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12/09/2021 09:56 CEST | Actualizado 12/09/2021 09:56 CEST

¿Qué es Vox?

Su presencia lo impregna todo, en ocasiones de forma peligrosamente viscosa, y no sabemos definirlos más allá de los insultos radicales en las redes.

EFE
VOX

Ultraderecha, nacional-populista, ultraconservador, neofranquista, neonazi, neofascista, derecha de la derecha, extrema derecha. Políticos, politólogos, sociólogos, analistas, periodistas, tienen dudas a la hora de calificar al partido que lidera Santiago Abascal. Está ahí, su presencia lo impregna todo, en ocasiones de forma peligrosamente viscosa, y no sabemos definirlos más allá de los insultos radicales en las redes, que los retroalimentan y ellos rentabilizan, como les alimenta toda confrontación y polémica. 

Fundado en 2013 como una escisión del PP de Rajoy, tras unos primeros años duros, en 2019 consiguió 52 escaños en el Parlamento. En la actualidad, las encuestas auguran que será el partido imprescindible para el PP de Casado. Ya pocos piensan que un Gobierno PP-Vox sea un asunto lejano. 

Para mí son nacional populistas. Neonazis no son porque no son supremacistas, no son racistas”, reflexiona Fernando Vallespín,catedrático de Ciencia Política, ex director del CIS y profesor en varias universidades internacionales, de Frankfurt a Harvard. 

“Qué es Vox es algo que llevo preguntándome desde hace dos años y me desdigo a mí mismo. Pero es que ni ellos mismos saben lo que son aún, más allá de una escisión del PP”, defiende Lluís Orriols, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford y profesor en la Universidad Carlos III. 

Ni ellos mismos saben lo que son aún, más allá de una escisión del PPLluis Orriols, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford y profesor en la Universidad Carlos III.

“Para mi Vox es un partido ultraconservador. Neonazi o fascista desde luego, no. Aunque los votantes neonazis y fascistas voten a Vox. Pero su programa electoral o sus objetivos no son neonazis o neofascistas como los de España 2000 o Democracia Nacional”, mantiene Julio Embid, licenciado en Ciencias Políticas y en Periodismo, estudioso de los movimientos sociales.

Es obvio, pues, que ni siquiera entre tres expertos profesores y analistas, cuyos perfiles se alejan claramente de Vox, hay un consenso claro sobre la definición ideológica del partido de Abascal. Eso sí, los tres coinciden en que las posiciones políticas de Vox y sus discursos alimentan el odio -como los extremos en la izquierda- y lo manejan hábilmente en las redes sociales. 

Vallespín se extiende en sus razones a la hora de elegir la terminología que define a Vox: “No es fascista porque no quiere imponer una autocracia. Es neopopulista porque aspira a acceder al poder e imponer reformas como eliminar las CCAA, limitar el combate contra la homofobia o el feminismo. Hay dos tipos de democracia, la populista y la liberal. En la liberal, lo que son la mayoría de las democracias, el pueblo no lo tiene todo, ni el poder judicial ni la libertad absoluta. Pero en la democracia populista, la mayoría impone sus conceptos. El populismo es muy peligroso en los regímenes presidencialistas y menos en los regímenes parlamentarios, donde elegimos al presidente. Aunque luego ese presidente tratase de limitar las capacidades del Congreso (pensemos en gobierno PP-VOX) y el presidente de ese gobierno pueda presentarse como representante de la libertad popular. Hungría y Polonia, parlamentarias, se han embarcado en el control de los jueces, de ahí también la pelea que subyace estos días con el CGPJ”. 

“El ala radical del PP”

El catedrático y experto en pensamiento político, crecido en la cultura y el pensamiento alemán, argumenta además que en el asunto de las etiquetas “estamos en la confusión”. El socialdemócrata Olaf Scholz puede suceder a la conservadora Merkel y continuará con sus políticas económicas conservadoras.

″¿Qué es Macron, liberal, conservador?”, se pregunta Vallespín, quien este verano ha leído La gran confusión. Cómo la extrema derecha gana la batalla de las ideas, de Philippe Corcuff, “un libro también a veces confuso, pero en donde se deja claro que hay que cambiar la terminología usada, que es la que empleamos desde el siglo XIX”.

