ECONOMÍA
04/08/2019 22:10 CEST | Actualizado 08/08/2019 12:20 CEST

Por qué los sindicatos no son milennial

Los jóvenes tardan en afiliarse a las organizaciones sindicales y optan por otras fórmulas.

El HuffPost

Tiene 22 años y, como muchos jóvenes, sueña con cambiar el mundo. Jorge Rodríguez estudia economía y derecho en la Universidad Carlos III de Madrid, participa en el movimiento ecologista y compagina su asistencia a clase y su activismo con unas prácticas en una empresa. Hace algo menos de un año, se unió al colectivo Justicia Climática en Madrid, que luego derivaría en Fridays For Future, el movimiento que realiza sentadas cada viernes frente al Congreso y que estuvo detrás de la convocatoria de una huelga de estudiantes que resultó masiva el pasado 15 de marzo para pedir a los políticos que actúen para frenar el cambio climático. 

A pesar de ser un joven activo socialmente e, incluso, con un trabajo como becario —uno de los colectivos con mayor precariedad y menos derechos en el mercado laboral—, no se le ha pasado por la cabeza la opción de afiliarse a un sindicato, ya que considera que no responden a sus inquietudes y necesidades. “Un sindicato es un organización de trabajadores, que tiene como objetivo defender los derechos laborales. La lucha social no es su tema”, lamenta.

Rodríguez se muestra crítico con el funcionamiento de estas organizaciones en España, a los que acusa de endogamia y una excesiva burocracia. “Me siento más atraído por los movimientos horizontales, donde no tienes que apuntarte, ni pagar cuota, ni asistir obligatoriamente... Cuando acudí por primera vez a una asamblea, hablé y sentí que mi voz era escuchada al igual que la del resto”, recuerda. También siente que las organizaciones sindicales están lejos de la calle, este joven defiende las acciones de desobediencia civil: el 5 de junio se encadenó junto a otros compañeros y cortaron la calle Ferraz a la altura de la sede del PSOE para pedir la declaración de emergencia climática

Al igual que ocurre en el ecologismo, en otro de movimientos más importantes de los últimos años, el feminismo, también se escuchan voces que consideran que las organizaciones sindicales no han estado a la altura de la histórica movilización de las mujeres. “Los sindicatos no dan la talla en la lucha feminista contra las desigualdades. Convocar paros de dos horas mañana y tarde, es una medida blanda y cobarde”, escribía la activista Txaro en su cuenta de Twitter a principios de 2018, antes de la celebración de la primera huelga feminista.  

Un año y medio después la opinión crítica de Txaro no ha cambiado. “La vieja forma de hacer sindicalismo no llega a enganchar a la gente joven. En algunos sitios pequeños como Logroño las políticas las dirigen cuatro ‘señoros’ muy alejados de la realidad”, apunta.

Niveles muy bajos de afiliación

Las cifras de jóvenes involucrados en sindicatos en España son bajas. Solo el 3,6% de los 909.711 afiliados que tenía Comisiones Obreras a finales de 2016 —el último dato disponible— tenían menos de 29 años. Apenas había 33.198 jóvenes dentro de una de las organizaciones sociales más importantes del país.

Carlos Gutiérrez, responsable de juventud de CCOO, apunta a que, en la actualidad, los jóvenes afiliados con menos de 30 años rondarían los 50.000 y si se incluye a todos los menores de 35 años la cifra se situaría en torno a los 115.000. “Comisiones tiene una masa de afiliación joven, menor de 35 años, bastante importante, aunque no se afilian en el número que a nosotros nos gustaría. Los jóvenes no tienen el mismo peso que tienen en la sociedad real o en la población activa”, reconoce. 

CCOO

Los números del otro sindicato mayoritario tampoco son para tirar cohetes: solo el 12% de los 941.485 afiliados a UGT a finales de 2018 eran menores de 35 años, según su portal de transparencia. Es decir, solo había unos 113.000 jóvenes en la organización que dirige Pepe Álvarez. 

