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27/10/2020 09:30 CET | Actualizado 27/10/2020 09:30 CET

Otra vez metieron a Dios en el fregado

Casado, Ayuso y muchos más tienen que leer más. Sea de papas o de pensadores. Es indecente seguir jugando al pierde.

Horas antes de que el presidente del Gobierno de España se entrevistara el sábado 24 con el papa Francisco en el Vaticano –el argentino cardenal Bergoglio, esto es importante– un centenar de ‘personalidades’ católicas españolas enviaron una carta al sumo pontífice para prevenirle sobre las malas artes del presidente del Gobierno. 

Este grupo, lleno sin duda de buenas, nobles y beatas intenciones, que se parecían como una gota de agua a otra gota de agua al argumentario de la derecha nacional, advertía píamente a S.S. sobre las “políticas divisivas” del líder socialista, para que no lo engañara durante la inminente audiencia. Todos los medios adictos destacaron la noticia, sin entrar en consideraciones de fondo, que las había y las sigue habiendo. Una de ellas es que varios de los que más alientan la división entre los españoles y que más sectarismo predican a través de sus comunicadores estrella, son propiedad de la Conferencia Episcopal.

De entrada algunos lectores me hicieron notar que los que alertaban a Bergoglio sobre las políticas divisivas del sanchismo estaban llevando a cabo ellos mismos una estrategia divisiva, que entronca directamente, por ejemplo, con una táctica opositora  de dos cabezas: una, ignorar que la iniciativa política que corresponde al Gobierno la desarrolla el Gobierno; y otra, el llevar la oposición, sea por un roto o por un descosido, a las instituciones europeas, debilitando así la posición del Estado. 

No es una mera casualidad que iniciativas recientes en este sentido se hayan vinculado a las ayudas y créditos europeos para la reconstrucción, hasta parecer como si retrasarlos y bloquearlos fuera en realidad la intención oculta bajo montañas de remilgos, palabrería y medias verdades. ‘Cuanto peor, mejor’.

Cuando las tres derechas –a las que la prensa, radio y televisión adictas unificaban bajo la falsa y tramposa definición de ‘centro derecha’, incluyendo a Vox en el paquete– se hicieron la foto en Colón… ¿acaso no estaban fortaleciendo la división al imposibilitar el diálogo mediante el abandono del centrismo, sobre todo por parte de Ciudadanos, que puso rumbo hacia su hundimiento, como del PP al unir sus destinos al de la ultraderecha? 

Algo que hemos sostenido muchos muchas veces ante el avance de los charlatanes que venden un  patriotismo de cartón piedra: la patria se hace pagando impuestos.

La vida y la política suelen dar sorpresas. Los dirigentes del PP y de Ciudadanos (entonces bajo el núcleo entre duro y tonto de Albert Rivera y compañía) descalificaban con solemne autoridad a los periodistas, analistas y politólogos que les advertían del error de abandonar el centrismo. Lo mismo que los mismos, y otros, prevenían a Sánchez sobre los peligros de su alianza con Pablo Iglesias (bis). Pues bien, el gran discurso de Pablo Casado en el Congreso, que de ahí en adelante se conocerá como el de “hasta aquí hemos llegado”, aunque ahí habían llegado porque les dio la real y codiciosa gana, fue en el fondo un compendio de los argumentos que le avisaban sobre el coste de unir su estrategia con el ataque zombi del franquismo. 

Quizás aún Pablo Casado no tenga totalmente claro el daño que el alma franquista –o sea, fascista y guerracivilista– le ha hecho a un partido conservador que quiso ser en algunos momentos un motor de moderación, aunque ha tenido que sufrir fuertes tensiones internas entre el sector conservador moderado y el conservador reaccionario. En el fondo, nada nuevo. Ya J.M. Keynes habló de ello, aunque refiriéndose al Reino Unido de principios de los años 20 del siglo pasado. 

Reflexionaba con la mascarilla puesta sobre el virus del odio hace un mes al asistir a una boda en la pequeña ermita de La Piedra en Cariño (A Coruña). En un lateral del templo, unos azulejos alfabéticos –en cada uno, una letra mayúscula– que proclamaban ‘ESTA ES LA CASA DE DIOS’. Debajo, una lápida de mármol en la que a pesar del tiempo y del clima, lluvia y humedad, puede leerse lo grabado: flanqueados por una cruz, y bajo el recuerdo de JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA, los nombres de los diez vecinos del bando franquista muertos en la guerra civil. ‘Caídos por Dios y por España. PRESENTES’. 

