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30/05/2019 07:37 CEST | Actualizado 30/05/2019 07:37 CEST

Lo que debes saber antes de visitar México

Es normal que a muchos extranjeros esto les vuelva locos...

alessandro0770 via Getty Images

Crecí en la ciudad de México con una madre andaluza. Cada año cruzábamos el charco para pasar el verano en Granada, donde aún hoy se encuentra la mitad de mi familia.  

Fue así que tuve la suerte de aprender de las dos culturas y tomar, a mi conveniencia y según mi propio criterio, lo más adecuado de cada una. Claro que ya no estamos en los ochentas cuando era una niñita a la que miles de camareros, o meseros como le decimos acá, le rompieron el corazón con un “a ti no te regalo ná, si no te conozco” cada vez que les pedía que me regalaran un vaso con agua. Y es que aquí podemos pedir que nos regalen algo aunque vayamos a pagarlo. Y si bien probablemente no es justo comparar a toda España con la malafollá granaína, he sido testigo de experiencias similares desde Cantabria hasta Barcelona pasando por Madrid.

He aquí la primera lección. En México, nos encantan las cordialidades aunque para la mayoría de los extranjeros puedan parecer innecesarias o hasta exageradas. “Disculpe, ¿lo molesto con un café, por favor?” o “¿sería usted tan amable de pasarme la sal?”. Lo que para algunos puede sonar a rimbombancia anticuada, aquí lo decimos honestamente. Claro está que esto hace que algunos visitantes se sientan un tanto incómodos o hasta burlados pero no es así. Como pronto te darás cuenta si visitas México, la cordialidad en medio del caos es la base de nuestra sociedad. Nunca olvides el por favor, el gracias o el disculpa o te molesto con… antes de pedir algo. Hará que tanto tú como tu interlocutor se sientan más cómodos.  

Otra cosa importante a saber es que a los mexicanos nos cuesta mucho, muchísimo decir “no”, y es normal que a muchos extranjeros esto les vuelva locos. Todo sería más fácil si aprendiéramos de los españoles el sencillísimo y claro como el agua “no me apetece”. ¿Quieres ir a tomar algo? Un “no, gracias, no me apetece” lo dice todo y nadie tiene por qué sentirse ofendido. En cambio en México, nos preocupamos tanto por no herir los sentimientos de la otra persona, quizá porque los nuestros se hieren tan fácilmente, que preferimos mentir.  “Híjole, me encantaría pero no puedo, resulta que el gato de mi tía se enfermó y pues tengo que ir a cuidarlo…”. Tampoco te sorprendas si alguien alguna vez te da una dirección equivocada: no es malicia, si no vergüenza de aceptar lo que uno no sabe aunado a las ganas de ayudar.

Dice mi madre que cuando llegó a México tuvo que bajarle dos rayitas a todo: en volumen y en honestidad. Nos sentimos fácilmente agredidos cuando alguien levanta la voz. Y la verdad nos gusta pero bien maquilladita y en diminutivo, como casi todo lo demás. Así como el “ahorita”, que bajo ninguna circunstancia es sinónimo de ahora si no todo lo contrario. La palabra culo dicha en público sacará algunas risas nerviosas y en lugar de coger, nosotros agarramos o cabemos.

También hay que tomar en cuenta que México es un país enorme y diverso. Con casi 2 millones de kilómetros cuadrados, podríamos meter más de tres veces todo España en el territorio nacional y sobraría espacio. Esto quiere decir que lo más seguro es que si vienes un par de semanas no podrás verlo todo, pero este es el pretexto perfecto para regresar.   

A los mexicanos nos cuesta mucho, muchísimo decir “no”, y es normal que a muchos extranjeros esto les vuelva locos.

Tampoco podemos olvidar la situación de inseguridad y violencia que se vive en estos momentos en el país. Si bien es cierto que hay poca probabilidad de que un turista sea víctima de un crimen, tampoco es imposible, y esto rara vez te lo harán saber porque el turismo representa uno de los mayores ingresos en muchos lugares. Viví por varios años en la costa de Oaxaca, donde manejaba una radio local, y por desgracia me tocó vivir de cerca más de un ataque a visitantes extranjeros. Recomiendo antes de viajar a cualquier sitio, hacer una búsqueda de noticias sobre el lugar, no para alarmarse sino para estar consciente de los riesgos a los que uno puede exponerse sin saberlo. Los gobiernos suelen ofrecer este tipo de advertencias en sus páginas.

