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26/03/2019 20:51 CET | Actualizado 27/03/2019 00:04 CET

¿Somos los españoles de hoy responsables de la conquista de México?

Los expertos responden...

Matanza del Templo Mayor. Pintura contenida en el Códice Durán.

De aquella conquista “nacimos todos nosotros, ya no aztecas, ya no españoles, sino indohispanos americanos, mestizos. Somos lo que somos porque Hernán Cortés, para bien y para mal, hizo lo que hizo”. Estas palabras fueron escritas por Octavio Paz, emblemático poeta, ensayista y diplomático mexicano que obtuvo el premio Nobel de literatura en 1990 y el premio Cervantes en 1981.

Palabras que, en medio de la polémica suscitada por la petición del presidente mexicano al rey de España, resulta oportuno recordar, a juicio del escritor Eduardo Alonso. A este ganador del Premio Azorín y autor, entre otras obras, de una adaptación de La verdadera historia de la conquista de México, las declaraciones del mandatario mexicano, “populismos aparte”, le parecen “necias en el sentido de que ignora esta obra, escrita por el soldado Bernal Díaz del Castillo en 1569, e incluso los escritos de Octavio Paz”. En este sentido, señala que la crónica de Díaz del Castillo, testigo y protagonista de los hechos de la conquista, “es un libro fantástico donde el autor saca la conclusión de que invasores e invadidos se horrorizaron con la crueldad de la guerra, pero también se quedaron admirados mutuamente”.  

¿Está justificada la petición de López Obrador a Felipe VI de pedir perdón por los abusos de la conquista de México? 

No nos engañemos, no lo está. En primer lugar, se podría cuestionar que la monarquía española de nuestros días sea la depositaria exclusiva de la culpa por los presumibles crímenes perpetrados por los conquistadores. Identificar a aquella monarquía de antiguo régimen con la España de nuestro tiempo implica, como poco, ciertos malabares conceptuales”, asevera Rodrigo Escribano Roca,  historiador e investigador predoctoral en el Instituto Universitario de Investigación de Estudios Latinoamericanos (IELAT) de la Universidad de Alcalá de Henares y en la School of Humanities and Communication Arts de la Western Sydney University.

“Además, no hay que olvidar que el estado mexicano actual no es, como algunos quisieran, una reencarnación de la antigua confederación de los aztecas, sino el heredero institucional del virreinato de Nueva España. Fueron en buena medida las élites políticas y eclesiásticas de éste, en muchos casos descendientes directas de los conquistadores, las que orquestaron los movimientos de independencia y las que organizaron la nueva república”, recuerda Escribano. 

“Es decir, desde un criterio puramente histórico, el propio López Obrador, como jefe del estado mexicano, debería acompañar al papado y a Felipe VI en el acto de contrición que demanda con tanta contundencia, en tanto que México es, como la España contemporánea, un estado surgido de la monarquía imperial que ocupó el continente”, remarca este experto. Y va más allá: “Es más, también debería plantearse la posibilidad de pedir responsabilidades históricas a todas aquellas comunidades étnicas que contribuyeron a la caída del gobierno de Moctezuma y Cuauhtémoc. No hay que olvidar que fueron éstas las que compusieron el grueso del ejército de Cortés cuando este asaltó Tenochtitlán”.

Los efectos de la conquista, ¿aún perduran?

“Puede decirse que los efectos de la conquista condicionan al México contemporáneo, sí, para lo bueno y para lo malo. El clientelismo político, la fragmentación de los espacios soberanos, las tensiones étnicas y raciales, la mala distribución de la renta o la falta de fortaleza de las instituciones del estado liberal son grandes cuestiones cuyas causas se hunden parcialmente en los tiempos virreinales, como estratos profundos que se ocultan a las miradas superficiales”, reconoce Escribano. “Sin embargo”, puntualiza, “eso no quiere decir que tengamos vía libre para hacer interpretaciones simplificadoras, rayanas en el rebuzno. No es posible culpabilizar a la España actual de la existencia de estos problemas en las Américas. En cualquier caso, son problemas compartidos, pero también endógenos, inscritos en el tuétano de nuestras sociedades, y es una falacia intencional querer culpar exclusivamente al enemigo externo”.

Nadie niega la brutalidad de la conquista ni de los numerosos episodios de violencia y atrocidades cometidas. “Hacerlo lo hicieron, las matanzas aquellas... pero la guerra es la guerra”, apunta Alonso, que cree que no se puede responsabilizar a los españoles de hoy de aquellos sucesos. De hecho, el salvajismo no era exclusivo de los hombres de Hernán Cortés. El propio Bernal Díaz del Castillo narra que en dos ocasiones estuvo a punto de ser sacrificado en lo alto de una pirámide, de que le sacasen el corazón y le comieran los brazos y piernas. En el México precolombino el canibalismo era una realidad. 

Sacrificios humanos mostrados en el Códice Magliabechiano.

Escribano analiza, por su parte, el contexto en el que López Obrador ha hecho esta polémica petición. “El líder mexicano está mucho más preocupado por su propia imagen ante los líderes de la región y ante sus electores que por la resolución de un problema histórico. Su demanda grandilocuente de disculpas no es ninguna novedad: desde los tiempos de la independencia muchos líderes mexicanos han recurrido a la representación de España como enemigo externo con el fin de aglutinar las fidelidades nacionales y de cubrir con un tamiz cosmético la vacuidad o desorientación de sus propios proyectos políticos. Con su proclama demuestra que está ansioso por acallar las voces que han condenado su incomparecencia en la crisis venezolana y por presentarse como un exponente auténtico de la nueva izquierda latinoamericana, que siempre ha jugado la carta del discurso memorialista e indianista”.

Identidad conflictiva

″Lo que hace contradictoria la petición es tratar de imaginar que se puede identificar con facilidad a las víctimas y a los victimarios de aquel proceso tan complejo. Lo reitero, convertir algo tan relevante en una proclama demagógica es un acto de irresponsabilidad y de falta de respeto por el propio pasado mexicano. Por desgracia, AMLO no ha hecho más que seguir la tendencia generalizada en las democracias occidentales contemporáneas a instrumentalizar el pasado con fines electoralistas y nacionalistas. Si no aprendemos a mirar con otras lentes la historia plural, problemática y polisémica de las sociedades modernas perderemos la oportunidad de producir un diagnóstico complejo de nuestro presente y el futuro será víctima de nuestra ceguera voluntaria”, reflexiona Escribano.  

Ambos expertos coinciden en este análisis. La identidad mexicana es conflictiva, como muchas grandes identidades colectivas, ya que confluyen en ellas aspectos contrarios. “Siempre se necesita tener un enemigo para reafirmarse, el nacionalismo no existe si no tienes un contrario”, explica Alonso. Este autor explica que le gusta citar las palabras de Elie Wiesel, superviviente del campo de concentración de Auschwitz, la primera persona en usar la palabra “holocausto” para referirse al genocidio judío. Cuando Wiesel recibió el premio Nobel afirmó que “no somos responsables de la historia, sino de cómo la recordamos”. 

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