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26/01/2020 01:42 CET | Actualizado 26/01/2020 02:20 CET

'Dolor y gloria' triunfa en los Goya 2020 con siete premios, incluidos Mejor película, actor y director

Una larga alfombra, políticos, deslices, emoción, antifascismo y repartidores: todo lo que dio de sí la gala.

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Pedro Almodóvar, director de 'Dolor y Gloria', en los Premios Goya 2020.

Pedro Almodóvar alcanzó la gloria en la 34ª edición de los Premios Goya, celebrados este sábado por primera vez en Málaga. Aunque la cinta que partía como favorita era Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar, con 17 nominaciones —se quedó con cinco galardones—, la película del manchego, Dolor y gloria, consiguió siete de los 16 cabezones a los que optaba, incluidos los de Mejor película, actor y director.

Precisamente por esta película, Antonio Banderas se llevó a casa su primer Goya justo en el día en el que se cumplían tres años de su ataque al corazón. El galardón a la Mejor actriz fue a manos de Belén Cuesta por su papel dramático en La trinchera infinita.

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La ceremonia, presentada por segundo año consecutivo por Andreu Buenafuente y Silvia Abril, de nuevo se hizo eterna: duró cerca de tres horas y media y fue más bien tirando a plana, con algún sketch no muy bien recibido en redes sociales, donde un inesperado grito y unos indeseados cameos fueron de lo más comentado.

Más allá del reparto de estatuillas, esto es todo lo que dio de sí la noche.

La alfombra más larga

Pobres de los que fueran con zapatos nuevos o tacones imposibles porque en esta edición, para acercar las estrellas a los malagueños, la alfombra roja medía 300 metros, por lo que los invitados tardaban entre 40 y 45 minutos en recorrerla y llegar al Palacio de los Deportes José María Martín Carpena.  

Junto al negro, el color que reinó sobre la moqueta fue el blanco: lo lucieron desde Paz Vega a Greta Fernández —ésta con uno de los maquillajes más impactantes, con perlas por la cara—, pasando por Eduardo Casanova, uno de los más innovadores. Hubo algún otro look para recordar, como el de Belén Rueda a lo Elsa de Frozen o el de la periodista María Casado, con un vestido que fue de Sara Montiel.

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Un presidente y una ausente

Ésta era la tercera vez en los Goya de Pedro Sánchez, pero la primera como presidente del Gobierno. También acudieron el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes (PSOE); el de Consumo, Alberto Garzón (IU) y el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno (PP). Sin embargo, pese a que se había anunciado su presencia, faltó Inés Arrimadas (Ciudadanos), quien por Twitter sólo apuntó que le era “imposible” ir.

Quien no estaba (ni se le esperaba) era nadie de Vox: por primera vez la formación de ultraderecha estaba invitada a los premios pero su dirigente, Santiago Abascal, declinó ir.

¡Ups!

Sin duda, el momentazo de la alfombra roja lo protagonizaron Pedro Almodóvar y Penélope Cruz mientras charlaban con Carlos del Amor, reportero de TVE. Al director manchego se le escapó que la actriz será la encargada de dar el Oscar a la Mejor película extranjera —como ya hizo cuando el mítico ’¡Peeeedroooo!”—. “No se podía contar”, reconoció Cruz. Las caras de los tres fueron impagables.

Bendita Benedicta

El de Benedicta Sánchez fue el primer discurso de la noche y el que se metió a todo el mundo en el bolsillo. A sus 83 años, la gallega se llevó el premio a la Mejor actriz revelación por O que arde y se emocionó como una niña. Tanto es así que se quedó sin palabras y pidió auxilio al público con un entrañable ”¡Ayúdenme, ayúdenme!”.

La intérprete lo remató con un grandioso “podría decir infinidad de cosas pero ¿me puedo ir ya?”.

A pedales 

Peor recibido fue el chiste con el que la Academia entregó el galardón al Mejor actor de reparto —que fue a parar a Eduard Fernández por Mientras dure la guerra—... con la actriz Pilar Bergés disfrazada como una repartidora de comida a domicilio. El sketch fue de lo más comentado en Twitter y no precisamente para bien.

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Pilar Bergés y Pilar Castro, en el escenario de los Goya.

Tampoco triunfó demasiado el momento —preparado— en el que al presentar la Mejor película documental la actriz Paula Meliveo apareció como si fuera una activista espontánea semidesnuda con un cartel que ponía “Salvemos el planeta”.

Antifascismo y feminismo

Los Goya volvieron a ser el altavoz de algunas reivindicaciones políticas, como el mensaje del actor Eduardo Casanova contra el veto parental de Vox. “Creo que pese a todo no van a ser capaces. Yo soy más bien negativo, pero no van a conseguirlo. España es un país con muchísimo talento y mucha voz, se nos quiere mucho fuera y nuestra voz es más fuerte y más alta que la de la gente reaccionaria”, dijo en la alfombra roja. 

“El fascismo es uno de los grandes azotes del siglo XX y parece que se sigue extendiendo”, alertó también Antonio Banderas.

Ya en los discursos destacó el “gracias a todas las antifascistas del mundo” de Enric Auquer al recoger el Goya a Mejor actor revelación.

No faltaron las referencias feministas, como la de la ganadora al Mejor cortometraje de ficción, Suc de Síndria. Irene Moray se acordó de las víctimas de abusos sexuales: “Quiero dedicárselo a todas las supervivientes. Estas mujeres tienen derecho a hacer ruido, a triunfar, a disfrutar de la vida, de su cuerpo, a correrse y el derecho a ser quien ellas quieran ser”.

El momento emotivo

El homenaje a Marisol, galardonada con el Goya de Honor, se llevó los aplausos y las lágrimas. Las tres hijas de la actriz lo recogieron en su nombre después de que Amaia Romero le hiciera un homenaje musical.

María Esteve, con el cabezón en la mano, conmovió con sus palabras finales: “Querida, mamá, que desde ese lugar en calma que has conseguido y que tanto te ha costado, esta profesión que te ha visto crecer te otorga este reconocimiento tan bonito. Disfrútalo, porque querida, Pepita, este Goya es para ti”.

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