El conocimiento nos hace también estar más prevenidos. Trata de no usar joyas o relojes llamativos. El salario mínimo en México es menor a los 150 euros mensuales y el promedio es poco más de 300 euros, por lo que para algunas personas tu móvil o computadora pueden valer más que todo un año del trabajo y la desigualdad económica y social es uno de los temas más delicados en este país.   

Evita salir sola o solo a altas horas de la noche o por lugares poco transitados, especialmente si eres mujer.

México es un país de contrastes, colores, aromas y sabores. Pruébalo todo excepto los mariscos en la calle, y antes de llenar tu taco con salsa, ponle un poquito y pruébala primero (nosotros también lo hacemos). No te asustes si tu estómago te reclama y te enfermas al llegar, la venganza de Moctezuma existe y aunque no todos son sus víctimas sí suele suceder.

Dependiendo de la zona que visites puedes encontrarte con enfermedades transmitidas por los mosquitos como el dengue y la chicungunya, especialmente durante la época de lluvias que es de mayo a noviembre. Utiliza repelente y evita exponerte en las “horas del mosco” que generalmente son al amanecer y al atardecer. También hay huracanes y temblores y estos son los únicos momentos en los que todos los mexicanos confiamos en las autoridades. Hay que estar atentos a avisos de evacuación en caso de los primeros y a la alerta sísmica en el segundo. El ejército mexicano, al igual que la sociedad civil, es famoso por su pronta y magnífica respuesta en momentos de crisis, evacuación y reconstrucción tras desastres naturales, así que estarás en las mejores manos.

Si te encuentras en México a alguien que quiera culparte de las atrocidades y barbaries cometidas por los españoles en tierra azteca, puedes responder como en su momento lo hizo mi madre...

No debemos olvidar que la relación entre España y México es más complicada de lo que parece y te puedes encontrar con extremos opuestos en cuanto a opiniones o trato. Por un lado tenemos el malinchismo, que viene de la palabra Malinche como erróneamente se le llama a Malinalli, una mujer de origen náhuatl que fue regalada a Hernán Cortés poco después de su llegada a México. Marina, como la bautizaron los españoles, fue pieza clave en la conquista, ya que sirvió de intérprete y fue amante de Cortés. Es por eso que pasó a la historia como la “gran traidora de la patria” y el “malinchismo” se puede definir como el rasgo mexicano de preferir a lo extranjero, por lo general lo europeo o estadounidense sobre lo nacional. Así que no te sorprendas si alguien te dice como una vez me dijo una paisana mexicana al enterarse de que mi mamá era española: “Claro, si se te nota la finura de la madre patria”. ¿De la madre qué? Sí. A mí también me surgieron muchas dudas, pero como les decía, la relación entre ambos países tiene muchos tonos más allá de la superficie.

De esta misma forma y en el lado opuesto tenemos a quienes siguen inmersos en el rencor y odio hacia los españoles que llegaron a conquistar el país a pesar de que según un estudio que se publicó en el Diario Americano de Antropología Física el 93% de los mexicanos somos mestizos

Lo cierto es que aún hay muchas heridas que sanar y falta mucho para que nosotros mismos logremos entender lo qué significa y conlleva ser mexicano cuando somos un país tan diverso gracias a la mezcla y tan complicado debido a su larga historia.

Nuestra relación con España es tan extraña que cuando gana México en fútbol todos corremos hasta el Ángel de la Independencia y cuando gana España a la fuente de Cibeles, una réplica exacta de la de Madrid que tenemos en la Ciudad de México, muestra de hermandad entre los dos países.

Así que por último, si te encuentras a alguien que de mala gana quiera culparte de todas las atrocidades y barbaries que fueron cometidas por los españoles en tierra azteca, puedes responder como en su momento lo hizo mi madre después de que un guía en el Museo Nacional de Historia se pasara todo el recorrido culpándola a ella por todo lo malo de la conquista: “Estás hablando de tus antepasados, los míos están todos enterrados en España, son tus antepasados los que vinieron aquí”. Funciona, yo lo he visto funcionar.

 

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