierno y oposición   

ROMA — Hace un año, Italia se convirtió en el primer país líder europeo de la historia reciente en el que tanto los populistas como los antieuropeístas alcanzaron el poder. Y, pese a los 12 meses debilitantes en el Gobierno y las profundas fracturas entre los miembros de la coalición, el partido antiinmigración de extrema derecha Liga Norte y el partido antisistema M5S (Movimiento 5 Estrellas) siguen gobernando juntos, un tiempo nada desdeñable en un país que suele cambiar de primer ministro casi de forma anual.

Según las encuestas más recientes de la web especializada en sondeos electorales SWG, el apoyo a Liga Norte es fuerte, en torno al 30%, mientras que el M5S del vicepresidente Luigi Di Maio está en el 22%. Sin embargo, el equilibrio de poderes entre ambos ha cambiado: debido en gran medida a la capacidad de Salvini de sacar provecho del miedo a los inmigrantes y el crimen, Liga Norte ha ganado apoyo en los últimos doce meses, mientras que M5S ha sufrido una pérdida de apoyos significativa. De hecho, en las elecciones generales de Italia en 2018, Liga Norte obtuvo el 17% de los votos, frente al 32% con el que M5S se convirtió en el partido más votado. Es un resultado que probablemente contribuyó a evitar que se produjeran en Italia enfrentamientos callejeros violentos similares a los de los chalecos amarillos en Francia: los antisistema están en el Parlamento, de modo que no necesitan estar en las calles. 

Si esta coalición fracasara, sería por sus propias disputas internas y no por la fortaleza de sus adversarios, los partidos tradicionales.

En una prueba de que esta es la nueva “normalidad política” de Italia, los dos partidos que están en el gobierno muestran una capacidad de cumplir su agenda mucho mayor que la de sus rivales “tradicionales”. Salvini y Di Maio han logrado adueñarse de los temas que normalmente se asociaban a la izquierda y la derecha tradicional, concretamente al partido de derecha Forza Italia del cuatro veces primer ministro Silvio Berlusconi y al Partido Demócrata, de centroizquierda. Salvini, una de las figuras europeas más poderosas, controla la seguridad de fronteras y la inmigración, mientras que su contraparte del M5S, Di Maio, un hombre que no terminó sus estudios universitarios y hasta hace cinco años aún vivía con sus padres, controla los derechos civiles y los esfuerzos del gobierno para acabar con las desigualdades económicas y sociales. Es tal su poder que pese a que gobiernan juntos, ejercen al mismo tiempo las funciones de Gobierno en mayoría y de oposición. Mientras el Partido Demócrata y Forza Italia están recluidos en los márgenes del debate político, Di Maio y Salvini se enfrentan a diario y las tensiones están llegando a tal punto que muchos se preguntan si su coalición podrá resistir a largo plazo. De hecho, si esta coalición fracasara, sería por sus propias disputas internas y no por la fortaleza de sus adversarios, los partidos tradicionales.

¿Han cumplido estos dos partidos populistas las promesas que hicieron durante la campaña? Sí y no. Hasta el momento, ambos han logrado aprobar medidas clave: el M5S implantó una “renta de ciudadanía” concebida para reducir la pobreza entre las clases con menos ingresos, así como recortes salariales a los miembros del Parlamento. Liga Norte ha conseguido reducir la edad de jubilación de 67 a 62 años para millones de personas, ha ampliado el concepto de autodefensa para las víctimas y ha puesto freno a los derechos de asilo. Lo cierto es que el número de llegadas de refugiados a Italia se ha desplomado desde que Salvini se hizo cargo de la seguridad de fronteras en junio de 2018. Según cifras oficiales, solo han llegado 348 inmigrantes este año, una bajada del 94% con respecto al mismo periodo de 2018 y del 98% con respecto a 2017, aunque es necesario preguntarse a qué precio. Las organizaciones internacionales de derechos humanos señalan que el planteamiento de Salvini de impedir las operaciones de rescate marítimas a solicitantes de asilo y confiar en las fuerzas represivas de Libia para contenerlos ya ha dañado a decenas de miles de seres humanos.

