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Un diario de orgasmos o la quema de un convento: historias lesbianas que rompieron moldes

Cristina Domenech recopila en su libro 'Señoras que se empotraron hace mucho' la vida de mujeres que mantenían relaciones con otras mujeres entre los siglos XVII y XIX.

Jane Pirie y Marianne Woods eran dos amigas, de clase alta, que vivieron en el Edimburgo del siglo XIX y que decidieron montar un internado para ‘señoritas bien’. Hasta ahí nada se sale de la norma. Sin embargo, a los meses una de las alumnas contó a su abuela que ambas mujeres dormían juntas y “movían la cama mientras respiraban muy fuerte”. Efectivamente, ambas mujeres eran pareja y todo apuntaba a que mantenían relaciones sexuales en el centro. Esto las llevó a juicio, pero se salvaron de la sentencia gracias a una Biblia que se regalaron la una a la otra con una dedicatoria romántica.

Muchos años después, ya en el siglo XXI, Miss Pirie y Miss Woods se ha vuelto virales como las “señoras que se empotraron y se regalaron una Biblia”. La responsable de que estas dos mujeres de la Escocia del siglo XIX pasaran a ser parte de la cultura popular en marzo de 2018 es Cristina Domenech, una experta en estudios ingleses con cerca de 32.500 seguidores en Twitter que compartió en la red social un hilo con su historia.

Fotograma de la película 'La Favorita', con Rachel Weisz y Olivia Colman.
Fotograma de la película 'La Favorita', con Rachel Weisz y Olivia Colman.

Fue tal el éxito de su publicación —en un día alcanzó más de 5.000 retuits— que Domenech decidió publicar cerca de 30 hilos sobre otras “amigas” históricas. Esas historias y otras han sido recopilados en su libro Señoras que se empotraron hace mucho (Plan B), que en dos meses ya va por su 3ª edición, y parten de su labor de investigación sobre la materia dentro de la Universidad de Málaga.

La clave de este triunfo es, según la autora, visibilizar al colectivo LGTBI a lo largo de la historia y hacerlo de una forma amena: con mucho humor y llamando la atención sobre los detalles más curiosos. “Interesan las historias accesibles y con detalles que llamen la atención. Eso se aplica a las señoras que se empotraron hace mucho y a cualquier acontecimiento histórico”, detalla.

Además recalca la reticencia generalizada que tiene la sociedad para admitir la homosexualidad de un personaje histórico. “Pasa con la bailarina Josephine Baker o con la escritora Colette, que eran bisexuales y no se ha hablado nunca de esa parte de su vida, las conocemos por otras cosas”, añade.

La malagueña empezó a recopilar información por un motivo personal: la necesidad de referentes. “Salí del armario muy joven, con 15 años, y me di cuenta de que no conocía ninguna mujer de la historia que fuese lesbiana o bisexual más allá de Safo o Virginia Woolf”, cuenta. “Por entonces los conceptos ‘lesbianas’ e ‘historia’ ni siquiera se tocaban en mi cabeza”.

La tarea de investigación no fue fácil ya que, aunque es un campo bastante concreto, la bibliografía está principalmente en inglés y los casos de mujeres lesbianas son menos visibles que los de hombres gais. “Ellos eran juzgados, por lo que es más fácil acceder a esta información, mientras que para saber algo de ellas había que ir mucho más lejos: a testimonios individuales o a rumores que se repitiesen. Las mujeres han pasado por debajo del radar y los hombres estaban criminalizados”, detalla.

Amigas intensas que podían besarse en público

Lo más llamativo de estas historias es que la mayoría de mujeres se ocultaban bajo un concepto de “amistad romántica” existente entre los siglos XVII y XIX que veía incluso admirable que dos amigas conviviesen, se besasen en público y tuviesen casi una relación sentimental. “En esta época se creía que las mujeres no tenían impulso sexual, sobre todo si eran de clase alta o media, y la relación de amistad entre dos mujeres —incluso con un punto de obsesión y posesión— se consideraba algo virtuoso. Era un amor puro y sentimental”, detalla Domenech. De hecho, se valoraba positivamente a la hora de contraer matrimonio con un hombre.

“La relación de amistad entre dos mujeres, incluso con un punto de obsesión y posesión, se consideraba algo virtuoso”

- Cristina Domenech, autoras de 'Señoras que se empotraron hace mucho'.

El machismo imperante durante esos siglos y la idea de que las mujeres no tenían deseo sexual hicieron que la homosexualidad femenina no estuviese criminalizada por lo que no vivieron una represión penal. “Hoy entendemos la represión de forma diferente. Hay algunas que se fueron totalmente de rositas, pero otras como Anne Lister sí que sufrieron. No fue por hacer vida con otra mujer, sino por su apariencia masculina. Solo por eso sufrió muchísimo. Fue acosada y estuvo amenazada, especialmente cuando se fue a vivir con su mujer”, señala.

