POLÍTICA
27/05/2019 20:14 CEST | Actualizado 27/05/2019 20:19 CEST

El 'juancarlismo' echa el cierre definitivo

El rey emérito deja la actividad pública: adiós a una forma de entender el poder.

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Una carta y un adiós a la vida pública. El rey emérito se jubila de toda actividad institucional a partir del próximo 2 de junio, lo que supone cerrar totalmente la época del ‘juancarlismo’ una vez han pasado cinco años de su abdicación. Fin de ciclo (y de una España).

La vida del rey Juan Carlos parece en los últimos años unida directamente a las elecciones europeas. Si este lunes ha anunciado esta retirada apenas unas horas después del 26-M, fue a los pocos días de los comicios continentales de 2014 cuando un 2 de junio se desveló su abdicación, en un país en el que acababa de quebrar el bipartidismo y emergía con fuerza Podemos -que entonces amenazaba con gobernar y que tenía un fuerte discurso republicano y contra la ‘casta’-. 

Una operación de abdicación que llevaba unos meses en marcha de manera sigilosa pilotada especialmente por Zarzuela y los principales líderes de entonces (Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría y Alfredo Pérez Rubalcaba). Fueron unos meses en los que se renovó el mapa de poder en casi todos los ámbitos políticos con nuevas figuras como Pedro Sánchez, Ada Colau o Pablo Iglesias. Nacía una nueva España, el sistema se tambaleaba.

El monarca tuvo que dejar entonces la corona en la cabeza de su hijo, un hombre más joven y que podía conectar mejor con las nuevas generaciones de españoles que asociaban la institución a las tramas corruptas del ‘yerno perfecto’ Iñaki Urdangarin y a un rey cazando en Botsuana, junto a su amante en un safari de lujo mientras el país vivía una brutal crisis económica.

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Todo ello precipitado además tras las impactantes imágenes de un rey en la Pascua Militar de enero de 2014 tembloroso y leyendo con muchas dificultades uno de los discursos más importantes del año ante la cúpula militar y los poderes del Estado.

Una legislatura de ‘abdicado’

El 2 de junio, de manera imprevista, se anunciaba su abdicación. Una operación que se completó rápidamente en apenas 17 días, cuando fue proclamado su hijo. Y que además conllevó cambios legales, tramitados de urgencia, como el aforamiento del rey emérito (una condición que no va a perder y que supone que ante una denuncia debe responder frente al Tribunal Supremo y no ante uno ordinario como cualquier ciudadano).

Entonces se dibujó un futuro para Juan Carlos I con incluso despacho en el Palacio de Oriente, aunque no lo ha usado mucho posteriormente. Y es que ese papel ha sido poco relevante y el monarca ha llenado más páginas en las secciones de gente por sus comidas con amigos en buenos restaurantes, viajes al extranjero, regatas en barcos de conocidos y presencia en corridas de toros.

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De manera paralela, Zarzuela ha potenciado y limitado la casa real a don Felipe y doña Letizia y sus dos hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. De esta manera, se quisieron aislar en las fotos de presencias ‘dañiñas’ para su imagen como la de la infanta Cristina. Pura supervivencia y una familia destruida internamente.

Además, durante estos cinco años, la casa real tuvo que digerir uno de los palos más duros: la sentencia del caso Nòos, con una condena de cinco años y diez meses de prisión para Urdangarin. No obstante, la infanta Cristina fue finalmente absuelta. Pero hoy el antiguo duque de Palma está encerrado en la cárcel de Brieva (Ávila). En la opinión pública siempre quedará la duda de hasta qué punto sabía el monarca de estas actividades y si debería haber sido llamado por la Justicia por ello en otras condiciones.

Las sucesiones nunca fueron fáciles

Una abdicación y una posterior gestión que también ha puesto de manifiesto los problemas internos dentro de la propia casa real. Ninguna sucesión es fácil. Ha habido roces también entre padre e hijo, como el choque por la organización de los actos del 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas en en Congreso de los Diputados hace dos años. Aquí se dejó entrever el malestar del emérito, que entendía que no se reconocía su papel en la historia reciente de España.

