Pese a la debacle en Italia, la izquierda española ni se plantea ir junta a las generales

El argumento más recurrente es incidir en la diferencia entre el sistema electoral italiano y el sistema español.
Giorgia Meloni, líder ultraderechista ganadora de las elecciones italianas.
Giorgia Meloni, líder ultraderechista ganadora de las elecciones italianas.
picture alliance via Getty Images

La derecha unida y la izquierda por separado han dado como resultado en Italia un gobierno de extrema derecha. Después de lo que acabamos de ver, planteamos a los políticos progresistas y de izquierdas si sería conveniente y posible una coalición para frenar en las urnas un hipotético gobierno PP-Vox, que se sumaría a la tendencia populista que va ganando terreno en Europa. Garzón (IU), Rufián (ERC), Bolaños (PSOE), Errejón (Más País), Baldoví (Compromís), Santiago (PCE), Guitarte (Teruel Existe)…

Alberto Garzón, ministro de Consumo, no lo ve factible: “La ley electoral española es muy distinta a la italiana. Joaquín Almunia y Francisco Frutos —líderes de PSOE e IU en ese momento— lo intentaron en el año 2000 y no cuajó. Nunca se ha vuelto a hablar a día de hoy. Sociológicamente no es buena idea”. El ‘pacto para gobernar’ al que se refiere Garzón y que se anunció como gran hito histórico, dadas las complicadas relaciones que ha habido siempre entre la izquierda, pretendía sacar a Aznar de la Moncloa. A pesar de que en las encuestas pre electorales el pacto suscitaba apoyos, no funcionó para movilizar el voto en las elecciones.

Este fracaso parece pesar demasiado aun en la izquierda, a pesar de que han pasado 22 años y el contexto no tiene nada que ver. El acuerdo fallido es también un buen argumento que esgrimir cuando hay pocas ganas de materializar ningún tipo de acuerdo. “Este tipo de experiencias no ha funcionado. Lo que es seguro es que el PSOE acudirá a las próximas elecciones con sus siglas. A la izquierda le puede funcionar el proyecto de Sumar”, afirma el ministro de presidencia, Felix Bolaños.

“El error de la izquierda italiana es haberle copiado las recetas económicas a la derecha. La mejor forma de llegar fuertes a las próximas elecciones es no defraudar este invierno”

- Íñigo Errejón, líder de Más País.

Otros, como Iñigo Errejón, prefieren extraer otras enseñanzas de lo que ha sucedido en Italia, centradas en la políticas más que en las coaliciones. “La lección de Italia es que lo que no perdona la gente es que la defrauden. El error de la izquierda italiana es haberle copiado las recetas económicas a la derecha. La mejor forma de llegar fuertes a las próximas elecciones es no defraudar este invierno. La receta a seguir para el duro invierno que se acerca son las que ya defienden la Comisión Europea y el BCE: solidaridad fiscal, ayudas a los más vulnerables, un Estado fuerte para garantizar derechos y gobernar la economía. Las próximas elecciones las decide la valentía del gobierno este invierno”.

Pero el argumento más recurrente entre todos los interrogados es incidir en la diferencia -real- entre el sistema electoral italiano y el sistema español. “Aquí no tiene nada que ver con el sistema italiano, nosotros seguimos trabajando desde hace tiempo en la necesidad de reforzar el espacio de izquierda para que se mantenga y continúe el gobierno de izquierdas. Para ello es un requisito indispensable que ese espacio que lidera Yolanda Díaz salga adelante muy reforzado. En eso estamos trabajando”, explica Enrique Santiago, secretario general del PCE, en línea con Bolaños. Santiago sabe bien lo complicadas que son las coaliciones, él mismo fue destituido por Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales, el pasado julio como secretario de Estado para la Agenda 2030 tras los problemas surgidos al conformar la coalición de izquierdas para las elecciones andaluzas.

“Una coalición de izquierdas ahora mismo provocaría una polarización enorme. Una cosa es gobernar con otro partido por necesidad y otra por vocación”

- José Luis Ábalos, exministro y ex secretario de Organización del PSOE.

