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07/06/2018 07:35 CEST | Actualizado 07/06/2018 07:35 CEST

españa es un 'reality'

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias durante un debate televisivo con motivo de las Elecciones Generales del 26 de junio de 2016.
GTRES
Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias durante un debate televisivo con motivo de las Elecciones Generales del 26 de junio de 2016.

Todo el país enganchado a lo de la moción. Todos pendientes de la final del pasado jueves, incluidos aquellos que no habían visto una gala en su vida. En 2000 mi padre se quejaba porque el resto de la familia veíamos Gran Hermano. Se indignaba: ¡Quita esa mierda! –decía. Pero acto seguido picaba. Recuerdo que sintió el mismo placer que yo cuando expulsaron a Maria José Galera; un placer similar al que siente cuando el Madrid gana una champions o el mismo odio visceral que le invade cuando ve a Javier Arenas por la tele. El día de la moción de censura fui yo quien se sintió acorralado, como mi padre entonces, solo que esta vez ante una jauría de medios de comunicación que luchaban por su desenlace favorito y me obligaban a seguir en directo la nominación de Mariano; el gallego ese que aún no se entiende cómo superó algún casting.

Como nada me mueve más que un reality terminé enganchado hasta al fondo. Muy hasta el fondo. Puse tweets, discutí con varios 'alguien', busqué cosas raras en google. Pedí una pizza a las 7 de la tarde, cosa que en Londres no es ningún disparate, y no despegué la vista de la app hasta que mi pedido no estuvo en el horno. A esas alturas, todos los telespectadores compartían cosas ingeniosas a un ritmo frenético. Quería jugar con ellos, ser parte. Busqué imágenes de Maria Antoñeta intentando hacer algo con los términos 'guillotina' y 'cospedal'. Cospedal y guillotina. Fue en vano; ahí estaban todos, los medios y los televidentes recopilando cada viral como si la vida les fuese en ello, defendiendo lo suyo con ahínco: GANAR SOFÍA al 27754. SALVAR PEDRO 27754. EXPULSAR MARIANO 27754. QUE LLUEVA EN LA ISLA 27754. QUEMAR CATALUÑA 155155. La situación se magnificaba tanto que entendí que nos encontrábamos ante la final más trepidante de la historia.

Los platós ardían mientras comentaban el canal 24 horas, que pinchaba todo lo que sucedía en el congreso. Tocaba revisar la gala con los Javis y Pedro 'el guapo', que ya se sabía ganador, fingía seriedad mientras Soraya 'la deejay' sonreía de manera forzada pese a lo inminente de su derrota [me desconcierta, desde que nominó al maestro Joao la tengo en cuarentena]. Mariano llevaba horas sin aparecer y algunos decían que estaría 'negociando su salida', como si todo estuviese preparado. Otros, los más entendidos en el formato, analizaban en redes el futuro rumbo del programa tras su marcha (ahí caí en la cuenta de que España no tiene rival en lo que a comentaristas expertos se refiere).

Las redes seguían on-fire entre tweets, colaboradores y acalorados speechs vacíos de contenido que reproducían esencialmente lo que decía el coletas -nuevo mesías del show business- o lo que desde algún sitio ocultaba Maria José Rivera [Perdón] Galera [Joder] Albert. Y bueno, Ferreras estaba a punto del infarto porque quería que Sofía ganase a toda costa, lo cual me pareció muy sensato viniendo de él, y con su divertido sofocón consiguió sacarme del aburrimiento. Con eso y con el tirón de pelo que alguien propinó a Oriana mientras charlaba con aquella otra pelilisa que fue Miss Cantabria en el 92 y ahora dirige la comunicación de un partido político busca memes en internet para ridiculizar a los adversarios.

Habían transcurrido ya varias horas de programa cuando Cospedal apareció con el sobre, finally, y dijo algo tan de su estilo que mis ganas de insultarla aumentaron. Se dice que un reality sólo triunfa cuando es capaz de hacer que el televidente grite improperios frente a la tele. Yo a esas alturas sólo deseaba la expulsión del gallego, que alguien derogase la ley mordaza y poder gritarle a esa señora que le queda fatal la mantilla, que tiene cara de mala o que ir a ver al papa la hace católica pero no necesariamente cristiana. Por fin, cuando ya todo estaba cantado, cuando en Más Vale Tarde bailaban un chuminero por la expulsión del gallego, llegó a mi móvil el mensaje que más esperaba en aquel jueves de reality, en cualquier jueves de reality:

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