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16/04/2019 07:43 CEST | Actualizado 16/04/2019 07:43 CEST

"Policía patriótica"

Agencia EFE
El comisario Villarejo, en una imagen de archivo. 

Para entender a la denominada “policía patriótica” lo primero que tenemos que admitir es que la Transición no hizo posible una depuración de los principales actores policiales del franquismo. La derecha llegó con los deberes hechos, es muy fácil de explicar: En el Cuerpo General de Policía, luego llamado Cuerpo Superior, se ascendía a la categoría de comisario por el procedimiento de antigüedad. La Revolución de los Claveles en Portugal hizo pensar (ellos también piensan) que un cambio político en España podría llevarles a las mismas consecuencias que a los miembros de la PIDE (Policía Internacional e de Defensa do Estado) y en consecuencia pusieron en práctica un concurso-oposición para colocar a comisarios jóvenes que no hubieran estado en la guerra civil. El primer tribunal de oposición estaba presidido por el todopoderoso Comisario Conesa. Una promoción siguió a otra, en un plan excelentemente diseñado. Un becario podría hacer con facilidad un árbol “comisariológico” con solo consultar el BOE. Primero defendieron el “espíritu del 12 de febrero de Arias”, luego se hicieron centristas, sin dejar de contactar con la ONC (Organización Contrarrevolucionaria Nacional) que luego pasó a llamarse SECED (Servicio Central de Documentación). Por simplificar podríamos decir que allí, además de fraguarse una profunda amistad a lo Casablanca, se empezó a trabajar con metodologías no muy acordes con la democracia que se estaba tratando de abrir paso.

Los primeros gobiernos del PSOE se encontraron con la imposibilidad de realizar una verdadera política criminal. La libertad estaba por encima de la seguridad en el programa del 82, en el que participé activamente. Pero el “Tiempo de Canallas”, como lo define Teo Uriarte, marcó claramente el diseño de las políticas de Interior. El número de muertos que ETA ponía a la sociedad española impedía una atención más precisa para las políticas de Seguridad Ciudadana. Se hacía prioritaria, lógicamente, la lucha contra ETA. Y los agentes encubiertos, y policías del antiguo régimen, con sus métodos pragmáticos, ofreciendo resultados positivos se hicieron con el cotarro. No había, para desgracia de la democracia, ningún comisario a quien pudiera aplicársele con rigor el calificativo de progresista.

La gestación de “lo patriótico” se va incubando a lo largo de los años en una parte de la policía, la que se dedica a la información. Minoritaria, pero con enorme poder e influencia. Influencia, para colocar en las embajadas. Por ejemplo, García Catalán en Nueva York o Santos Bernal en Venezuela, puestos claves para que Fuentes Gago, dirigente toda su vida del sindicato más a la derecha (aunque después de ver al SUP en la Plaza de Colón me cuesta trabajo este calificativo), para confeccionar la documentación del llamado informe PISA. El informe que Manuel Vázquez, desprestigiando a la UDEF, trató de “vender” a los fiscales. Me consta que el Tribunal de Cuentas no tragó, y uno de sus consejeros comentó cómo parecía imposible que a tal documento se le pudiera dar credibilidad.

Conviene recordar, que fue con Rodríguez Colorado, como director de la Policía, una vez modificado la composición de los tribunales, que pasaron a estar integrados por catedráticos de universidad, cuando surgió la primera promoción de comisarios, ya unificada la Policía Nacional con el Cuerpo Superior, habiendo dado lugar a lo que hoy se conoce como Cuerpo Nacional de Policía. La promoción fue bautizada como Promoción Pablo Iglesias, para marcar con el dedo acusatorio a los cinco nuevos comisarios que habíamos pasado gran parte de nuestra vida luchando por democratizar los cuerpos de seguridad. Personalmente, yo me convertí desde ese mismo momento en un “hombre del Colo”.

Para entender a la denominada 'policía patriótica' lo primero que tenemos que admitir es que la Transición no hizo posible una depuración de los principales actores policiales del franquismo.

