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23/07/2018 07:22 CEST | Actualizado 23/07/2018 07:24 CEST

Quien nombra la luz, vive en la luz

MATHEUS BERTELLI (PEXELS)

Ninguna otra metáfora explica mejor el tremendo impacto de las palabras que la de William S. Burroughs, quien escribió que el lenguaje es un virus. Los virus se trasladan de un ser vivo a otro y, cuando llegan, lo infectan. Exactamente del mismo modo que hacen las palabras. Y lo sorprendente es que, a menudo, no nos damos cuenta de que las palabras que escogemos son las que definen el mundo en que vivimos. Es más, no reparamos en que podemos elegir esas palabras. Escogiendo, por tanto, el universo en el que queremos vivir.

Uno de los más impresionantes y polémicos estudios que se han hecho sobre el tremendo impacto de las palabras se llevó a cabo en la red social Facebook. Lo que hicieron fue manipular el contenido que aparecía en el muro de casi setecientos mil usuarios, haciéndolo artificialmente más positivo o negativo. Tras analizar más de ciento veinte millones de palabras, demostraron que los usuarios usaban más palabras positivas si el contenido que veían era más positivo, y que usaban más términos negativos si el contenido visualizado era más negativo. Dicho de otra manera: los usuarios, literalmente, estaban siendo contagiados por el virus de las palabras.

Los seres humanos no vivimos en la realidad, sino en un mundo inventado que cada uno de nosotros ha creado

Para entender el efecto de este estudio es preciso recordar que los seres humanos no vivimos en la realidad, sino en un mundo inventado que cada uno de nosotros ha creado. Y que gran parte de ese modelo artificial está hecho de palabras. Es decir, no solo usamos el lenguaje para comunicarnos sino, sobre todo, para crear nuestra realidad. De ahí que, al alterar las palabras que entran en nuestra conciencia, de alguna forma se altera nuestro mundo, y con él nuestro estado de ánimo.

Por eso deberíamos prestar más atención a las palabras con las que construimos nuestra realidad. Hay quien, constantemente, utiliza términos que tienen que ver con el agotamiento, el estrés, los problemas o los disgustos. Esas personas, sin saberlo, están infectando su mundo de oscuridad. Por el contrario, hay quien, casi siempre, tiende a expresarse con palabras que están relacionadas con el entusiasmo, los proyectos, la felicidad y, en general, con las cosas buenas de la vida. Quizá también sin saberlo, están tiñendo su mundo de luz.

Es una gran verdad que el lenguaje es un virus. Por eso, quien nombra la luz, vive en la luz

Aún más, al dirigir este tipo de vocabulario hacia otras personas, evidenciando la certeza del pensamiento de Burroughs, las están contagiando de su manera de ver el mundo y la vida. Por eso no es de extrañar que los estudios que se han hecho sobre conexiones sociales revelen que las personas felices tienden a estar conectadas entre sí, y que los individuos tristes también aparecen interconectados. Tal vez no es que tiendan a agruparse, sino que se contagian entre sí.

Es una gran verdad que el lenguaje es un virus. Por eso, quien nombra la luz, vive en la luz. Y quien nombra la oscuridad, vive en la oscuridad. Y no solo esas personas, sino también sus compañeros de vida.

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