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06/08/2020 16:15 CEST | Actualizado 07/08/2020 09:24 CEST

Un artículo de 'The New York Times' habla así del futuro de la monarquía en España

"Sin el oxígeno de los cambios constitucionales la monarquía se marchitará".

GTRES
Felipe y Letizia, en un gesto que... bueno.

El periodista Alberto Letona ha publicado un artículo de opinión en la edición en español de The New York Times en el que dibuja un futuro sombrío a la monarquía en España tras los escándalos de Juan Carlos I y su marcha del país.

“Juan Carlos I ha comprometido gravemente, con su descarado desdén por la legalidad, el futuro de la monarquía en España y el de su propio hijo, quien se ha visto obligado a suspender la asignación real a su padre y renunciar a su herencia”, asegura en el periodista en su artículo, en el que destaca que el rey emérito está ahora “solo y con pocos amigos mientras su pasado se arrastra por el suelo”.

El autor apunta a que ahora Felipe VI va a tener que “desandar el camino seguido por su padre si quiere mantenerse en el trono”. Con todo, reconoce que el actual rey ha tenido hasta ahora que “recorrer una senda dura y repleta de decisiones difíciles en su papel como monarca y como hijo”. Y subraya que son esas tareas “las únicas que hoy pueden justificar la existencia de la monarquía”.

“Puede que el dilema no sea entre monarquía o república, sino entre mejor o peor democracia, pero para ello es imprescindible que la inviolabilidad jurídica de los monarcas desaparezca”, destaca.

Puede que el dilema no sea entre monarquía o república, sino entre mejor o peor democracia

“Aunque el amor del emérito por el dinero era de sobra conocido, ha sido su última amante, Corinna Larsen, empresaria alemana de origen danés y casi treinta años más joven que él, la que ha destapado las oscuras intimidades financieras del emérito mandatario después de haber dado por terminada su relación sentimental”, destaca Letona, que critica que “la responsabilidad no es exclusiva del antiguo monarca”.

“Los políticos de diferentes partidos, los cortesanos y los propios medios de comunicación miraban para otro lado con la excusa de que la monarquía se tenía que asentar y fortalecer para encarar un tiempo menos traumático que el de la dictadura de Francisco Franco (1939-1975)”, explica. 

Pese a ello, el autor recuerda que en el reinado de Juan Carlos I también hubo “esquinas nunca bien iluminadas: su papel en el intento de golpe de Estado de 1981 nunca se aclaró suficientemente y, aunque fue presentado como el salvador de la democracia, algunos analistas creen que el monarca incitó de alguna manera el golpe”.

La decisión de abandonar España era y es la única salida viable

“Su vida privada, jalonada de un reguero de amantes, nunca fue cuestionada por los ciudadanos, ya que pertenecía al ámbito privado. La transparencia, ese bien tan fundamental en democracia, brillaba por su ausencia”, lamenta.

En este sentido, Letona asegura que la inviolabilidad jurídica del rey “ha sido un grave error” y alerta de que “la situación no es sostenible” porque “nadie está por encima de la ley, como Juan Carlos I ha repetido en más de un discurso aunque sin ser consecuente con sus palabras”.

“Las reticencias a actuar contra el exsoberano no han ayudado a fortalecer la monarquía en un país azotado por la pandemia, la crisis y donde las críticas a la institución real han arreciado en estos últimos años. La decisión de abandonar España era y es la única salida viable para el emérito y la institución que representa”, asegura el artículo.

El autor afirma que una tarea prioritaria ahora debería ser cambiar la Constitución, “una prueba de fuego necesaria que requiere de valor y visión por parte de Felipe VI”.

“Sin el oxígeno de los cambios constitucionales la monarquía se marchitará irremediablemente en un próximo futuro”, zanja.

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