Sí volverían a coincidir posteriormente de manera solemne en un gran acto en el 40 aniversario de la Constitución en el Congreso de los Diputados. Ahí sí sintió don Juan Carlos que se le reconocía y fue el momento, según ha confesado en la carta remitida a Felipe VI, en el que empezó a meditar la decisión de su retirada total.

EFE

Y es que lo que antes sumaba ahora restaba. Don Juan Carlos fue el hombre más poderoso de la España democrática, siempre ensalzándose su papel durante el golpe de Estado del 23-F. Mantuvo buenas relaciones con los principales dirigentes del país y había unanimidad sobre su ‘olfato político’. Y la institución vivió décadas bien valorada por la ciudadanía -aquellos maravillosos años simbolizados en Barcelona 92-.

Al ‘juancarlismo’ no le sentó bien la nueva España

Pero el nuevo siglo no le sentó nada bien al ‘juancarlismo’ y en los últimos años antes de su abdicación su imagen se revirtió, en un momento de convulsión económica con un rey que no parecía preocupado por lo que pasaba. Todo ello amenizado por los rumores de su relación con Corinna y las sospechas sobre negocios en el extranjero. Rodeado por una corte de empresarios que simbolizaban esa ‘casta’ para los nuevos partidos.

Unas sombras también de las ‘cloacas del Estado’ aireadas en unas grabaciones de la supuesta princesa alemana con el omnipresente señor de las tinieblas del poder español: el ex comisario José Manuel Villarejo. En esas cintas, ella confesaba que supuestamente el rey Juan Carlos la había utilizado como testaferro para ocultar su patrimonio y que tenía cuentas en Suiza. Además, denunciaba una operación del CNI y amenazas contra ella por la supuesta documentación que podía guardar de su relación el emérito.

La Audiencia Nacional abrió una pieza separada sobre este asunto, pero finalmente el juez Diego de Egea la archivaba el pasado mes de septiembre al asegurar que no había “datos” ni “documentaciones” que prueben las afirmaciones de la empresaria germano-danesa. En el Congreso, se unieron también PP, PSOE y Cs para tumbar una comisión de investigación sobre estos negocios.

El rey emérito también se ha visto salpicado por otras polémicas durante esta época de ‘abdicado’, como el eterno fantasma de sus amistades en Arabia Saudí. De manera privada acudía el pasado año a la competición de Fórmula 1 en Abu Dhabi y allí se captaba una imagen que no se sentó nada bien en la opinión pública: su saludo con el príncipe Mohamed Bin Salmán, considerado instigador del asesinato del periodista Jamal Jashogi. Zarzuela tuvo que salir a decir que era algo estrictamente protocolario y sin relevancia institucional. 

 Al rey no se la ha visto mucho en público con su familia, salvo en situaciones muy especiales como el 80 cumpleaños de la reina o la fatídica misa de Palma de hace un año, cuando se produjo el encontronazo entre las dos reinas delante de las cámaras. 

En total, el rey Juan Carlos ha protagonizado 119 actos oficiales en estos cinco años. Y tenía de sueldo 194.232 euros durante el pasado año, además de contar con una secretaría de apoyo. En este futuro ‘privado’ Juan Carlos I seguirá manteniendo su condición de miembro de la casa real y teniendo la condición de aforado.

A partir del 2 de junio Juan Carlos desaparece de la vida institucional. Esto supone que se apaga el foco del ‘juancarlismo’, una manera de entender el poder que fue esencial para nuestra joven Democracia pero que se agrietó y terminó manchada públicamente en los últimos años de reinado.

Una manera de ejercer el poder -que duró 39 años- también dominada por esa imagen “campechana” y de cercanía, que contrasta con el tono más frío, distante y germánico de su hijo Felipe VI. 

El ‘juancarlismo’ sale totalmente el foco. El futuro de la monarquía ya solo depende de Felipe VI y de la princesa Leonor.

 

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