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23/07/2018 07:09 CEST | Actualizado 23/07/2018 09:57 CEST

Ni el pasado ha muerto

CARLOS PINA

"Adolfo", dijo hace muchos años Javier Arenas de Suárez Illana, "es un ganador nato, un resumen perfecto de la trayectoria de su padre y de la política de Aznar". El ex secretario general del PP fue el valedor de su candidatura a la presidencia de Castilla-La Mancha en 2003. Ambos se habían conocido en los 80, cuando el hijo del primer presidente de la democracia acompañaba a su padre en su penosa campaña a favor de la UCD, y Arenas y Jaime Mayor Oreja aún no habían saltado del barco para irse al PDP y acabar abrazados en las citas electorales a la AP de Manuel Fraga.

Unos meses más tarde de semejante glosa, Adolfo Suárez Illana ponía punto y final a su corta vida política -13 meses- sin llegar a tomar posesión siquiera de su escaño en las Cortes de Castilla-La Mancha y tras cosechar los peores resultados del PP en el entonces feudo socialista de José Bono. La negativa de Aznar a concederle el control del partido en la región le llevó a tirar la toalla. Desde entonces ha sido un afiliado mudo que sólo ha roto el silencio en contadas ocasiones. Unas, para defender a Francisco Camps y Ricardo Costa por el caso Gürtel. Otras, para cargar contra Rajoy. Y una muy sonora para criticar a Rivera.

EFE

Estos días ha vuelto a la palestra como "patrocinador" de la candidatura rival a la que impulsaba su "padrino", Javier Arenas, que, visto lo visto, no es que tenga ojo clínico para las apuestas. El sábado se pudo ver a Suárez Illana en todas las imágenes del antes, durante y después de la votación del cónclave escoltando al ya flamante presidente del PP. Mientras que Arenas movía en favor de Santamaría a todo el "clan andaluz", el hijo del primer presidente de la democracia había sido sondeado tanto por Dolores de Cospedal como por José Ramón García-Hernández para que hiciera campaña por sus respectivas candidaturas. A ambos les respondió que deseaba mantenerse neutral hasta que pasara el 5 de julio, fecha en que los afiliados votaron en primera vuelta.

La victoria de Casado es un viaje al pasado. Es la reivindicación de las esencias y del "aznarismo"

Diez días después, el candidato fallido del PP a la presidencia de la Castilla-LaMancha haría pública su apuesta por Pablo Casado en un desayuno informativo en el que declaró su afición al riesgo. No se sabe si lo decía por sus dotes de torero o por el peligro que suponía apostar en el PP por Casado frente a la ex vicetodo. El caso es que, ante la plana mayor del empresariado madrileño, dijo de él que encarnaba la esperanza de la renovación del liderazgo y el proyecto. Y le mostró el camino con el relato del padre prior de una orden misionera que, sumida en una grave crisis tras años de esplendor, viajó a Roma en busca de consejo. "Busque en los orígenes fundacionales de su obra porque ahí, y sólo ahí, encontrará la solución que busca", le respondió el Papa. Lo mismo le dijo él a Casado: "Pablo, tú busca en los orígenes fundacionales...".

Así ha sido. La victoria de Casado es un viaje al pasado. Es la reivindicación de las esencias y del "aznarismo". Es el regreso a los orígenes de un PP que en las primarias había preparado dos entierros para el "marianismo" melifluo. El de la primera vuelta, con la humillante derrota de Dolores de Cospedal; y el de la segunda, con el sometimiento de Santamaría. Ahora, el nuevo presidente quiere recuperar las señas de identidad y blandir las esencias de una derecha ideológica sin complejos con la que defender al rey, a la patria y a la familia.

Así que la renovación era esto: el regreso al pasado "aznarista" por más que Casado se apoyara en Machado para decir que ni están el mañana ni el ayer escritos, y obviara la primera parte del verso que Adolfo Suárez, el auténtico, sí pronunció completa en 1976 el día en su discurso sobre la Ley de Asociaciones Políticas ante las Cortes Generales: "Hombres de España: ni el pasado ha muerto, ni está el mañana ni el ayer escrito (...)".

Casado se dispone a reescribir la historia de la derecha más ideológica

Casado se dispone a reescribir la historia de la derecha más ideológica. Por algo será que Ciudadanos se dispone ya a trabajar sobre el convencimiento de que con la elección del nuevo líder de la derecha se le abre todo el espacio del voto mayor y de provincias para construir un proyecto ganador que, hasta ahora, taponaba Rajoy en parte y hubiera recuperado Soraya Sáenz de Santamaría. No en vano, la ex vicepresidenta contaba con un 60% de simpatía entre los votantes de Rivera frente a menos de un 40% que suscita Casado, según datos de Metroscopia. Esto además de que hay asuntos como el aborto o la eutanasia en los que el presidente del PP tiene posiciones mucho más escoradas que los naranjas y que le harían perder apoyos por el centro.

Sea como fuera, si hay algo que las del PP vienen a confirmar es la dinámica de anteriores primarias. Esto es que en votaciones internas suman más los frentes "anti" que a favor ("anitsusanismo" o "antisorayismo"); que gana siempre la opción más escorada a las posiciones del partido; que ganan las apuestas arriesgadas y, sobre todo, que el engreimiento andaluz sobre su fuerza numérica es un falso mito. Ahí está la experiencia de Susana Díaz y la que pasará a la historia sobre el también todopoderoso Javier Arenas y sus huestes andaluzas.

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