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29/05/2018 07:30 CEST | Actualizado 29/05/2018 07:30 CEST

Elecciones en Colombia: la esperanza en lo último que se pierde

Gustavo Petro (i) e Iván Duque se disputarán la presidencia de Colombia en la segunda vuelta electoral.
Getty Images
Gustavo Petro (i) e Iván Duque se disputarán la presidencia de Colombia en la segunda vuelta electoral.

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia no dejan sorpresas y confirman lo que las encuestas, de poco fiar en el país, habían apuntado desde hace semanas. Es decir, una polaridad que se traduce en un apoyo mayoritario hacia Iván Duque, delfín del omnipresente expresidente Álvaro Uribe Vélez, y hacia el exmiembro de la guerrilla del M-19 y exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

Estas elecciones nos dejaron, además, varios elementos distintivos con respecto a lo acontecido en el pasado. En primer lugar, y nada baladí, son los primeros comicios presidenciales sin presencia armada de las FARC-EP, de lo cual, la mejor muestra es la imagen de sus principales líderes ejerciendo el derecho al voto. Por otro lado, son las primeras elecciones que, verdaderamente, se reproducen en el eje izquierda/derecha, lo que da buena cuenta en el hecho de que la candidatura de izquierdas de Gustavo Petro haya obtenido el mejor resultado electoral de la historia democrática del país. Finalmente, han sido unos comicios con menor presencia del oficialismo, pues tanto el exvicepresidente de Santos, Germán Vargas Lleras, como el jefe del equipo negociador con las FARC-EP, Humberto de la Calle, han cosechado los menores apoyos en la contienda electoral.

De estos resultados, lo que queda palpable es la capacidad de movilización de Álvaro Uribe

Sin embargo, a modo de continuidad, lo que queda palpable es la capacidad de movilización de Álvaro Uribe. Además de haber sido presidente entre 2002 y 2010, a él le debe su primera presidencia Juan Manuel Santos. Y, asimismo, conviene recordar, que ya ganó a éste en la primera vuelta de su reelección, y que también movilizó ampliamente el vota contra el plebiscito al Acuerdo de Paz en octubre de 2016. Con independencia de su pasado oscuro, los nexos bajo su Gobierno con el paramilitarimo y el orden político local (parapolítica), su liderazgo tan autoritario como en ocasiones poco democrático, permanece en el imaginario colectivo la imagen mesiánica del expresidente como salvador del país y a quien se debe el cambio de correlación de fuerzas en el marco del conflicto armado interno.

Por otro lado, tanto Petro como Duque son líneas de ruptura con el gobierno de Juan Manuel Santos. El primero, sobre la base de una estructura territorial más descentralizada, con mayor gasto público y justicia social, y mayor presión fiscal progresiva, además, de promover un modelo alejado de la economía extractiva y desarrollista que impera en el país. El segundo, sobre todo, muy distante del Acuerdo de Paz y de la mal llamada política de concesiones. Esto, porque desde el uribismo y sus correligionarios de la derecha extrema, se insiste en hacer vez a la sociedad colombiana que el Acuerdo con las FARC-EP no es sino un cúmulo de concesiones y beneficios para la guerrilla. Nada más lejos de la realidad si bien, ya saben, enemigos de la paz los hay en todos los lados.

Esta situación de polaridad, poco dada en uno de los países más conservadores de Sudamérica no invita a un escenario de victoria electoral para el progresismo

Sea como fuere, esta situación de polaridad, poco dada en uno de los países más conservadores de Sudamérica – junto a Perú y Paraguay- no invita a un escenario de victoria electoral para el progresismo. Quizá, si hubiera pasado a la segunda vuelta el tercero en discordia, Sergio Fajardo, las opciones serían más parecidas entre los candidatos, pero ante una segunda vuelta tan sesgada, lo probable es que, nuevamente, el conservatismo se imponga. Aunque Sergio Fajardo pueda estar más cercano a Gustavo Petro, muchos de sus votantes no lo están, de manera que el trasvase de votos resultaría más claro de Petro a Fajardo que al revés.

Muy posiblemente, Humberto de la Calle no se pronuncie o lo haga de manera tímida. Da lo mismo, el Partido Liberal, y también los votantes de Vargas Lleras se encuentran mucho más cercanos, en su conservatismo ideológico predominante, a Iván Duque. Un candidato nefasto en lo que a dar sostenibilidad al Acuerdo de Paz con las FARC-EP, avanzar el diálogo con el ELN o superar las barreras estructurales de pobreza, marginalidad y abandono social que imperan en buena parte de Colombia. No obstante, y aun cuando todo invitaría a pensar en que Duque será el próximo presidente de Colombia, ya saben, la esperanza es lo último que se pierde.

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