Gianni Del Vecchio, editor jefe del ‘HuffPost’ Italia

GETTY IMAGES, SYLVAIN LEFEVRE
Marine Le Pen da un discurso de campaña el 24 de febrero de 2019 en Caudry, al norte de Francia.

Marine Le Pen quiere demostrar que Macron ha perdido el poder

PARÍS — Pese a haberse visto debilitada por varios contratiempos legales, una serie de deserciones en su partido y el aumento de la competencia por lograr el voto antisistema, la líder de la extrema derecha de Francia, Marine Le Pen, ha logrado posicionarse como el único “voto útil” capaz de castigar al impopular presidente Macron en la campaña de las elecciones europeas. En medio de un clima de incertidumbre causado por la crisis de los chalecos amarillos, Le Pen ha mantenido su electorado de base, a diferencia de sus principales adversarios políticos, cuyos apoyos se han desplomado.

Agrupación Nacional (anteriormente Frente Nacional), el partido de Le Pen, ha alcanzado a La República en Marcha, el partido de centro de Macron, y tiene al alcance de la mano convertirse de nuevo en el partido más votado de Francia. La propia implicación personal de Macron en la campaña ha dado a Le Pen la oportunidad de convertir las elecciones europeas en una tercera vuelta electoral: “Si Macron pierde estas elecciones, tendrá que marcharse”, aseveró Le Pen.

Le Pen ha mantenido su electorado de base, a diferencia de sus principales adversarios políticos, cuyos apoyos se han desplomado.

Sin embargo, la posición sólida de Le Pen todavía no es un triunfo. Desde 2014, cuando el Frente Nacional ganó las elecciones europeas en Francia con el 24,8% de los votos, los de Le Pen no han podido cumplir sus promesas. Su partido ya consiguió ser el partido más importante de Francia en las europeas de 2014, pero para distinguirse realmente del resto tendría que cumplir sus promesas, un objetivo que sigue fuera de su alcance. Le Pen ha renunciado a su promesa de abandonar la UE tras contemplar con preocupación el tragicómico ejemplo del Brexit y ahora aspira a convencer a los votantes de que puede reformarla uniendo sus fuerzas con otros ultranacionalistas, como Matteo Salvini.

Además de colaborar con Steve Bannon, el exestratega de Donald Trump, un apoyo que ha salpicado de vergüenza su campaña y le ha granjeado las críticas de los seguidores de Macron, que la acusan de colusión con los supremacistas blancos y con la extrema derecha de Italia, Le Pen también apoya la idea de Salvini de unir las fuerzas de la extrema derecha en el Parlamento Europeo. Sin embargo, Le Pen sigue peleada con potenciales aliados, como el líder húngaro, Viktor Orbán, quien ha dicho explícitamente que no piensa formar una alianza con Le Pen. Aún queda por ver si Salvini sacrificará su relación con Le Pen para formar otra alianza con otros líderes antisistema, lo que limitaría el éxito de Le Pen aunque obtuviera tan buenos resultados en Francia como está previsto.

Geoffroy Clavel, editor de Política, ‘HuffPost’ Francia

GETTY IMAGES, JEFF J MITCHELL
Nigel Farage, líder del Partido del Brexit, asiste a una manifestación con los candidatos de su partido para las elecciones europeas, el 17 de mayo de 2019 en Edimburgo.

Los populistas del Reino Unido manejan los hilos de unas elecciones que no debían celebrarse

LONDRES — El punto muerto en el que se encuentra el Brexit está provocando otra consecuencia inesperada y potencialmente preocupante: el ascenso meteórico del nuevo partido populista de Nigel Farage, el Partido del Brexit.