Para Lluis Orriols, que reconoce lo interesante del libro de Corcuff -aún sin traducir al español- mientras no haya otros sistemas “las etiquetas son un atajo para abordar la realidad de forma sencilla. La ciudadanía no está pegada a estos asuntos y necesita que se clarifiquen conceptos, el ser humano tiende a las categorías para entenderse, por eso preguntarme qué es Vox me parece tan interesante”. 

Para el profesor y politólogo, los de Abascal y Ortega Smith son el ala derecha del PP, la derecha radical, “como una especie de Unidad Alavesa que se descolgó de los populares, pero siguen manteniendo su dependencia. Lo que Vox querría ser es un partido de extrema derecha al estilo del Frente Nacional de Le Pen. Y no lo son. El gran ejemplo de ese momento fue la moción de censura”. 

Que Vox cambie de líderes que no dependan del PP

En aquella moción presentada por Vox a Pedro Sánchez, el discurso de Abascal tuvo todos los ingredientes de una extrema derecha populista y es verdad. Pero en cuanto Casado soltó el “hasta aquí hemos llegado” en la réplica a Abascal, “solo le faltó llorar por lo que le había dicho su antiguo compañero y amigo”.  La reacción, la escenificación de su reacción, es la muestra de lo que dependen aún del PP, defiende Orriols: “Si tú quieres estar en la liga de la derecha radical cuentas con tres elementos definitorios: autoritarios, nativistas y populistas (confrontación con la inmigración; nosotros somos lo que representamos a los españoles frente a la izquierda de las elites de caviar; tenemos un líder carismático). Pues Vox tiene esos tres elementos; los expone en sus discursos y, sin embargo, a la hora de implementarlos se cae por la dependencia del PP. Y creo que no podrán ser otra cosa hasta que no cambien de liderazgos”.

Siempre con los empresarios

Julio Embid, que no deja de mirar con lupa los movimientos sociales de las periferias de las ciudades, coincide en lo básico con Vallespín y Orriols, pero ofrece otros puntos a tener en cuenta sobre la definición y actitud. “Partidos neonazis ha habido y hay en España. El más exitoso: España 2000, pero solo sacaban concejales en algún pueblo de Valencia o en el corredor del Henares.  Vox no puede ser fascista o nacional-populista cuando no tiene nada de social y en todos los conflictos laborales se pone del lado de los empresarios. No hay más que recordar su posición en los casos de Deliveroo o la subida del Salario Mínimo (SMI). Intentaron crear un sindicato y se quedaron en una cuenta de Twitter, Solidaridad, como el de Walesa. Pero no conozco ninguna empresa donde Solidaridad se haya enfrentado a CCOO, UGT o CGT en unas elecciones sindicales”. 

Europa Press News via Getty Images
Madrid, 11 de abril de 2021. El líder de Vox, Santiago Abascal, durante un mitin de su partido en el barrio de Ciudad Lineal. Foto de Jesús Hellín/Europa Press via Getty Images.

Embid tira de datos y recuerda que la gran mayoría de los votantes de Vox en 2019 (salvo los menores de 21 años) votaron en 2015 al PP. Los considera más cercanos a la ultraderecha de Hungría o Polonia que a la de Francia, Alemania u Holanda. “Necesitan el discurso del odio porque sino sus votantes se vuelven al PP. Tienen que crear otros enemigos diferentes a los del PP”.

Fernando Vallespín coincide en que la terminología usada por Vox alimenta el odio y para “que aumente su voto tiene que deshacerse del ropaje populista” porque el catedrático cree que, pese a que un día no lejano pudiera llegar un gobierno PP-Vox, “la Constitución y la Unión Europea” son garantes de las democracias liberales en Europa.  

El discurso del odio, el discurso violento se retroalimenta en el ciberespacio, a veces gratuitamente, porque las fuerzas radicales -las de extrema derecha y las de extrema izquierda- lo necesitan. “Vox no existiría así sin el independentismo catalán. Hay una extrema izquierda que solo es antipatriarcado, antihomofobia y no se ocupa de la redistribución de la renta. Los extremos se tocan”, defiende el catedrático de pensamiento político.  

Y aunque este comentario final irrite a tantos, la realidad está ahí. Alianzas de los extremos han funcionado en los últimos siglos, desde que los obreros también votaron a los partidos neonazis y fascistas. 

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