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12/04/2019 07:30 CEST | Actualizado 12/04/2019 07:30 CEST

¿Qué se juega el mundo en las próximas elecciones?

Albert Gea / Reuters
Un operario transporta urnas para que estén listas el 28-A. 

Algunos dirán que el mundo, en las próximas elecciones del 28 de abril, no se juega nada, dado el escaso peso de nuestro país en la arena global. La realidad es que el mundo se juega poco, porque en esta campaña electoral España solo mira a España. Bueno, también a Venezuela, pero no por preocupación hacia la población venezolana, sino como arma arrojadiza en la política española.

Entre el asunto territorial y sus banderas, la crisis no remontada para tanta gente, la corrupción y más, estamos en el tiempo de menor atención al exterior de la historia reciente. Ello sin contar las tácticas electorales que bajan el nivel del debate al suelo.

La frontera se fija en Bruselas por el norte, para asuntos de interés doméstico y en el Mediterráneo al sur, para asuntos de inhumanidad con quienes se arrojan al mar huyendo de la violencia y la pobreza. No da ni para mirar más allá de la valla, a las vidas de las personas que migran hasta nuestras costas, a sus historias en rutas desesperadas.

No siempre ocurrió así. Aunque fuera en lo referido a los intereses españoles en el exterior, comerciales, políticos o culturales. La presencia de nuestro país en los organismos y espacios donde se influye y delibera sobre el futuro de la humanidad, importó durante un tiempo. Ahora, en la ola mundial de nacionalismos, lo internacional queda para unos pocos periodistas, expertos y gentes del mundo humanitario y del desarrollo.

Lo chocante es que este movimiento ocurre cuando las tendencias y decisiones que se tomen, o que se obvien, en la arena global, son más relevantes que nunca para el futuro de la humanidad y desde luego para la población de un país mediano como España.

Visto desde el otro lado, quién gobierne en España, lo que decida y haga, sí importa para el resto del mundo. España puede ser, o no, un constructor de bienes públicos globales.

En estas elecciones españolas el mundo se juega contar, o no, con un constructor de paz, desarrollo inclusivo y sostenibilidad.

Considerar la migración como un peligro a controlar o como una oportunidad, con retos que deben ser gestionados y derechos que deben ser defendidos, marca una diferencia notable en Europa y en el mundo.

La acción real sobre el cambio climático trasciende a nuestras emisiones, bien para conformar alianzas radicales dirigidas a frenar el calentamiento global o bien para ningunear el asunto y tratarlo como algo marginal. Ya hay unos cuantos líderes en ese bando suicida.

Las haciendas públicas se derriten por la ingeniería fiscal de las grandes fortunas, que cabalgan a lomos de la tecnología, impulsadas por la avaricia. Hay gente ahí fuera que aboga por reforzar la europea y establecer una mínima gobernanza global de la fiscalidad. Se necesitan líderes con coraje para sumarse y no esconderse bajo reducciones de impuestos nacionales a los ricos que nunca, jamás, serán suficientes para contentarles.

Los conflictos en África y Oriente Medio, y su brutal impacto sobre la población civil, requieren de “champions” que empujen a la UE y sepan influir para sentar las bases de la paz, y al menos para garantizar el derecho humanitario que se vulnera con tanta crudeza sobre la gente.

Son las mujeres quienes más sufren la violencia y la desigualdad, y quienes están liderando las iniciativas más potentes de paz y seguridad. Hay que respaldarlas a través de una acción exterior que se impregne del feminismo de primera línea en la defensa de los derechos humanos y la vida digna.

Quién gobierne en España, lo que decida y haga, sí importa para el resto del mundo. España puede ser, o no, un constructor de bienes públicos globales.

Se espera mucho de un país como España frente a los regímenes autoritarios y misóginos que cierran espacios a la sociedad civil, que persiguen la diferencia y que encierran o matan a quien se enfrenta a élites extractivas y caudillos de nuevo cuño. Necesitamos una diplomacia firme en la defensa del derecho internacional, así como un apoyo decidido a las organizaciones y movimientos sociales reprimidos cada día con más dureza e impunidad.

Y las relaciones con América Latina, los debates sobre el futuro del empleo o las nuevas fronteras de la ética. Es mucho lo que España puede aportar al mundo, además de lo que aparece en los vídeos de la Marca España.

Una cooperación internacional renovada y recuperada de su brutal recorte, es indispensable para hacer posible esta contribución de España a los retos globales más apremiantes. Que no son otros que los recogidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible firmados en la Agenda 2030. Con el Gobierno del PSOE, España ha avanzado mucho en adoptar la Agenda 2030 como estrategia nacional y proyectarla en Europa. Ahora queda contribuir como corresponde y se espera, a su despliegue en el mundo.

La Agenda 2030 es, sobre todo, una agenda de cambio global y futuro de la humanidad. En estas elecciones españolas el mundo se juega contar, o no, con un constructor de paz, desarrollo inclusivo y sostenibilidad.

 

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