POLÍTICA
10/06/2019 17:18 CEST

Las 'amistades peligrosas' de PP, Cs y Vox: la fórmula andaluza se va extendiendo

La derecha vuelve a acercarse a la ultra derecha en las negociaciones obviando a sus colegas europeos.

EFE

En Madrid, una reunión secreta en un hotel entre Ignacio Aguado (Cs) y Rocío Monasterio (Vox). En Barcelona, Manuel Valls mientras sigue con su oferta de dar los votos sin condiciones a Ada Colau. Dos formas totalmente distintas de entender la política supuestamente bajo el mismo paraguas naranja. Y todo tras el 26-M y a las puertas de la constitución de los ayuntamientos y de la formación de los parlamentos autonómicos.

Un fin de semana muy movido de cara a las alianzas, con llamadas, mensajes y reuniones. Y que arrancaba el viernes con el anuncio del acuerdo entre el Partido Popular y Vox para hacerse con las alcaldías en las que suman mayoría absoluta (Almería, Pozuelo, El Ejido, Adra, Majadahonda, Las Rozas...). España ha pasado de ser el oasis en el que no había ultraderecha, a convertirse en otro ‘oasis’ para la derecha en la que se acerca, a diferencia de la mayor parte de países europeos, a un partido ultra. Y esta semana el triángulo de votos irá cogiendo forma a no ser que hubiera un giro in extremis.

“Pactos anunciados entre PP y Vox en muchas ciudades... reuniones de líderes de partidos constitucionalistas con Vox... ¿normalidad democrática? o ¿normalización de un partido de extrema derecha? No es lo mismo... Y no puedo esconder mi gran preocupación”, resumía en un tuit el ex primer ministro francés Valls ante lo que está ocurriendo.

La fórmula PP-Cs exige los votos de Vox

En Andalucía ya se probó la fórmula de las tres derechas. Un pacto hecho con fotos a dos pivotando en el Partido Popular. Pero lo que pasó en una autonomía ahora se intenta extender de manera trepidante al resto de geografía tras el 26-M. Y el PP lo tiene claro, no se sonroja de los pactos con la extrema derecha y se desmarca del estilo, por ejemplo, de la máxima líder conservadora europea, Angela Merkel.

El propio Casado llegó a ofrecer ministerios a Vox en la víspera del 28-A. Pero la estrategia fallida de esas elecciones le llevó a un supuesto viaje exprés al centro y calificaba de extrema derecha por primera vez a los de Abascal horas después del descalabro. Mejoró un poco su resultado el 26-M, pero guardadas las urnas volvió Casado a rebajar las críticas a la ultraderecha y llamar a pactar.

Su supervivencia política pasa por lograr dos piezas simbólicas: el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid. Y eso solo se materializa con los votos de Vox junto a Ciudadanos. En Génova les llaman “Gobiernos para la libertad”. Casado se juega su futuro político en estas dos plazas.

Desde Cs dicen que no van a pactar nada con Vox y que no van a entrar en Gobiernos tripartitos. Pero, a la vez, siguen con su cordón sanitario a los socialistas, lo que hace que siga enmarcado en el bloque de la derecha. Es más, quiere, por ejemplo, que Juan Trinidad presida la Asamblea de Madrid, algo que no puede pasar más que si lo vota la ultraderecha este martes porque la suma de PP y Cs es menor que la de las izquierdas.

EFE

Cs se olvida del centro: solo mira a la derecha

Y los naranjas siguen manifestando que PP es su socio prioritario, pero en la mayoría de casos necesitan los votos de Abascal. La reunión secreta de Aguado con Monasterio ha sido enmarcada dentro de la “cordialidad y la normalidad institucional”. Dicen que no habrá pactos de gobiernos, pero sin sus votos no lograrán llegar a los ejecutivos. En el sur, a pesar de no hacerse la foto, recibieron sus votos para que Marta Bosquet fuera presidenta del Parlamento y para formar el Gobierno de coalición PP-Cs. El ‘número dos’ del partido, José Manuel Villegas, no ha descartado que haya más contactos con Vox, aunque no habrá acuerdos, sostiene. El cordón sanitario puesto al PSOE no existe para el caso de Vox con sus particularidades.

Los ‘naranjas’ priorizan formar parte del bloque de la derecha, a pesar de no haber logrado el sorpasso durante las citas electorales. Además, siguen mostrando su posición de que van a votar en contra de la investidura de Pedro Sánchez.

Desde el Gobierno y el PSOE se está elevando la presión en los últimos días hacia PP y Cs para que se abstengan por ejemplo en la investidura de Sánchez y así no tener que depender de los independentistas. Algunas voces dentro de los ‘populares’ se lo han planteado como Isabel Díaz Ayuso y Esperanza Aguirre, aunque en Génova las han desautorizado e incluso dicen que van a intentar dificultarla.

En Cs también hay un sector molesto internamente con las posiciones respecto a Vox, aunque por ahora no han dado duramente la batalla. Especialmente es sensible a este tema el gurú económico, Luis Garicano, que fue el cabeza de lista de las europeas. En los últimos días Cs se abrió a poder llegar a algún pacto con el PSOE, pero poniendo durísimas exigencias a los barones para que rechacen la política de Pedro Sánchez. En las autonomías donde podrían virar, Villegas sigue insistiendo en que el PP es el socio predilecto en Murcia, Castilla y León y Aragón.

Bailes a tres sin fotos conjuntas pero con el mismo objetivo: lograr los gobiernos. Unas ecuaciones que se dan como ha reconocido Díaz Ayuso este mismo lunes: “PP, Ciudadanos y Vox estamos tratando de llegar a un acuerdo donde la Presidencia de la Asamblea y del Gobierno de la Comunidad de Madrid sean objetivos prioritarios”.

El resultado final, en apenas unos días. La normalización de la ultraderecha llega de la mano de PP y Cs.

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