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14/07/2021 07:08 CEST | Actualizado 14/07/2021 07:35 CEST

Samuel, la UEFA y la UE

El machismo lo impregna todo para que la normalidad androcéntrica defina el día a día.

M. Dylan/Europa Press via Getty Images
La ofrenda floral a Samuel Luiz, en el punto en el que perdió la vida en la Avenida de Buenos Aires, en A Coruña (Galicia)

El asesinato de Samuel refleja muy bien la realidad ficción que vivimos y cómo el machismo, que es cultura, no conducta, lo impregna todo para que la normalidad androcéntrica defina el día a día, y luego sea capaz de darle el significado que interese.

La construcción androcéntrica se fundamenta en la idea de que los hombres por condición son superiores a las mujeres. A partir de esa esencia básica y original traslada su construcción a cualquier otra persona que sea diferente a su modelo, y hace entender que un hombre homosexual es diferente a su referencia de hombre heterosexual, e inferior; un hombre extranjero es diferente a un hombre nacional e inferior, un hombre de otro grupo étnico es diferente a la referencia étnica predominante, e inferior... Y si en lugar de hombre la persona en cuestión es una mujer, la diferencia será aún más grande y su inferioridad más pronunciada.

Definir la realidad de ese modo es hacer de la desigualdad la referencia fundamental del modelo de sociedad y convivencia, para que el poder se concentre en quienes ocupan las posiciones mas elevadas, que siempre serán los hombres que representan los valores androcéntricos decididos en cada contexto social.

Toda la realidad está definida por esas referencias, no sólo determinadas conductas que concentran la atención cuando por sus características superan el umbral de lo habitual, como ha ocurrido ahora con el asesinato de Samuel, y por ello rápidamente se ponen en marcha todos los mecanismos para intentar hacer ver que el crimen no tiene relación alguna con la construcción cultural androcéntrica, y obedece a otras razones. Si se dan cuenta, es lo mismo que ocurre con la violencia contra las mujeres cuando los sectores más conservadores no quieren que se denomine “violencia de género” para que no se pueda relacionar con los valores de una cultura machista, y piden que se llame “violencia familiar o doméstica” con el objeto de situarla en un contexto en el que cualquiera puede agredir (hombres y mujeres), por diferentes motivos, sin que tengan que estar relacionados con las referencias socio-culturales. Es lo que hemos visto también en el asesinato de las niñas Olivia y Anna en Tenerife, cuando desde la propia investigación se consideró que se trataba de “la venganza de un celópata”.

Ahora con Samuel ocurre lo mismo, y a pesar de la referencia inicial a su homosexualidad cuando lo llamaron “maricón” durante la agresión, y de la continuidad de este tipo de insultos mientras lo golpeaban hasta la muertr, ahora dicen que como también utilizaron otro tipo de insultos no tiene por qué ser un crimen de odio. De nuevo se ve cómo el modelo socio-cultural necesita ocultar su participación maquillando o borrando los elementos propios que se utilizan para discriminar, agredir y matar.

¿Se imaginan que ante un ataque a uno de los policías asesinados en Londres junto al grito de “Alá es grande” hubieran utilizado otro tipo de afrentas e insultos cuestionando el modelo capitalista de sociedad, la opresión del Estado hacia las minorías religiosas, o insultos comunes como “cabrón”, “cerdo”, “hijo de puta”... y que por ello no fuera considerado un atentado yihadista? ¿O creen que si en uno de los atentados de ETA alguien hubiera dicho junto a “gora ETA” cualquiera de los otros argumentos y calificativos comunes para deshumanizar a su víctima, se pondría en duda de que se trataba de un atentado terrorista?

La aparente neutralidad que oculta la responsabilidad del propio sistema en la perpetuación de la desigualdad, y toda su violencia contra las mujeres y contra cualquier persona que no forme parte del grupo de referencia, es la que actúa definiendo la normalidad. Y no es neutral, puesto que está a favor de los valores androcéntricos que hacen del machismo un instrumento para mantener el modelo y sus valores.

Es lo que hemos visto durante la Eurocopa cuando la UEFA inició actuaciones contra el portero de la selección alemana, Manuel Neuer por llevar el brazalete de capitán con la bandera arcoíris en conmemoración de las reivindicaciones LGTBIQ+, y cuando luego impide al ayuntamiento de Múnich que ilumine el estadio con los colores del arcoíris por las amenazas del presidente húngaro Viktor Orbán. Y todo bajo el argumento de que hay un mensaje político en la reivindicación, como si no lo hubiera, y mucho más intenso y grave por su significado y consecuencias, en el rechazo al reconocimiento de los derechos de las personas LGTBIQ+ y en la continuidad del machismo violento y asesino.

La demostración de que todo ese posicionamiento no es neutral son las leyes homófobas que ha implantado Viktor Orbán en Hungría, muy similares a las que existen en países gobernados bajo la influencia de la ultraderecha, y lo que, por lo visto, es lo que quiere hacer en España Vox, según se deduce de la abstención del PP en el Europarlamento para que Hungría retire las leyes antidemocráticas y contrarias a los Derechos Humanos sobre la homosexualidad, y con las palabras de Díaz Ayuso trivializando el asesinato de Samuel.

La realidad no es ideológica, la realidad viene definida por hechos objetivos, lo que sí es ideológico es la forma de afrontarla, y ello se traduce en acción o en inacción. No hacer es hacer mal cuando la pasividad se traduce en la continuidad de la injusticia y la violencia. Y esa pasividad es la que mantiene el machismo ante la realidad que lleva a la violencia contra las mujeres y el resto de personas que se apartan del modelo de identidad definido por la cultura androcéntrica, y las funciones y espacios decididos para ellas.

Rechazar el delito de odio en el asesinato de Samuel ante las evidencias de la motivación homófoba, simplemente porque puede ser otra causa, aunque no existan evidencias suficientes sobre ella, refleja muy bien la forma que tiene el machismo de dar significado a la realidad para protegerse de ella.

La realidad que lleva a este tipo de asesinatos es objetiva, la UE, que recoge entre sus principios el de Igualdad, deberá decidir quién define la realidad, si el machismo y su desigualdad, o la Igualdad y el resto de Derechos Humanos. Y en consecuencia, deberá tomar una decisión sobre qué Estados deben formar parte de ella si de verdad queremos ser Unión.