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03/07/2019 07:17 CEST | Actualizado 03/07/2019 08:39 CEST

Nando López: "Cuando empiezas a usar marica como insulto, no sabes qué significa"

El profesor y escritor, autor de 'Nadie nos oye', habla de la necesidad de mostrar referentes LGTBI en las aulas.

Carlos Pina

Nando López nació en Barcelona el 28 de junio de 1977 y desde muy temprano tiene muy claras sus dos luchas principales: la visibilidad LGTBI y la educación pública.

Él —profesor de Lengua y literatura en la ESO durante 10 años en un instituto público— fue siempre visible para sus alumnos y se ha convertido incluso en un ejemplo para muchos ellos. Y no, nunca sufrió bullying, pero no le hizo falta para ser consciente de la discriminación y la necesidad de tener referentes para el colectivo. “Siempre me he preguntado qué pasa en las familias y en las aulas que no tienen ese apoyo que he tenido”, señala.

Hace cuatro años que no ejerce la docencia, pero sí que visita las aulas por su faceta de escritor. Delante de la pizarra y entre los pupitres de los adolescentes sigue transmitiendo el mismo mensaje: “En la adolescencia es muy importante hablar y expresarse”. 

En su etapa como docente, siempre ha trabajado en centros públicos, y nunca ha tenido ningún problema con ningún alumno y tampoco con sus compañeros del claustro. “Tuve una conexión emocional muy sincera con mis alumnos y podía enterarme enseguida si había algún problema o si alguien era LGTB. Ser visible en las aulas cambia mucho, ayuda a superar muchos miedos y prejuicios”, recalca.

“La literatura y la educación son muy poderosas”, enfatiza López, que indica que tanto la docencia como la escritura sirven para dar visibilidad a las generaciones LGTBI que les han precedido. “Los jóvenes ven el bien que puede hacer expresarse libremente y ellos quieren también ejercer esa faceta. Tenemos la necesidad de hacerlo, por todas esas generaciones que han luchado por nuestros derechos y que han dado su vida por ellos. Les debemos seguir luchando”, añade.

Tuve una conexión emocional muy sincera con mis alumnos y podía enterarme enseguida si había algún problema o si alguien era LGTB"

 

Confiesa que hay colegios que sí le han vetado sus libros, pero son “una minoría” y, generalmente, desconoce los motivos. “Lo que me preocupa de esto es que significa que nos asusta la ficción”, recalca. Él acude a dar ayuda a los jóvenes que la necesitan en institutos, y también a los adultos y profesores: “Generalmente me llaman después de casos de bullying o intentos de suicidio para ver si con mis historias pueden sentirse representados”.

“Es necesario que nuestros alumnos tengan un espejo en el que mirar”

El docente recomienda a sus compañeros hacerse visibles: “Siempre les insisto en que es necesario que nuestros alumnos tengan un espejo en el que mirar. En la adolescencia es muy importante poder hablar y expresarte”.

A pesar de su buena experiencia, López sabe que hay profesores a los que todavía les cuesta tomar esta decisión: “Cada vez hay más visibilidad, pero hace falta todavía más, queda mucho por hacer. Creo que es una asignatura aún pendiente, pero se está avanzando mucho”.

El cambio de perspectiva y de generación hace que López pueda comparar sus tiempos en el instituto y cómo son las aulas actualmente. “Hay institutos con pancartas a favor de la visibilidad, banderas LGTBI… Incluso hace poco estuve un centro escolar, que en Diseño habían hecho un peto vaquero unisex con la bandera y era una idea que había salido de ellos a favor de la igualdad”, detalla.

De su época en las aulas guarda muchos buenos recuerdos, incluso algún exalumno le ha tenido como referencia en visibilidad actualmente. “Uno me escribió recientemente para contarme que él es profesor ahora y, como a él en su momento le ayudó tenerme como referente, ha decidido ser visible y está ayudando a esos jóvenes.”, detalla.

Carlos Pina

Con sus libros también ha tenido experiencias con lectores a los que les ha ayudado. “Un chico trans me escribió diciendo que su madre le había regalado uno de mis libros, La edad de la ira, justo cuando estaba encontrándose a sí mismo y no estaba bien. Y fue ella quién le ayudó a encontrarse a reconciliarse consigo mismo, a elegir su nuevo nombre y demás”, detalla. “Me mandaron una foto de los dos con la novela y fue de las cosas que más me ha impactado en la vida”.

Los jóvenes interactúan mucho con él para pedirle recomendaciones de obras con personas de su orientación o identidad sexual, e incluso le sirven como inspiración. ”La mayoría de mis obras cuentan las historias de los chicos que conozco, tanto como profesor, como ahora yendo a encuentros a los institutos. Recibo mensajes de lectores que quieren que cuente su historia, lo ven como una vía de desahogo”, indica. 

Sin embargo, según cuenta, no todos los jóvenes son tan abiertos a la hora de hablar de su sexualidad. La vergüenza sigue existiendo y el bullying también. “Hay muchos jóvenes que no hablan en los encuentros por vergüenza con sus compañeros y, cuando llegan a casa, me escriben por Instagram”, señala.