Años después, Villarejo fue contratado por el BBVA, con su empresa Cenyt, para investigar a la vicepresidenta del Gobierno de Zapatero, y al ministro Sebastián. Al frente de la seguridad del banco figuraba Julio Corrochano, quien había sido Jefe de la Unidad Operativa en el País Vasco. Por lo demás, hombre muy relacionado con el “patriótico” García Castaño, a su vez, en la Unidad Central de Apoyo Operativo. Es decir, uno controlando las redes de información y el otro los “medios técnicos”.  A Corrochano, José María Aznar, antes del chollo del banco, le había nombrado jefe superior de Policía de Madrid.

Por las vicisitudes que da la vida, un Día de la Policía, celebración que cada año se hace bajo el patrocinio de los Ángeles Custodios, como si hubieran leído a Milton, este humilde servidor se encontraba de comisario-jefe de la Comisaría de Pozuelo de Alarcón. Como me creo la Constitución suprimí la misa. En su lugar dimos un concierto con la banda del Padre Soler. Gran revuelo en la Jefatura Superior. ¿Qué va a decir Cotino cuando se entere de que en Pozuelo no hay misa? Termina el concierto. Me dirijo a las autoridades, compañeros y familiares: “…Decía Miquel Torga, escritor portugués de ‘Tras Os Montes’, que nadie es feliz, ni siquiera en la eternidad. Hoy estamos juntos muchas instituciones que trabajamos por la libertad de los demás. A todos ellos sin excepción nuestro agradecimiento, que hago extensivo en nombre de los que trabajamos en la Comisaría, a todos los familiares que nos acompañan. Son compañeros de nuestra realidad cotidiana. Ellos sufren nuestras vicisitudes, nuestras angustias. Bueno es que hoy compartan la alegría por recibir unos premios con toda seguridad merecidos (unos diplomas que fabricamos).

Termino con un tónico para algunos corazones cansados:  ”...A pesar de las desilusiones y de las canas vale la pena nuestro trabajo diario. Cada cual obre lo mejor que pueda. Muchas veces no somos más que títeres en manos de la fortuna. Nacemos para morir y se muere para eternizarse en la nostalgia o en la repulsa de los demás. Yo quisiera que todos dejemos la nostalgia. Entre tanto y mientras estemos por aquí vamos a seguir luchando para tener un mundo mejor y más solidario… Que todos pasemos un día lleno de ilusión y esperanza”. Me pasan una llamada. Era el jefe superior Corrochano: “Oye Félix, yo no quisiera cesarte, pero se han reunido y me dicen que mañana ya no vayas a trabajar”. 

No se puedes ustedes ni imaginar la humillación que supone que a uno le hurten la condición de comisario honorario, y que Marhuenda ande por todas las emisoras alardeando de esa condición.

Estoy acostumbrado. Me convertí en un pájaro en la tormenta, haciendo gala del título del libro de Isaac Montero. Y lo típico, meses “en el pasillo” cobrando lo justo. En esto, empiezan a surgir los informes que publica el diario El Mundo relacionados con el mundo independentista. Solicito a Coxidó la plaza de jefe de los Servicios Internos de la Policía, con un compromiso claro en mi petición: desvelar en tres meses quiénes eran los autores de los informes. No era muy difícil, en nuestro submundo todos lo sabíamos. Denegaron mi petición.

No se puedes ustedes ni imaginar la humillación que supone que a uno le hurten la condición de comisario honorario, y que Marhuenda ande por todas las emisoras alardeando de esa condición. O que el Ministro reparta medallas a tuti plen, incluidos la Virgen María y todos “los patrióticos”, y que encima no se las pueda revertir porque lo impide el derecho administrativo. O comprobar cómo la Universidad Juan Carlos expide títulos que puedan habilitar a nuevos comisarios, siguen con la misma técnica.

La única solución que se me ocurre es que en la Escuela de Policía se haga estudiar a Manuel de Pedrolo, y se escuchen las canciones de Benito Lertxundi.

 

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