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20/08/2012 09:53 CEST | Actualizado 19/10/2012 11:12 CEST

Asia Central, ¿la amenaza fantasma del islamismo?

La amenaza islamista en la región debe considerarse en su justa medida. El terrorismo islamista en Asia Central es un fenómeno especialmente complejo, donde se cruzan factores étnicos y sociales, muy vinculados a las dinámicas internas de cada país.

La lucha contra los grupos armados islamistas en Pakistán y Afganistán genera ríos de tinta en los medios de comunicación. Las operaciones de Estados Unidos y la OTAN son uno de los temas más ampliamente tratados en las secciones de internacional, y hay numerosos análisis y datos sobre cómo lo que sucede en suelo afgano influye en Pakistán y viceversa. Pero si nos situamos hacia el norte, hacia el territorio de la antigua URSS, ya se entra en un territorio desconocido para el gran público.

¿Qué sucede en esos países con nombres que nos pueden resultar confusos? Como el vecino pakistáni; Kazajstán, Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán y Kirguizistán tienen sus propias dinámicas internas afectadas de alguna manera por el islamismo y que podrían verse afectadas por lo que sucede en Afganistán.

Mapa de Asia Central. Fuente: Wikimedia.

El problema es que analizar los conflictos en las cinco exrepúblicas centroasiáticas únicamente bajo el prisma del terrorismo islamista es peligroso, y puede llevar a equívocos y a tener una visión parcial de los hechos. Es cierto que los gobiernos de estos estados alimentan esta interpretación. Les ayuda a presentarse ante las grandes potencias como aliados fiables, en una zona que es estratégica para Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia. Por ejemplo, para la OTAN son una ruta alternativa para suministrar a sus tropas en Afganistán. Mientras que para Moscú y Beijing constituyen una especie de escudo protector ante amenazas en regiones sensibles como la zona uigur de Xinjiang.

Además, esta postura de los gobiernos centroasiáticos les ha permitido desarrollar políticas de represión interna sin una condena internacional contundente (salvo momentos puntuales como la masacre de Andijan, en Uzbekistán, en 2005).

Pero como he comentado, reducir la conflictividad en estos cinco países al islamismo es limitar mucho la explicación. Conviene tener en cuenta factores étnicos, como se han puesto de manifiesto en los estallidos violentos más recientes. Por ejemplo, en las últimas semanas, en Tayikistán se han producido intensos enfrentamientos entre fuerzas de seguridad e islamistas (tal y como ha sugerido el Gobierno tayiko) en una región del Pamir tras el asesinato de un general. Pero un análisis más detenido de los hechos apunta a un enfrentamiento entre clanes tayikos por cuestiones relacionadas con el control del abundante contrabando en la región.

La actitud poco trasparente del Gobierno tayiko al informar sobre los hechos e insistir en la "pista islamista" pero sin dar pruebas contundentes ha aumentado las sospechas sobre lo que hay detrás de esta conflictividad. La propia guerra civil en Tayikistán entre 1992 y 1997 se tiende a explicar como un enfrentamiento entre comunistas e islamistas, pero fue un conflicto más complejo con componentes étnicos y territoriales entre las comunidades que habitan el país, tal y como explica Ahmed Rashid en su libro Yihad: el auge del islamismo en Asia Central. Desde 2010, el territorio tayiko vive un aumento de actos violentos, pero muchos han cuestionado que pueda haber una insurgencia islamista generalizada.

Montañas del Pamir en Tayikistán. Fuente: Traveling Runes

De igual manera, los enfrentamientos en el sur de Kirguizistán en el verano de 2010 entre las etnias kirguiz y uzbeka fueron presentados por el Gobierno como un conflicto provocado por militantes islamistas, en la zona siempre complicada del Valle de Ferghana. De igual manera, Kazajstán vivió una serie de atentados en 2011, cuya autoría fue atribuida a una fantasmagórica organización islamista: los Soldados del Califato.

Tampoco debe descartarse completamente la amenaza islamista en la región, debe considerarse en su justa medida. El gran grupo terrorista radical en Asia Central es el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU). Fue una organización muy activa en los 90, primero contra la dictadura uzbeka de Islam Karimov, y luego amplió sus objetivos para instaurar un estado islámico en la zona. Para ello, se alió con Al Qaeda y los talibanes.

El MIU se dio por desaparecido con la intervención militar de EE UU en Afganistán, y sus últimos atentados significativos se produjeron en 2004. La organización sufrió numerosas bajas. Pero en los últimos años se ha reorganizado y Washington lo ha señalado como un grupo especialmente peligroso. Aunque sus militantes han mantenido combates con fuerzas de la OTAN en Afganistán, su capacidad de actuación a gran escala en Asia Central es cuestionable.

Kazajstán es otro país centroasiático que aspira a colaborar con el suministro de las tropas de la OTAN.

La amenaza actual del MIU podría resultar exagerada por Uzbekistán dentro de su juego de alianzas con las grandes potencias. Estados Unidos necesita a este país para tener una ruta de suministro alternativo para sus soldados en Afganistán. A cambio, Islam Karimov obtiene ayuda para luchar contra los terroristas pero también se asegura cierta condescendencia de la comunidad internacional para poder reprimir otros movimientos no terroristas.

Conviene recordar que no todo el islamismo en Asia Central es terrorista. De hecho, la organización que gozaría de mayor apoyo popular es Hizb ut-Tahrir (Partido de la Liberación). Aunque actúan en prácticamente todo el mundo musulmán, aquí es donde han tenido una mayor extensión. Defienden la creación de un estado regido por la sharia, pero han rechazado continuamente el uso de la violencia. Los gobiernos autoritarios centroasiáticos los han visto como una amenaza y los han acusado de terrorismo. Muchos de sus miembros detenidos han sido víctimas de abusos de las autoridades.

¿Amenaza real o exageración? El terrorismo islamista en Asia Central es un fenómeno especialmente complejo, donde se cruzan factores étnicos y sociales, muy vinculados a las dinámicas internas de cada país. De momento, quizá el riesgo de una insurrección integrista a gran escala sí que puede parecer lejano, pero el escenario puede cambiar hacia 2014 con la retirada de la OTAN de Afganistán, y a la espera de los roles que puedan asumir China y Rusia, también preocupadas por la seguridad en la zona.