Eduardo Magaldi, responsable de juventud de UGT y líder de la organización juvenil RUGE, discrepa de que sean pocos: “No estoy de acuerdo con que los jóvenes no se acerquen al sindicato. Como hay un retraso en la entrada al mercado laboral, se retrasa también la decisión de afiliarse”, explica. 

Tanto Magaldi como Gutiérrez apuntan a una serie de factores externos que llevan a que tarden en involucrarse. “No creo que los jóvenes por el mero hecho de serlo tengan un gen antisindical, sino que hay factores como la precariedad laboral, que además de generar una inseguridad e incertidumbre constante, también es un gran factor disciplinador del mercado laboral para que no se organicen. Alguien que está con un contrato laboral temporal, con miedo a que no le renueven, pues no se suele afiliar, señala Gutiérrez. “Si hubiera una estabilidad desde los 20 años, podríamos ver una incorporación más joven”, señala Magaldi.

Los sindicatos reconocen que existen pocos incentivos externos para afiliarse a un sindicato. “Los convenios colectivos se aplican a todos los trabajadores, estén en una gran empresa o una pequeña”, apunta Gutiérrez. “Lo pactado a través del convenio colectivo es de aplicación general al conjunto de las empresas o trabajadores representados por las organizaciones”, explica Unai Sordo, secretario general de CCOO, en el libro ¿Un futuro sin sindicatos?, recién publicado por la editorial Catarata.

Muchas personas acuden al sindicato únicamente cuando se encuentran con una situación inesperada de índole laboral: un cambio de condiciones de contrato, un despido, un ERE... “Tenemos que hacer una labor pedagógica, porque el sindicato tiene que ser un espacio de participación de la gente”, apunta Gutiérrez. “Tenemos que cambiar esa imagen de que la gente acude cuando hay un problema”, coincide Magaldi.

SOPA Images via Getty Images

Una desafección que viene de lejos

La desafección de los jóvenes con los sindicatos no es una cosa nueva, sino que ya durante las movilizaciones del Movimiento 15-M, que se iniciaron en 2011, ya se escuchaban críticas continuas a estas organizaciones. “Uno de los lemas que se coreaban en el 15-M era Dónde están, no se ven, Comisiones y UGT”, recuerda Carlos Paredes, madrileño de 40 años, que fue portavoz de Democracia Real Ya —convocantes de la primera manifestación—.

Los indignados cuestionaban entonces la respuesta de los sindicatos a los recortes. “Nosotros culpábamos a los sindicatos de no haber sabido defender nuestras reivindicaciones. Estas organizaciones deberían haber puesto el grito en el cielo cuando un Gobierno supuestamente socialdemócrata aplicaba recortes y subidas de impuestos no progresivas”, reprocha Paredes. “Yo he sido crítico con la posición que tuvo el sindicato con el 15-M, aunque yo asistí y no escondía que era miembro de UGT, pero hubo un ataque para desgastar la imagen de los sindicatos”, señala Magaldi.

Paredes tiene actualmente una empresa de informática, en la que ejerce de comercial, y sigue vinculado a movimientos políticos, como Leganemos, candidatura de unidad popular en el municipio de Leganés. Tampoco se ha afiliado a un sindicato, al considerar que no han sabido adaptarse a las nuevas realidades. “Los sindicatos siguen anclados en el siglo XX, no han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Actúan como si todos los trabajadores fueran de la industria, mientras que se ha producido una atomización del mercado laboral, en el que cada vez hay más pequeñas empresas. Los sindicatos están en las grandes empresas como El Corte Inglés o Repsol, pero no tienen capacidad en las pymes o en los autónomos”, apunta Paredes.

El sindicato tiene que huir de una imagen de tiempos que no volveránCarlos Gutiérrez, responsable de juventud de CCOO

Un reproche del que son conscientes los sindicatos, que aspiran a cambiar. “El sindicato tiene que huir de una imagen de tiempos que no volverán y dar respuesta a esa segmentación del mercado de trabajo. Comisiones surge en un mundo que viene a menos. El sindicato se desenvuelve bien en las grandes empresas, pero tenemos que buscar cómo llegar a un tejido empresarial cada vez más caracterizado por las pymes”, reconoce Gutiérrez.

