INTERNACIONAL
12/08/2020 08:37 CEST | Actualizado 12/08/2020 16:07 CEST

¿Quién es Kamala Harris, la compañera de 'ticket' de Joe Biden?

De padre jamaicano y madre india, la primera mujer negra que aspira a ser vicepresidenta de EEUU es senadora y exfiscal

Se acabaron las especulaciones. Kamala Harris es la elegida para luchar por la vicepresidencia de EEUU en nombre del Partido Demócrata, en una fórmula que lidera Joe Biden. Tenía mucho a su favor: peleó por ser ella misma la candidata a la presidencia, es una senadora fuerte y es negra. Aporta juventud (55 años) y diversidad a una contienda dura, la de las elecciones de noviembre contra Donald Trump y Mike Pence

Biden ha destacado de ella que es “una valiente luchadora en defensa de los menos poderosos y de los mejores funcionarios públicos del país”, que como fiscal general de California, se puso frente a “los grandes bancos, levantó a la clase trabajadora, protegió a mujeres y niños del abuso”.

¿Pero quién es Kamala Devi Harris, a la que llaman “la dura” y “la poli”? Nació el 10 de octubre de 1964, en Oakland, California, en una familia que es una mezcla de orígenes e identidades: su madre, de India, fue una científica especializada en cáncer de mama, que emigró en los 60 al país para cursar su doctorado en Berkeley y militó en diversas plataformas de derechos civiles; su padre nació en Jamaica y fue catedrático de Economía en la Universidad de Stanford. Tiene una hermana, Maya, que trabajó en la campaña del expresidente Bill Clinton. Está casada con el abogado Douglas Emhoff, y tiene dos hijastros. 

Tras el divorcio de sus padres, Harris vivió con su madre la mayor parte del tiempo (incluso vivieron un tiempo en Canadá) y de ella aprendió, dice, que el compromiso con la comunidad es esencial. También el “cariño y respeto” a su cultura materna, que conoció con numerosos viajes al sur de Asia, pese a que su base es la cultura afroestadounidense de Oakland, que es en la que se crió. “Mi madre siempre entendió muy bien que estaba criando a dos hijas negras”, escribió Harris en su autobiografíaThe truths we hold.

“Sabía que su país de adopción vería a Maya y a mí como niñas negras y estaba decidida a asegurarse que nos convertiríamos en mujeres negras orgullosas y con confianza en nosotras mismas”, señala, aunque ella siempre se define, sencillamente, como “estadounidense”. En 2019, Harris dijo al Washington Post que los políticos no deberían ubicarse en ningún lugar fijo por su color o su origen. “Mi idea es: yo soy lo que soy. Y estoy conforme con eso”.

Cuando era adolescente, cofundó una pequeña compañía de danza de seis bailarines que actuaban en un centro comunitario y en eventos para recaudar fondos.​ En la Escuela Secundaria Westmount en Westmount, Quebec, fue una estudiante popular.

Harris estudió un grado doble de Ciencias Políticas y Economía en la Universidad Howard, uno de los prominentes e históricos centros afroestadounidenses de estudios superiores del país. Sostiene que el paso por su campus ha sido una de las experiencias que más le han marcado en su vida. Luego fue a la Universidad de California, Hastings, para conseguir un título en Derecho y empezar su carrera en la Oficina del Fiscal de Distrito del condado de Alameda.

Se convirtió en fiscal de distrito -el máximo puesto en esa área- de San Francisco, en 2003, antes de convertirse en la primera mujer y la primera mujer negra en ganar el puesto de fiscal general de California, la máxima vigilante de la ley en el estado. 

En sus cerca de dos mandatos en ese cargo, Harris decidió tirarse a la piscina de la política y pronto ganó la reputación de estrella ascendente del Partido Demócrata, lo que le impulsó para convertirse en senadora por California en 2017. Ganó con brío. Desde que se convirtió en senadora, ha apoyado la atención médica de pagador único, la legalización del cannabis a nivel nacional, la protección municipal para los inmigrantes indocumentados, la Ley DREAM y la reducción de impuestos para las clases media y trabajadora, así como el aumento de los impuestos a las corporaciones y al 1% más rico de los estadounidenses.

