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08/12/2016 09:44 CET | Actualizado 08/12/2016 09:44 CET

Mientras los politicos jueguen con los referendums, la gente seguirá votando 'no'

Matteo Renzi es incapaz de ver que los italianos están hartos de ver un país gobernado -o mejor dicho, desgobernado- por los dos viejos partidos de siempre. En 2013 entró en el Palacio del Quirinal como alguien que prometía cambio, pero pronto resultó ser una versión más joven del viejo Berlusconi.

Foto: EFE

El referéndum de ayer podría haber sido una de las cortinas de humo más grandes de la política italiana moderna. Algunos medios retrataron de manera errónea el voto como un plebiscito sobre Europa; otros, como un intento de modernizar el sistema político del país. Lo que se presentó en principio como una reforma institucional se convirtió rápidamente en una moción de confianza al Gobierno italiano y su líder. En realidad, no fue más que otro golpe orquestado por los viejos partidos del sistema político italiano.

La derrota de Renzi estaba destinada a suceder: un Gobierno que vincula su destino a un referéndum termina siempre en desastre. Los ejemplos históricos son numerosos. Los partidos de la oposición en Países Bajos y Francia secuestraron de manera exitosa en 2005 los referéndums sobre la Constitución europea con el único objetivo de utilizarlos para fines domésticos. Pero el ejemplo que mejor explica la derrota de Renzi es el referéndum de 1969, convocado ni más ni menos que por Charles de Gaulle.

Las similitudes son sorprendentes. Ambos referéndums proponían una disminución drástica del papel del Senado y aspiraban a cambiar la relación entre el Gobierno central y las regiones. A primera vista, buenas y sólidas propuestas, si no fuera porque también cayeron en el mismo error. Igual que Renzi, de Gaulle anunció su voluntad de dimitir si los franceses se decantaban por el 'no'. Más del 52% apoyó esta opción. El héroe de la Segunda Guerra Mundial no supo ver que la Francia de los bloqueos de los 50 era ahora la Francia de mayo del 68.

Los ciudadanos quieren resultados. Quieren un paquete europeo de inversión para terminar con la crisis económica.

Matteo Renzi es incapaz de ver que los italianos están hartos de ver un país gobernado -o mejor dicho, desgobernado- por los dos viejos partidos de siempre. En 2013 entró en el Palacio del Quirinal como alguien que prometía cambio, pero pronto resultó ser una versión más joven del viejo Berlusconi. Intentó esconder que el objetivo principal del referéndum era conceder una bonificación electoral a los dos grandes partidos y castigar las iniciativas políticas fuera de las estructuras de los partidos viejos.

El joven político llegó a un acuerdo con el viejo al tratar de prevenir que nuevos movimientos florecieran, que es precisamente lo que los electores italianos piden desesperadamente: sangre fresca en su sistema oligárquico. La manera en que la política se organiza en Italia tiene un impacto real y devastador en la vida de la gente. Mientras el desempleo juvenil en Italia está por las nubes, los hijos de las familias bien conectadas consiguen empleos bien remunerados. De la misma manera, al tiempo que la reforma de las pensiones se estanca, los funcionarios del Gobierno disfrutan de esquemas de retribución más que generosos. La lista es interminable.

Estas son algunas de las razones por las que los italianos apoyaron la opción del no. El referéndum de ayer está lejos de ser un rechazo al ideal europeo, como muchos medios trataron de hacernos creer. Si a Matteo Renzi le queda algo de popularidad es precisamente porque es un europeo convencido, a favor de una Unión fiscal sólida para reforzar el euro, a favor de encontrar una solución europea a la crisis de refugiados y un ferviente opositor de la austeridad.

Los votantes están hartos de esta división estática del poder entre los dos grandes partidos tradicionales, que han mal administrado Italia y Europa durante décadas. Los ciudadanos quieren resultados. Quieren un paquete europeo de inversión para terminar con la crisis económica. Quieren una guardia de vigilancia de fronteras real y una Unión europea de defensa que le permita a Europa apoyar su poder blando con uno duro. Hasta que estas propuestas no estén en la papeleta de voto y los políticos sigan utilizando los referéndums para sus juegos de partido, la gente seguirá votando 'no'.

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