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16/05/2020 14:55 CEST | Actualizado 16/05/2020 14:55 CEST

Los temerarios enredos de Ayuso y compañía

El PSOE está muy callado. Igual reflexionan sobre un sabio consejo de Napoleón a sus generales: “Cuando el enemigo se equivoque, no le distraigan”.

Samuel de Roman via Getty Images
Isabel Díaz Ayuso.

Pongámonos bíblicos, pero no para hablar de cuentos desarretados sino para recordar algunos pensamientos imperecederos que alumbraron el camino a las leyes de la gravedad y al protagonismo de la manzana de Newton en la campiña británica. “Quien tira una piedra al cielo, en la cabeza le cae”, se dice en el libro Siracidas de la Biblia. Esto es tan obvio e indiscutible que se ha utilizado a lo largo de la historia también como metáfora, y equivalente a otro dicho, este transversal a todas las culturas y religiones y fuente primigenia del derecho: no hacer a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti.

Si hay algo peligroso y con efecto búmeran asegurado en la política es la frivolidad epatante y niñata, sea pija o pseudo proletaria. Las manifestaciones de insumisos anticonfinatorios orquestadas contra el Gobierno ex aequo entre Vox y el PP en el selecto barrio chic por excelencia de Madrid (lo de ‘excelencia’ no tiene nada que ver con que allí tuviera un palacete ‘Su Excelencia’) pueden ser como las piedras bíblicas lanzadas temerariamente a lo alto. 

La política reciente de España tiene muchos ejemplos de este efecto: la soberbia neoliberal aplicada a los recortes de la crisis del 2008, que diezmó a la clase media en beneficio de los albaceas de la aristocracia, como bien planteó Keynes, provocaron las mareas de colores en todo el país, los sanitarios, los profesores, los pensionistas… que dieron lugar al 15-M en Sol, que a su vez fue el caldo de cultivo en el que unos profesores sembraron la simiente de Podemos. 

Pocos politólogos y analistas objetivos discuten hoy que quien regó la planta morada fueron entre otros Mariano Rajoy, Cristóbal Montoro, Esperanza Aguirre, José María Aznar y su mujer, Ana Botella, y la venta de viviendas sociales a fondos buitre, la imparable sucesión de escándalos… además de los insultadores especializados de la derecha, lanzando cortinas de humo, que por conservadores quisieron conservar los modos y maneras de la CEDA. 

La historia tiene rincones inesperados. Miren ustedes por dónde, pero el comunista de corazón, marxista de lecturas, bolivariano de sueños de David contra Goliat, que es Pablo Iglesias, se encuentra en un punto del camino con la neoliberal, displicente, aznarista agresiva y sin complejos dada a las baladronadas intempestivas de Isabel Sánchez Ayuso. 

El PSOE está muy callado. Igual reflexionan sobre un sabio consejo de Napoleón a sus generales: “Cuando el enemigo se equivoque, no le distraigan”.

Los dos a fin de cuentas han pecado de lo mismo: el declive de la imagen de Pablo Manuel Iglesias y de su pareja, Irene Montero, empezó cuando traicionaron sus palabras, y a través de sus actos también sus idearios y él se cambió de un humilde pisito en barrio obrero a una mansión en Galapagar; Isabel Díaz Ayuso ha iniciado su cuesta abajo por otro pecado inmobiliario: el alquiler de dos apartamentos en un hotel para pasar el confinatorio. 

Es una madeja que cada vez que se tira del hilo, se queda uno en la mano con el hilo mientras la madeja sigue intacta. La explicación de cola de la frutería de la presidenta madrileña es de esnob total: no va a trabajar para los madrileños en la mesa de la cocina. Muchos trabajamos a veces en la mesa de la cocina, y si está limpia no pasa nada. Un folio no se distingue de otro escrito en la biblioteca, ni un post de otro que ve la luz en la leonera pegada al cuarto de la lavadora. ¿Hubo tráfico de influencias? ¿El tal Sarasola le dio trato de favor?¿Por qué no actuar con claridad y que fuera el Gobierno madrileño quien contratara una residencia oficial cercana por motivos de seguridad y pandémicos? ¿Qué hubo detrás de la extraña concesión a Telepizza y Rodilla para sustituir los menús de los comedores escolares por comida rápida ultraprocesada? Lo siento, pero las privatizaciones del PP en Madrid siempre han terminado oliendo mal. 

Naturalmente, hay cosas de la izquierda que también huelen raro. Y de ellas se ha hablado cuando ha tocado. Ahora, y cuando se dice ahora eso significa de momento, es el turno de hablar de las vocingleras y embanderadas contestaciones al confinamiento por los que no quieren una desescalada progresiva (todo lo que tenga que ver con las palabras progre o progresista les da repelús y los pone al borde de un ataque de nervios) sino puertas abiertas de inmediato a la normalidad económica.  