Farage, de quien Donald Trump dijo en una ocasión que “mucha gente” querría verle como embajador del Reino Unido en Washington, fundó su partido hace poco más de un mes, ya se ha puesto al frente de las encuestas (fagocitando todo el voto de los británicos favorables al Brexit) y cuenta con más de 100.000 militantes, una cifra impresionante tratándose de un partido político británico. Farage, cuyo antieuropeísmo es conocido desde hace mucho tiempo, ha recorrido el país de un lugar a otro para encabezar manifestaciones repletas de sus seguidores.

Farage fundó su partido hace poco más de un mes y ya se ha puesto al frente de las encuestas, fagocitando todo el voto de los británicos favorables al Brexit.

En el Reino Unido, se suponía que estas elecciones no llegarían a producirse. La primera ministra, Theresa May, prometió que el Reino Unido estaría fuera de la UE antes del 29 de marzo de 2019, pero la negativa de los demás diputados a aceptar su propuesta de Brexit ha acabado provocando un gran retraso de todo el proceso. Las elecciones de este jueves 23 de mayo se interpretarán también como un segundo referéndum y todas las miradas estarán pendientes de cuántos votos reciben los partidos que están a favor y en contra del Brexit.

El Partido Conservador de May se ha hundido en las encuestas, que le dan hasta un quinto puesto. 3 de cada 5 conservadores dicen que votarán a un candidato del Partido del Brexit, así como lo harán el 40% de los concejales del Partido Conservador. Huw Merriman, uno de los diputados del propio partido, aseguró que espera que el Partido Conservador reciba “una paliza absoluta”.

A causa del temor a la extrema derecha, muchos conservadores piensan que el partido debe virar a la derecha y aceptar un Brexit sin acuerdo para neutralizar la amenaza de Farage. Algunos diputados conservadores incluso defienden la necesidad de alcanzar un pacto electoral con el Partido del Brexit para estas elecciones. Sin embargo, como muestra de las profundas fracturas del partido, Sir Nicholas Soames, veterano diputado y nieto de Winston Churchill, ha instado a los candidatos a liderar su partidoa rechazar “el cómodo manto del populismo”.

May ya ha pactado con su partido una fecha para dimitir primera ministra. Es casi seguro que este verano se celebrarán elecciones para ver quién lidera el Partido Conservador. Boris Johnson, exministro de Asuntos Exteriores y uno de los iconos del Brexit, es el gran favorito, pero se espera que se presenten más de 20 candidatos.

Ned Simons, editor de Política, ‘HuffPost’ Reino Unido 

EUROPA PRESS NEWS VIA GETTY IMAGES
Santiago Abascal da un discurso en la sede de VOX el 28 de abril de 2019.

Los límites del ultraderechista Vox demuestran que ‘Spain Is Different’

MADRID - Hay un lema que los españoles siempre utilizan para sentirse únicos y que se ha ido transmitiendo de generación en generación. ‘Spain is different’, dicho y escrito en inglés. Lo cierto es que en algunos aspectos es así. Por ejemplo, en el ascenso de partidos antieuropeos que cuestionen, o al menos critiquen de forma vehemente, la permanencia de España en la UE. Sólo hay una formación, ligada a la extrema derecha, que hoy en día podría representar una amenaza en el matrimonio España-UE: Vox.

Pese a que el líder del partido haya reconocido públicamente su simpatía por Salvini o Le Pen, el antieuropeísmo de Vox es, comparado con el francés o el italiano, extremadamente light. No se trata de salir de la UE, ni siquiera de entrar en el Parlamento Europeo para dinamitar la casa desde dentro. Es, sobre todo, cuestionar el papel de la UE reconociendo que, aunque tiene aspectos positivos, necesita de mejoras importantes.

Pese a que Abascal ha reconocido públicamente su simpatía por Salvini o Le Pen, el antieuropeísmo de Vox es, comparado con el francés o el italiano, extremadamente 'light'.