Estampa de mujeres lesbianas que ha inspirado la portada del libro 'Señoras que se empotraron hace mucho'.
Estampa de mujeres lesbianas que ha inspirado la portada del libro 'Señoras que se empotraron hace mucho'.

Domenech destaca también el escarnio público que sufrían las mujeres que se dedicaban a una profesión considerada masculina. “Anne Damer fue la primera escultora en Reino Unido y le llovieron las críticas por eso. “De ella se decía que, al quedarse viuda y rodearse de otras mujeres, tenía un gusto criminal por las mujeres, cuando por ley no estaba criminalizado. Su orientación sexual era lo primero a lo que se aferraban para desprestigiarla en teatros o panfletos”, cuenta. “Lo mismo pasó con Anne Lister, que se metió en el negocio del carbón”, añade.

Su historia y otras 26 protagonizadas por mujeres transgresoras que se atrevieron a amar libremente son algunos de los ejemplos que se recogen en el libro:

Anne Lister: la mujer que recogía en un diario los orgasmos que tenían sus amantes

Retrato de Anne Lister, por Joshua Horner.
Retrato de Anne Lister, por Joshua Horner.

Anne Lister se casó por la Iglesia con su mujer, Ann Walker, en 1834 pero antes de esto tuvo cantidad de amantes. Y eso es lo más morboso que dejó su legado. La británica llevaba el recuento de las veces que se masturbaba y en quién pensaba. Pero por si fuera poco ese diario de ‘autoplacer’, también detallaba sus relaciones sexuales: cuántos orgasmos había tenido cada una, quién lo había pasado mejor y qué método habían utilizado (por ejemplo, si habían usado dildo o no). Si ahora suena loco, imaginaos a principios del siglo XIX.

Más allá de esta anécdota, Lister es considerada la primera lesbiana moderna y todo un referente LGTBI. “A finales de 1980 y principios de 1990 se descifraron y se publicaron sus diarios. Se descubrió que era una mujer plenamente consciente de que le gustaban sexualmente y sentimentalmente las mujeres y su caso no era único: a su alrededor había más mujeres. Eso cambió la manera de verlo”, detalla Domenech. Una de sus frases más célebres lo deja bien claro: “Amo y solo amo al sexo femenino y, amada por ellas a mi vez, mi corazón se rebela contra cualquier amor que no sea el suyo”.

El caso de La Maupin: espadachina, cantante de ópera y agitadora social

Julie d'Aubigny, en un cuadro de Jean Béraud.
Julie d'Aubigny, en un cuadro de Jean Béraud.

El caso de la francesa Julie d’Aubigny, conocida como Mademoiselle de Maupin, es uno de los más llamativos del libro, tanto por la relación con sus amantes como por sus altercados y su actitud beligerante. Llegó a quemar un convento antes de fugarse con su entonces pareja, se batía en duelo con todo el que le llevase la contraria y el rey Luis XIV tuvo que perdonarle la vida en dos ocasiones.

La Maupin es única. No había mucha gente que fuese así por la vida: era muy polifacética y se movía por impulsos. Tuvo mucha suerte porque tenía éxito en el mundo de la música y de la ópera, no solo por sus papeles sino que conseguía congregar al público por ser objeto de cotilleos”, detalla Domenech, quien recalca que su origen noble la salvó de ser juzgada por bisexual y por sus actos vandálicos. “No hay nadie más en la historia a quien el rey de Francia haya tenido que perdonarle la vida dos veces y menos por cosas así”.

La paga vitalicia por lesbianas de las Damas de Llangollen

Estampa de las Damas de Llangollen.
Estampa de las Damas de Llangollen.

“Las Damas de Llangollen [Eleanor Butler y Sarah Posonby] se hicieron famosas como símbolo de la amistad romántica y fueron un mito para muchísima gente famosa de la época e incluso llegaron a recibir una pensión vitalicia por parte del rey Jorge III porque se consideraba que su amor era muy puro”, señala Domenech, que pone el foco en que las irlandesas se fueron a vivir y solas al campo en una época de éxodo rural. Su casa incluso se convirtió en lugar de peregrinación como símbolo de esa amistad pura y virtuosa

Tenían una serie de diarios conjuntos en los relataban su rutina y, tal y como cuenta la escritora, “se ve perfectamente que la vida de una giraba alrededor de la otra y nunca pasaban un día separadas”. Sin embargo, hay quien no cree que tengan que ser un referente del colectivo LGTBI porque “no se ha probado que hubiera sexo”, un requisito sin ningún tipo de importancia para Domenech. “Son 50 años viviendo juntas y renegando de cualquier otra compañía, del matrimonio… No entiendo cómo es necesario probar una relación sexual sobre el papel”, detalla. Su casa en Plas Newydd (Anglesey, Gales) está rehabilitada y se ha recuperado desde que son consideradas un referente del colectivo.

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