Ángel Tristán
La parroquia de La Piedra en el Concello de Cariño (A Coruña)

Esto es así en cientos de templos, incluidas catedrales, de toda España. Y mientras la Iglesia las mantiene con toda la normalidad, y la ‘Casa de Dios’ sigue sin acoger en sus muros a los caídos republicanos, civiles inocentes asesinados, en la plaza de San Pedro se han seguido beatificando ‘mártires de la Cruzada’.  

No la de Urbano II para conquistar Jerusalén. La de la Guerra Civil española. Y la derecha, a impulsos de su ‘poder franquista’ interno, ha mantenido una política cerrilmente divisionista al oponerse y frivolizar con la búsqueda de los miles de cadáveres ‘desaparecidos’ que aún quedan en cunetas, pozos y descampados. 

Si nos atenemos a la letra de la Constitución y al espíritu de reencuentro y concordia que animó a los constituyentes, suficientemente acreditado, podría decirse como mínimo que ha habido largos periodos en que las ‘fuerzas ocultas’ detectadas en el seno popular han podido más que las verdaderamente leales al espíritu constitucional.

Por su parte la jerarquía católica en España ha sido inmune, con algunas muy valientes y honrosas excepciones, como el cardenal Tarancón y los taranconianos, al cambio de régimen y de era. Muchos han seguido en la democracia como si siguiera la dictadura. 

Ángel Tristán
Altar en la carretera de Santa Brígida, en Gran Canaria, con la inscripción "caídos en la guerra de liberación". 

La breve audiencia papal al presidente Sánchez vino pues precedida de esa nerviosa advertencia del inmovilismo, anclado en los concordatos preconstitucionales, que se niega a adecuarse a este tiempo. Bergoglio estuvo fino en sus palabras. Conocedor de la complejidad de la política española, de las posturas intransigentes, del auge de la extrema derecha y de la ruptura de Casado con Abascal, improvisó un pequeño discurso que no tiene solamente a su interlocutor como destinatario, sino a todos los bandos y banditos. 

“La política no es cuestión de maniobras”. “La patria es lo más difícil que hemos recibido. Debemos construir la patria con todos”. “Consolidar la nación supone dificultades de entendimiento con los localismos y los dialectos. En todos los países los hay. Pero también del derecho y la justicia, para hacer que la nación sea cada vez más fuerte”… “Es muy triste cuando las ideologías se apoderan de la interpretación de una nación, de un país, y desfiguran la patria”. 

Ante la situación de crispación que vive España, el papa quiso alumbrar un camino que le permita “progresar”. De ahí el llamamiento a “una patria con todos”. Y todas, claro. 

Sin embargo, la alusión a las ideologías hubiera necesitado un matiz. Nadie es perfecto, sobre todo en las improvisaciones. Las carga el diablo. Quizás este párrafo fuera más exacto si aludiera a los extremismos ideológicos, porque lo que está detrás de la construcción europea, de la democracia española, de los estados de bienestar, del avance de los pueblos… son ideologías. 

Casado, Ayuso y muchos más tienen que leer más. Sea de papas o de pensadores. Es indecente seguir jugando al pierde.

Yo complementaría a Bergoglio con las consideraciones de Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio, un texto fundamental en la Iglesia del siglo XX y de plena vigencia. Me acordé de él leyendo la entrevista a Yuval Noah Harari, historiador, el domingo pasado en El País, cuando el más famoso pensador actual decía que “ser patriota es sostener un buen sistema sanitario”. “Nadie puede pensar en serio en dejar al libre mercado la gestión de la salud pública”. Algo que hemos sostenido muchos muchas veces ante el avance de los charlatanes que venden un  patriotismo de cartón piedra: la patria se hace pagando impuestos.

Decía el papa Montini: “¿Está dispuesto a sostener con su dinero las obras y las empresas organizadas a favor de los más pobres?, ¿A pagar más impuestos para que los poderes públicos intensifiquen su esfuerzo para el desarrollo?...”.

A continuación explicaba (PP 62.-63) que “el nacionalismo aísla a los pueblos en contra de lo que es su verdadero bien”. “Y el racismo es un fermento de división y de odio…”.

Harari dejaba asimismo un mensaje clave: “En tiempos normales se puede gobernar con una parte de la sociedad. En una pandemia se necesita la colaboración de todos”.

Casado, Ayuso y muchos más tienen que leer más. Sea de papas o de pensadores. Es indecente seguir jugando al pierde. Lo dijo Francisco: “La política no es cuestión de maniobras”. A ver qué dicen los buenos cristianos alarmados…

Lo que sí me dijo un amigo, catedrático de la ULPGC, es que hay un proverbio de pescadores que dice que “mientras más alto vuele la gaviota, más lejos ve”. No puede seguir picoteando en los contenedores porque se le escapan los cardúmenes. 

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