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23/05/2019 16:58 CEST | Actualizado 23/05/2019 19:03 CEST

Todos somos Amancio

Getty Images
Amancio Ortega y su mujer, Flora Pérez, en una imagen de archivo. 

Todos hemos hablado de Amancio Ortega estos días, unos con más intensidad, otros con menos, unos a favor, otros en contra, pero siempre ha surgido su nombre tanto en los bares como en las redes, ese soporte para alcanzar una epidérmica sabiduría sin esfuerzo ni rigor. El caso es que hemos estado trabajando todos para Amancio, empezando por Podemos, a quien el magnate gallego debe estar eternamente agradecido y cuya colaboración es cuantificable. Veamos cuánto le hemos dado al dueño de Zara con nuestro debate.

Las razones de una donación son tres principalmente y no necesariamente por este orden: filantropía, desgravación fiscal y publicidad. La primera no es frecuente en una España en la que, culturalmente, el modelo católico de caridad colisiona de vez en cuando con la idea del Estado del bienestar sostenido con impuestos. La filantropía es más frecuente en el ámbito anglosajón en el que el protestantismo genera modelos culturales en los que el que triunfa devuelve parte a la sociedad. En el ámbito católico, por otra parte, la discreción choca con la idea de exhibición del triunfo propia de los Estados Unidos y sus raíces calvinistas. De alguna manera el ámbito católico atribuye a la filantropía un carácter exhibicionista que colisiona con la teóricamente discreta caridad. Vaya por delante que el que firma está a favor de la filantropía, no tanto de la caridad, pero, por encima de cualquier consideración, a favor del sistema impositivo europeo que mantiene colegios y hospitales con un criterio de servicio público que avala la democracia, si bien en algunos momentos esta idea se corrompe, como cuando se subvencionan colegios privados mediante conciertos, pero eso es para otro artículo.

Cuando Amancio dona, a través de su fundación, 320 millones de euros para renovar equipos oncológicos en España lo hace, sin duda, buscando los tres objetivos arriba citados. Tiendo a pensar que entre los tres prima la filantropía, pero puedo equivocarme. El caso es que, al conocerse la donación, la candidata de Podemos a la Comunidad de Madrid, Isa Serra, arremetió contra el fundador de Inditex y fue seguida casi inmediatamente por Pablo Iglesias que dijo que “una democracia no acepta limosnas de millonarios”, introduciendo el concepto de limosna en este debate tan pobre de ideas.

Las razones de una donación son tres principalmente y no necesariamente por este orden: filantropía, desgravación fiscal y publicidad.

Todo esto no altera el objetivo filantrópico de Ortega más allá de ponerlo en duda entre ese electorado que mira a su izquierda y encuentra la pared, pero sí aporta un dato inquietante: la posibilidad de donación para mitigar la mala conciencia por haber evadido supuestamente 600 millones al fisco español. El ruido crece, Facebook se llena de púlpitos y aparece una campaña para dar las gracias al magnate. Como siempre es El Mundo Today quien hace la más brillante aportación con este titular: Amancio Ortega dona 20 euros a un restaurante del que se fue sin pagar un menú de 40.

Tenemos, por lo tanto, que el objetivo filantrópico de la donación se cumple, con objeciones y que el fiscal también, con sus deducciones que alcanzan el tercio de lo donado que, por otra parte, adelantan las comunidades y él abona previa factura. Vamos a la publicidad.

Buscándolo o no, Amancio Ortega ha ejecutado la acción filantrópica más rentable de la historia en nuestro país.

Ortega dona 320 millones y obtiene una guerra abierta en periódicos que llega a la portada recurrentemente, un debate radiofónico constante entre haters y lovers fanatizados (Jiménez Losantos llega al paroxismo, como es habitual) que pasa a las tertulias matutinas en todas las televisiones y llega a la noche con El Intermedio en un bando y las cadenas episcopales en otro. En redes surge hasta una petición de firmas para que Ortega done y los memes son graciosillos. El resultado es tan espectacular que devora la polémica suscitada por el decepcionante final de Juego de Tronos y, por un par de días, todos somos Ortega. Bueno, todos trabajamos para Ortega porque, en términos publicitarios, hemos multiplicado por dos el dinero donado. Si sumamos los minutos en TV y radio, los espacios en prensa impresa y digital y cuantificamos el impacto en redes puede que los 320 millones se queden cortos, de manera que, buscándolo o no, Amancio Ortega ha ejecutado la acción filantrópica más rentable de la historia en nuestro país.

No me cabe duda de que Amancio Ortega es un hombre de honor, así que lo correcto es que agradezca públicamente a Isa Sierra la campaña que ha revalorizado su marca personal de una manera inimaginable.

 

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