Esa finalidad tienen, aparentemente, por el principio del pato, las manifestaciones en la calle Vasco Núñez de Balboa en pleno barrio de Salamanca, aparte del objetivo asumido por Casado y Ayuso de ‘advertir’ al Gobierno. La presidenta ha sido clara y concisa: “Como sigan así, lo de Núñez de Balboa va a ser una broma”. 

Es una piedra a lo alto. Las manifestaciones del PP con los obispos bendiciendo la procesión, mutatis mutandis procrearon la movida de los indignados. Los memes salidos de las fábricas de bulos de la derecha, tienen su contrapartida en los memes salidos de las fábricas de la izquierda; así como los memes de las brigadas moradas activaron los de los batallones azules. 

Lo siento, pero las privatizaciones del PP en Madrid siempre han terminado oliendo mal.

Estas concentraciones, movidas de palo de golf, caceroladas y escandaleras aventadas por las derechas –Ciudadanos parece haber elegido el centro y la prudencia– pueden tener en las próximas semanas la respuesta de nuevas mareas ‘autoconvocadas’. El PSOE está muy callado. Igual reflexionan sobre un sabio consejo de Napoleón a sus generales: “Cuando el enemigo se equivoque, no le distraigan”.

El lugar elegido para plantar cara al confinamiento y acabar con el estado de alarma (aunque un Ejecutivo del PP habría hecho lo mismo, estirando el chicle todo lo posible) tiene su aquél para los supersticiosos y aprensivos. Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Mar del Sur (el Pacífico), un explorador de prontos poco sujeto a disciplinas y corsés, acabó siendo juzgado por sus envidiosos compañeros de aventuras que, finalmente, lo condenaron a muerte (en tierras del actual Panamá) y fue decapitado al hacha y su cabeza empalada durante semanas. 

Los tiempos han cambiado mucho, claro; los antiguos hechos son metáforas para la actualidad. Lo único que no es metafórico hoy es el resurgir de las fuerzas oscuras en Europa. 

Estos días, Alemania vive también en un clima de crispación por la protesta común y conjurada de extremistas, conspiracionistas, populistas… todos clamando contra las restricciones por el coronavirus. Este movimiento, ‘comprendido’ a la zorruna por ciertas patronales, puede extenderse como una mancha de aceite, modalidad ricino,  por todo el continente, y más allá. En EEUU está el tarado de Trump, en Brasil el pro-golpista Bolsonaro… en Reino Unido el famoso excéntrico (otros le dicen payaso) Boris Johnson…

El hispanista español que nació en Irlanda, Ian Gibson, lo tiene claro. En una entrevista que le hizo el viernes Juan Luis Valenzuela en elplural.es se muestra rotundo: “Organizar caceroladas ahora es de gente malvada, desquiciada y fanática”. 

El ‘ahora’ es la clave. ‘Ahora’ significa covid-19, casi 28.000 muertos. Y aunque el número de fallecidos diarios va bajando, últimamente la cifra de contagios sube significativamente. Por lo tanto, la incertidumbre sigue en el horizonte. 

¿Y ahora, no se estará traicionando a los muertos según el rasero Rajoy? 28.000. Y los que pueden morir sin necesidad si se afloja imprudentemente el control.

Pero estas ruidosas protestas tienen un motivo táctico (el estratégico es acabar con Sánchez y el gobierno de coalición, también según el prestigioso historiador irlandés-español): acallar los aplausos de los vecinos de toda España desde sus balcones a los sanitarios, y en general a todos los miembros de los servicios esenciales. Nunca acabaron de gustarles a los populares y a Vox, que no disimulaban sus reticencias. No había suficientes banderas en las ventanas.  Para muchos de ellos, ellos no son solamente españoles, son ‘los españoles’ por antonomasia y onomatopeyas. 

Algunos creían, y siguen creyéndolo, que en el fondo las palmas agradecidas y generosas eran un respaldo al Gobierno. O podía parecerlo. Porque solo se aplaude cuando algo está bien. Sin embargo, la cacerolada, los abucheos, los gritos de ‘Sánchez dimisión, que abra Luis Vuitón’, sean estos realidad o un invento, quieren dejar claro que el Gobierno lo está haciendo rematadamente mal, y que, como diría el sanguíneo Fraga, “la calle es mía”. Eso es lo que los estrategas de Génova y sus franquicias quieren que suene, y no mojigaterías de almas cándidas. 

Tengo una duda interior, una pregunta que me hago mientras tecleo el Mac en la mesa de la cocina con las papas fritas en la sartén: ¿y ahora, no se estará traicionando a los muertos según el rasero Rajoy? 28.000. Y los que pueden morir sin necesidad si se afloja imprudentemente el control.