También le ha pasado con personas trans. Para López es todo un honor que haya jóvenes que hayan confiado en él para desvelarle su nombre. “En un instituto le fui a firmar el libro a alguien y me dijo un nombre masculino titubeando. Después me escribió para decirme que era la primera vez que lo decía, que no era oficial, y que le hacía mucha ilusión tenerlo escrito por un escritor, ahí, en un libro que le había gustado”, detalla.

Carlos Pina

 

“Lo que pretende imponer Vox es el adoctrinamiento” 

La labor que hacen tanto él como otros profesores y creadores es más necesaria que nunca con el auge de la ultraderecha. “Estamos en un momento de peligro. Hay gente con voz en las instituciones que defiende brutalidades, como las terapias de conversión”, enfatiza.

Para López, lo más importante es la integridad de los menores y el supuesto “adoctrinamiento” que señala Vox que hay en las aulas poco tiene que ver con el colectivo. “El adoctrinamiento es lo que pretenden imponer, quieren quitarnos derechos a la comunidad LGTBI pero, sobre todo, me preocupa el daño que quieren hacer a los menores”, indica. “Torturar a un menor, robándole su identidad por ser o querer lo que él quiera, me parece gravísimo. Creo que eso es inadmisible y debería estar protegido por la Ley del menor”, sentencia.

El freno a esta ultraderecha se encuentra en las aulas. “Hay centros donde el claustro ya se ha posicionado para decidir que si uno de sus alumnos y alumnas sufre una terapia así se tiene que denunciar”, señala. “Creo que, en la mayoría, la comunidad educativa está en el lado contrario: defendiendo la libertad y la igualdad. Quiero creer que sí y que prevalezca. Por eso creo que es necesario ser visibles y beligerantes”.

Torturar a un menor, robándole su identidad por ser o querer lo que él quiera, me parece gravísimo"

 

López recuerda la alta tasa de suicidio del colectivo LGTBI en las aulas y que es precisamente esta la segunda causa de muerte entre adolescentes. Aunque no todo el bullying es homofóbico.

“El acoso escolar tiene muchas causas: hay homofobia, gordofobia… Incluso ser el raro por la música que escuchas. Cualquier factor, pero la homofobia sigue siendo una de ellas”, señala el escritor, que recalca que lo más peligroso es el cyberbullying y que las víctimas no puedan desconectar al salir del aula.

“Tiene muchas formas, sigue existiendo el insulto, pero también puede ser la omisión en redes sociales: no darte nunca like, no meterte en un grupo de WhatsApp…”, detalla.

“Cuando empiezas a usar la palabra marica como insulto, no sabes ni lo que significa”

En las aulas, además de educar en visibilidad, López recalca que es importante explicar el significado de las palabras y, de cara al acoso escolar, concienciar de lo que quiere decir un insulto. “Cuando empiezas a usar la palabra marica como insulto, no sabes ni lo que significa. Hay que educar en el lenguaje sin hacer daño, en el lenguaje inclusivo…”, detalla.

Ese no es el único factor de este caldo de cultivo, unas aulas con una media de 36 alumnos en la ESO tampoco ayuda. “No podemos tener aulas masificadas porque así se nos escapan los problemas. Tienes que tener una ratio razonable, en las aulas nos jugamos una generación, el bienestar físico y emocional del futuro.”, recalca.

Para el escritor, los padres y profesores son cada vez más conscientes del bullying y la frase “es cosa de niños” está prácticamente extinguida. Sin embargo, sigue habiendo muchos cómplices en las aulas que permanecen en silencio. Ese es “el gran problema”. “No es solo el verdugo, sino todos los que le apoyan”, enfatiza. ”Hay mucho miedo en el grupo por no destacar y no convertirte en la próxima víctima”.

No podemos tener aulas masificadas porque así se nos escapan los problemas"

 

No carga contra los jóvenes, de hecho recuerda que en los entornos de adultos sucede lo mismo. “Mira el caso de la trabajadora de Iveco”, comenta apenado.

¿Cuál es la solución ante esta situación de pasividad? El docente lo tiene claro: “Hay que demostrar que el grupo es mucho más fuerte cuando se une que cuando se desune por miedo. Hay que intervenir y alzar la voz”.

Otro de los factores que juega un papel crucial es la relación de los adultos y los jóvenes. ”Hay veces que los adultos no quieren escuchar, pero también es verdad que los adolescentes se callan muchas cosas por el miedo a que no les entiendan o no saben de qué hablar y tenemos que generar puentes para hablar y para estar pendientes”, detalla. ”Por eso escribo también sobre las situaciones con los padres, para que los adultos reflexionen también”.

Si López tuviera que mandar un mensaje a los jóvenes, desde su experiencia, tiene claro cuál sería: sin presiones y gestionando sus propias decisiones. “Nadie tiene derecho sobre su vida, y eso es algo que a veces no lo saben ver. También que decida cuándo quiere ser visible por sí mismo. El tiempo que lo ponga cada uno. Necesitan ver que esa decisión les va a hacer bien, nada más”.

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