Aunque visto desde una óptica europea suene a antieuropeísmo suave (que lo es), en España Vox se sitúa en un extremo. Porque no la totalidad de los partidos políticos hacen una defensa cerrada del proyecto europeo. No hablan de reformar, sino de maquillar los problemas que pueda haber. España es un país pro Europeo sin fisuras. Por eso, al dar por descontado que Europa no se cuestiona, el voto en las elecciones del próximo domingo se hacen más en clave nacional que europea. De ahí también que la subida que tuvo la extrema derecha en las elecciones generales —es ya la quinta fuerza en España, con 24 diputados y más de 2,6 millones de votos, el 10,26%)— pueda caer en las europeas hasta el 8% de los sufragios y 5 escaños, según las últimas encuestas.

Durante la campaña de estas elecciones, las principales críticas de Vox a la UE se centran en el control de la inmigración, posicionándose junto a los postulados de Salvini —apoyan multar a los que rescaten migrantes por su cuenta—. Además, la formación liderada por Santiago Abascal reclama una mayor devolución de soberanía a los países miembros. Posturas que se pueden definir de muchas maneras, pero no de radicales. Sin duda, ‘Spain is different’!

Guillermo Rodríguez, director, ‘HuffPost’ España 

AFP videos
Nikolaos Michaloliakos (centro), del partido griego de extrema derecha Amanecer Dorado, tal vez obtenga peores resultados en estas elecciones que en las pasadas elecciones europeas.

Grecia se aleja del abismo económico, pero sigue amenazada por la extrema derecha

ATENAS — En las últimas elecciones europeas de 2014, Grecia se encontraba en el ojo del huracán. La troika —formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional— tomó el control efectivo del Gobierno, y el rescate de la economía griega en quiebra se convirtió en una dura lección de austeridad para el pueblo griego.

La rigidez de la austeridad impuesta por la troika abonó un terreno fértil para la extrema derecha, los populistas y los euroescépticos. Amanecer Dorado, el partido griego de extrema derecha nazi que lleva tiempo luchando por ser la tercera fuerza política, obtuvo tres diputados electos al Parlamento Europeo en 2014. Según los sondeos, en esta ocasión podrían conseguir dos escaños, en parte como consecuencia del juicio que se está desarrollando ahora por el asesinato del rapero antifascista Pavlos Fyssas en 2013 a manos de un simpatizante de Amanecer Dorado.

Atrás quedó el desastre económico de 2014; Atenas ya ha acabado con la troika y el rescate y tiene la vista puesta en sus elecciones generales.

En 2019, la situación en Grecia es bastante diferente. Atrás quedó el desastre económico de 2014; Atenas ya ha acabado con la troika y el rescate y tiene la vista puesta en unas elecciones generales que se celebrarán en otoño, mientras el primer ministro Alexis Tsipras hace una campaña centrada en sus logros económicos y en la bajada de impuestos. Mientras que Tsipras parece optimista con los resultados que obtendrá su partido de izquierdas, Syriza, en Europa, el líder muestra preocupación ante el auge de la extrema derecha en el continente, y llama a los partidos progresistas a formar su propia alianza estratégica para combatir cualquier bloque de ultraderecha poselectoral que se produzca en el Europarlamento.

Sea cual sea el resultado en Europa, los dos principales partidos políticos –Syriza y el liberal-conservador Nueva Democracia– tienen todas las papeletas para seguir siendo actores clave en Grecia, ya que Amanecer Dorado tiene pocas posibilidades de obtener un papel en cualquier futuro Gobierno griego. Lo cierto es que la lucha no va sobre el futuro de Europa, ya que el principal oponente de Tsipras en las generales es Kyriakos Mitsotakis, líder del partido proeuropeo Nueva Democracia. La cuestión para los votantes griegos este domingo es si votarán en clave europea o votarán como si fueran las elecciones generales griegas.

Antonis Fourlis, redactor jefe, ‘HuffPost’ Grecia

 

Este artículo ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco y Marina Velasco Serrano.

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