“En España tenemos una economía que se caracteriza por el peso importante del sector servicios y por una industria insuficiente, por tasas de paro muy altas, un mercado de trabajo volátil, una enorme rotación de la contratación y una altísima tasa de temporalidad”, señala Sordo en su libro.

Gustavo Cuevas / EFE

600.000 afiliados menos durante la crisis

No se puede obviar que la dura y prolongada crisis económica tuvo un importante efecto sobre los sindicatos: el abultado nivel de desempleo implicó que muchas personas se vieran obligadas a romper el carnet. Más de medio millón de afiliados abandonaron las organizaciones: Comisiones perdió 294.257 miembros entre 2009 y 2015 —año en que ambos sindicatos tocaron suelo—, mientras que UGT se dejó 280.805 entre 2010 y 2015.

Muchas de estas personas que se marcharon fueron jóvenes, ya que el desempleo en este colectivo superó el 50% durante varios años. “Durante el periodo 2013-2016, los jóvenes han sido uno de los colectivos más afectados por la crisis, y su consecuencia ha sido su bajo peso en el conjunto de la afiliación. El tramo comprendido entre los 30 y los 59 años representa el 83,6% de la afiliación”, reconoce CCOO en su memoria de actividad

Una vez superado en gran medida el efecto de la crisis económica, la afiliación a los sindicatos ha vuelto a aumentar, aunque todavía no han recuperado el millón de miembros que tenían antes. “La crisis afectó mucho a los jóvenes y ahora con la recuperación económica estamos notando también cómo se recuperan los niveles de afiliación de los jóvenes”, señala Gutiérrez. 

Uno de los retos que tienen ahora los sindicatos aparece con la llegada de las nuevas plataformas digitales, como Glovo, Deliveroo o Cabify. “Estas plataformas están intentando vender un discurso de que todos somos nuestros propios jefes. Es un sector nuevo, donde nos cuesta llegar, y en el que hay muchos jóvenes. Ya se ha visibilizado que un rider [repartidor] no es tan feliz como nos querían hacer creer”, señala Magaldi.

Los jóvenes encuentran nuevas fórmulas de organizarse

Ese alejamiento de los sindicatos ha implicado que muchos jóvenes busquen alternativas para organizarse y defender sus derechos en el mercado laboral. Tras la irrupción del 15-M, un grupo de unos 30 jóvenes lanzaron Oficina Precaria, una asociación que se instaló en el centro social okupado Patio Maravillas, ya desalojado, y que cuya misión era ofrecer una alternativa en materia de lucha laboral. Actualmente esta organización no tiene actividad desde que en 2017 presentó en el Congreso una iniciativa para que se aprobara un Estatuto del Becario y que estos cobraran el salario mínimo

“La Oficina Precaria nació en 2012 como una herramienta para los trabajadores precarios, que nos sentíamos no representados por la organización sindical clásica. Nuestra idea fue centrarnos en los trabajos más precarizados como el trabajo doméstico, los falsos autónomos y los becarios. Llevamos a cabo una asistencia legal gratuita, hicimos acciones escraches a empresarios o empleadores que no respetaban las condiciones laborales o denuncias ante la Inspección de Trabajo”, recuerda Eduardo Ocaña, el que portavoz de este colectivo.

Esta no ha sido la única iniciativa, ya que más recientemente, dos jóvenes lanzaron una cuenta de Instagram (la red social por excelencia de los jóvenes) llamada Trabajos Ruineros. Allí no se encuentran fotos bonitas en la playa, sino que sirve para denunciar las malas condiciones laborales o los abusos que se cometen en las empresas. Las denuncias se realizan de forma anónima y abundan las publicaciones relacionadas con el mundo de la hostelería y el comercio. La cuenta ha acumulado 666 publicaciones y ha logrado 28.000 seguidores. 

Los sindicatos todavía tienen ese reto de llegar a los jóvenes y hablar su mismo lenguaje.

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