Desde su elección al Congreso estadounidense, la exfiscal se granjeó gran apoyo entre los progresistas de la formación por su riguroso cuestionamiento al entonces nominado al Tribunal Supremo Brett Kavanaugh y al fiscal general William Barr en sus respectivas audiencias ante el Senado. 

A la Casa Blanca

Cuando lanzó su candidatura a la presidencia ante más de 20.000 seguidores en Oakland el año pasado, fue recibida con entusiasmo. Pero a medida que se adentró en la carrera, Harris no logró articular una base sólida para su campaña, ofreciendo respuestas confusas sobre temas cruciales como el sistema sanitario. Tenía buen tono, carisma y simpatía, pero le faltaba empuje, aunque incluso hundiera al propio Biden con algunas de sus réplicas. En los debates arrasaba, pero eso no se tradujo en punch, ni en dinero.

La demócrata de California trató de mantenerse en la fina barrera entre el ala progresista y moderada del partido, pero acabó sin llamar la atención de ninguno de estos bandos, poniendo fin a su candidatura en diciembre, incluso antes de las primeras votaciones. “Mi campaña a presidenta simplemente no tiene los recursos financieros que necesitamos para continuar. No soy una multimillonaria. No puedo financiar mi propia campaña”, dijo al explicar que tiraba la toalla, el pasado diciembre.

En marzo, Harris ofreció su apoyo al exvicepresidente Biden, asegurando que haría “todo en su poder para ayudarle a convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos”. Es conocida del que fuera vicepresidente de EEUU, porque el hijo de Biden, Beau, también trabajó como fiscal. 

La senadora era la candidata favorita: además de un símbolo de diversidad, Harris aporta juventud ante un candidato de edad, con Biden rozando los 80 años. También suma experiencia en debates y campaña, algo que su principal rival en la contienda por la candidatura vicepresidencial, Susan Rice, no tenía.

“La policía”

Su breve campaña a la presidencia puso, sobre todo, el foco en su historial como principal fiscal de California. Pese a sus inclinaciones más izquierdistas en asuntos como el matrimonio homosexual o la pena capital, Harris se enfrentó a repetidos ataques por no ser lo suficientemente progresista, y fue el blanco de un devastador artículo de opinión de la catedrática de Derecho de la Universidad de San Francisco Lara Bazelon en el New York Times, que le hizo un tremendo daño.

Escrito al principio de la campaña de Harris, la profesora consideró que la candidata había evitado en gran medida las batallas progresistas que estuvieran relacionadas con asuntos como la reforma policial, sobre las drogas o condenas injustas.

Harris, que se describió a sí misma como “la fiscal progresista”, trató de enfatizar las partes de su legado de tendencia más izquierdista, como requerir a algunos agentes especiales del Departamento de Justicia de California que portaran cámaras corporales -el primer estado en ponerlas en práctica- o lanzar una base de datos que ofreció acceso al público a estadísticas sobre crimen.

Pero sus esfuerzos no consiguieron el apoyo esperado. “Kamala es la policía”, se convirtió en una frase habitual en las primarias demócratas, lo que frustró sus intentos de ganarse a la base más liberal del partido. No obstante, su historial puede resultar beneficioso en las elecciones presidenciales cuando los demócratas tratan de ganar el apoyo de votantes moderados o independientes

Con las actuales tensiones raciales y el movimiento Black Lives Matter, se ha mostrado clara contra la brutalidad policial y comprometida con su comunidad, con la que repite que se identifica y entiende. 

En intervenciones de televisión, Harris ha pedido cambios de las prácticas policiales en todo Estados Unidos; en Twitter, ha abogado por la detención de los agentes que mataron a Breonna Taylor, una mujer afroestadounidense de 26 años de Kentucky; y suele hablar con frecuencia de la necesidad de desmantelar el racismo sistémico en el país.

En sus días de campaña, Harris recordaba una anécdota familiar. “Mi madre me decía a menudo: Kamala, podrías ser la primera en lograr muchas cosas. Asegúrate de no ser la última”. Queda claro que ha sido obediente. 

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