José Luis Ábalos, el ex ministro de Transportes que, como secretario de Organización del PSOE durante cuatro años, ha tenido que negociar en multitud de ocasiones, tiene una visión que también cuestiona una coalición progresista. “Una mayoría no se lograría sólo en torno a PSOE, Podemos y Más Madrid, habría que tener más formaciones y contar con esos otros socios no resulta viable. La situación no se parece a la de Italia. Vox es un síntoma de la decadencia del PP, si este se recupera descenderá el apoyo a la extrema derecha. Además de Almunia y Frutos, también se intentó en 1998, cuando se presentó a Cristina Almeida a la Comunidad de Madrid, tras pactar los dos partidos. No funcionó. Una coalición de izquierdas ahora mismo provocaría una polarización enorme. Una cosa es gobernar con otro partido por necesidad y otra por vocación”.

Como Ábalos, un alto cargo socialista al que le va a tocar negociar en los próximos meses mantiene que “uno más uno jamás son dos”. “Ya lo hemos experimentado. Mira lo que pasó con Almunia o con el PSE y Euskadiko Ezkerra, y aún queda un año. Con la velocidad a la que va la política española y después de las municipales habrá que ver el panorama”.

Rufián, Baldoví y Guitarte

Hasta aquí, las opiniones para una coalición de izquierdas amplia y a nivel nacional. Pero ¿y entre la izquierda nacionalista? El sentimiento y la necesidad de hacer algo se desea e incluso se extiende, pero con matices. Gabriel Rufián, el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, vive ese sentimiento cada martes o miércoles, cuando habla de la izquierda acosada por la derecha y la ultraderecha, desde un partido independentista. “Dentro de nuestras diferencias nacionales, creo que la izquierda catalana, la gallega, la valenciana deberían unirse. No con una lista electoral conjunta, pero sí compartiendo cuatro cosas básicas, necesarias, con modelos similares”.

Joan Baldoví, el diputado en el Congreso de Compromís, padece el sentimiento de temor tras lo que ha pasado en Italia, “y nos tiene que hacer reflexionar, aunque somos sistemas políticos diferentes y no homologables”. “Por ejemplo, en Andalucía se unieron tres derechas para echar a cuatro izquierdas…. Ahora, en unas generales deberíamos ser capaces de construir algo que ilusione a la gente, siempre y cuando se respeten las singularidades tradicionales”. Baldoví no ha ocultado su simpatía por el proyecto Sumar de Yolanda Díaz y cree —de corazón— que es imprescindible hacer algo muy serio para las generales.

“En unas generales deberíamos ser capaces de construir algo que ilusione a la gente, siempre y cuando se respeten las singularidades tradicionales”

- Joan Baldoví, diputado de Compromís en el Congreso.

Hay otras razones entre los pequeños. Del centro progresista a la extrema izquierda, los temores son también de otro tipo, aparte de los de los nacionalistas: la polarización aún mayor entre dos bloques enfrentados. Unos cuantos opinan que es mejor la pluralidad. Es el caso de Tomás Guitarte, de Teruel Existe. “Nuestro sistema electoral es más eficaz que el de Italia pero no tengo nada claro que la conformación de bloques ayude. Aquí el sistema permite el pluralismo y polarizarse en exceso, lleva a situaciones no deseables. Es necesario otro punto intermedio en ese arco”.

Falta un año para unas elecciones generales, quizá nueve o diez meses. Las autonómicas de mayo tendrán algo que decir, pero lo que está claro es que la izquierda española o se pone las pilas y sepultan la cantidad de egos revueltos que en ella se mueven, o se acaba el tema. Lo que está en juego es la democracia. Y sus votantes saben que ya no es una cuestión de ideas sino de personalismos y liderazgos. Algo muy, pero que muy cutre pese a lo que predican sus profetas. Los retirados a las bambalinas para enredar y los que se matan a codazos para permanecer.

La ultra Meloni gana las elecciones en Italia