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22/05/2021 10:08 CEST | Actualizado 22/05/2021 11:47 CEST

Sin igualdad no hay libertad

Se está poniendo de moda una libertad sin igualdad y sin contenido alguno, como se ha visto en la campaña electoral madrileña.

SOPA Images via Getty Images
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en un acto de la campaña electoral.

En la pasada campaña electoral de Madrid se ha gritado con éxito una hermosa palabra: libertad. Para alcanzarla la humanidad lleva luchando siglos y todavía hay que seguir; en su nombre se han cometido muchas barbaridades. Ahora hemos sabido que hay una “libertad a la madrileña”, que así, grosso modo, consiste en poder “tomar cañas”, ir a los toros y llevar una pulsera que lo diga. Las masas enfervorizadas lo gritaban el 4 de mayo en las calles de Madrid.

Y no, no es eso la libertad, la que cantaba Nacha Guevara en su canción Yo te nombro Libertad: ”Por la idea perseguida/ por los golpes recibidos /por aquel que no resiste/ por aquellos que se esconden”. Es evidente que es mucho más, pero, sobre todo y por encima de todo, no se puede hablar de libertad sin igualdad.

Esto ya lo dijo el misógino Rousseau, autor del Contrato social que estableció la regla fundacional del Estado moderno: “lo público es masculino” y “lo privado, femenino”, división social que creó el patriarcado y que el filósofo ilustrado elevó a categoría para el nuevo Estado. Escribe: “Si se busca en que consiste el bien más preciado de todos, que ha de ser objeto de toda legislación, se encuentra que todo se reduce a dos cuestiones principales: la libertad y la igualdad, sin la cual la libertad no puede existir”.

La definición es perfecta, la contradicción se explica cuando compruebas que se refiere a la igualdad y libertad solo de los hombres, porque para él las mujeres estábamos ya excluidas del orden social, pero afirma con rotundidad que sin igualdad no hay libertad, aunque no es “consciente” de que la primera de todas las desigualdades es la que afecta a las mujeres, que siendo la mitad de la humanidad, tienen que ser también libres e iguales, a lo que hay que añadir que la igualdad o es real o no es igualdad.

La igualdad es la premisa de todos los derechos y la que hace posible su ejercicio efectivo

La igualdad es la premisa de todos los derechos y la que hace posible su ejercicio efectivo. El artículo 1.1 de nuestra Constitución consagra la libertad, la justicia y la igualdad como valores superiores del ordenamiento jurídico.

El principio de igualdad es un principio de no discriminación. La enumeración contenida en el artículo 14 de la Constitución no es una enumeración cerrada, sino indicativa, pero es también un principio limitador de la actividad de los poderes. Y también es un principio promotor de dicha actividad, por eso el artículo 9.2 obliga a los poderes públicos a remover los obstáculos que impidan la igualdad.

Las feministas hemos seguido, día tras día, año tras año, siglo tras siglo, denunciando las desigualdades e injusticias sin fin y teniendo que explicar lo evidente, que las mujeres somos diversas a los hombres, pero iguales en derechos.

En esta larga marcha de las mujeres hacia la igualdad ha parecido que empezábamos a ver el fin. Hemos denunciado el acoso sexual y laboral, la violencia asesina, la brecha salarial y todas las formas de sometimiento en que vivimos, aunque ahora, con el crecimiento de los populismos, de los estragos sanitarios y económicos de la pandemia, la igualdad y la libertad estén en franco retroceso. Se está poniendo de moda una libertad sin igualdad y sin contenido alguno, como se ha visto en la campaña electoral madrileña.

No basta ser mujer, hay que tener asumidos los valores de la igualdad y la libertad, como los tienen los hombres feministas que nos acompañan en esta larga lucha, en la que no podemos permitirnos retrocesos. El feminismo no está tampoco pasando un buen momento. La agenda feminista se está haciendo cada vez más confusa y seguimos en las garras del patriarcado que continúa utilizando el “divide y vencerás”.

En el libro Al amparo del feminismo (Conversaciones entre Octavio Salazar y Amparo Rubiales), Octavio escribe: “Te recomiendo el libro de Anna Caballé Breve historia de la misoginia, un libro necesario para entender el orden natural del que nos seguimos alimentando. Parece ahora que con el término machista lo resolvemos todo. Yo creo, sigue, que misoginia expresa mucho mejor lo que yo percibo en muchos hombres, por supuesto, en tanto que pensador e intelectual que en distintos momentos históricos han negado incluso vuestra igual capacidad racional”.

Esta complejidad de la libertad y la igualdad no era la que se gritaba en el balcón de la calle Génova, sede del PP, de la que se anunció su venta, para que olvidáramos que han sido condenados como “organización criminal corrupta”.

No nos conformamos, aunque hayan ganado las elecciones. También ganó Trump a Hillary Clinton en EEUU, y sucedió a Obama, y el pueblo americano no se resignó, y hoy están Biden y Kamala Harris demostrando que otra política es posible.

Nuestra larga marcha tiene un objetivo irrenunciable: la libertad y la igualdad de las mujeres. No sé cuánto tardaremos en alcanzarlas, pero no renunciaremos nunca a un mundo libre, igual y solidario. 

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