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06/11/2013 07:32 CET | Actualizado 05/01/2014 11:12 CET

Un abuelo llamado Windows XP

En tiempos de XP la nube no iba más allá de un fenómeno meteorológico, las tabletas eran una aspiración de gimnasio y el Dropbox se lo fabricaba uno como podía tostando CD en la regrabadora del sobremesa. Microsoft quiere pasar página cuanto antes a XP. El 8 de abril lo jubila definitivamente.

Todavía lo recuerdo. Microsoft alquiló todo un pabellón de baloncesto, el Raimundo Saporta del Real Madrid, en el Paseo de la Castellana, donde hoy se alzan las cuatro torres de cristal, espejismo de ciudad financiera, y donde muchos años antes jugadores como Emiliano Rodríguez, Lolo Sáinz, Clyfford Luyk, Carmelo Cabrera, Corbalán o Brabender dieron muchas noches de gloria. Era la presentación de Windows XP. Era el otoño de 2001, y no habían pasado sino semanas de la caída de las Torres Gemelas.

Secretamente, Microsoft tenía la esperanza de reeditar la magia del Windows 95, con miles de fans pasando la noche a la intemperie. Pero no pudo ser. Eso de reunir a fanáticos a las puertas de un gran almacén, como si de un concierto de rock se tratara, solo lo ha podido repetir una y otra vez la compañía de la manzana. Sin embargo, creo que XP (de eXPerience) ha sido el gran sistema operativo de Microsoft. Por su inesperada longevidad, por sus meteóricas ventas y por sus propios méritos técnicos (entorno gráfico, fiabilidad, robustez...), pero también por deméritos de los otros miembros de la saga de las ventanas. Windows Millennium (Me) y sobre todo Windows Vista, su sucesor, fueron absolutos fiascos, por más que Microsoft se negara a renocerlo durante mucho tiempo.

Tanto es así que hoy, 12 años después de aquella macropresentación en el Raimundo Saporta, Windows XP sigue estando presente en cuatro millones y medios de ordenadores en España y sigue siendo el sistema operativo de PC más implantado, a la altura de Windows 7. La poca aceptación de Vista (un sistema fiable, pero demasiado pesado y que ralentizaba las justitas configuraciones de los equipos de la época) y la crisis económica, que rompió el círculo virtuoso impuesto por el poderoso matrimonio Wintel (Windows+Intel), que hacía que los usuarios cambiaran felices cada cuatro o cinco años a una máquina con un procesador más potente por la mejora del software, convirtieron a XP en un superviviente que ha durado una eternidad para un mercado tan cambiante como el tecnológico. Un verdadero desarreglo para Microsoft y para la industria.

Foto: Juan Cabrera.

Conviene tener en cuenta que en tiempos de XP la nube no iba más allá de un fenómeno meteorológico, las tabletas eran una aspiración de gimnasio y el Dropbox se lo fabricaba uno como podía tostando CD en la regrabadora del sobremesa. En aquellos tiempos, hasta los portátiles eran una rareza, y por uno de configuración media se podían desembolsar 3.000 o 4.000 euros de la época. En 2001, Google era un buscador minoritario creado por dos freaks con ínfulas de científico loco y la gran Apple de nuestros días, la de los 500.000 millones de dólares de capitalización bursátil y la máquina registradora que escupe 40.000 millones de beneficio anual, seguía siendo una empresa cool y para nostálgicos que no acababa de dejar los números rojos.

Pero Microsoft ya ha dicho que el próximo 8 de abril jubila definitivamente XP. Ese día cortará el soporte a XP Service Pack 3 y a Office 2003, otro producto de otra época pero que también se puede ver en hogares y oficinas de todo el país. Eso significa para los propietarios de una máquina con XP que se cierra el call center de asistencia técnica y, sobre todo, que no habrá actualizaciones y parches con los que protegerse de los muchos millones de hackers que todos los días están fabricando programitas que aprovechan los puntos débiles del sistema operativo.

Está claro que Microsoft quiere pasar página cuanto antes a XP y que todos nos compremos un portátil o una tableta con Windows 8, una versión que no acaba de convencer. Tim Rains, especialista en seguridad de Microsoft, decía estos días que para XP se fabrica tanto malware como para Vista o 7, pero que las posibilidades de que nuestro equipo pille un virus son seis veces mayores si mantiene XP. Además, es probable que muchos creadores de bichos aprovechen el momento en que la firma de Redmond cancele el soporte (y por tanto las defensas) para lucrarse con las fallas del sistema.

El 2011, María Garaña, la presidenta de Microsoft en España, reconocía que se le caía el alma al suelo cuando llegaba a un cliente que seguía trabajando con Windows XP. Es verdad que Windows XP es un anacronismo, pero es un anacronismo que sigue cumpliendo su función y ha permitido a muchos (sobre todo familias y pymes, porque las grandes empresas ya están en Windows 7) mantener sus equipos y ahorrar un dinero que quizá destinaron a comprar un programa de gestión, un iPad o un smartphone de moda porque lo vieron mucho más útil.

Es probable que Windows XP no sobreviva mucho tiempo tras la cancelación de su soporte. Lo que no está claro, me temo, es que esos mismos usuarios vayan a cambiar su equipo de siempre por otro con Windows 8.1, a pesar del famoso botón de inicio. Al contrario de lo que pasaba en 2001, Microsoft ya no está sola, y Apple, el universo Android, y la nube -que tantas posibilidades abre- son tan protagonistas como la compañía de Redmond. No creo que el PC haya muerto, pero está claro que el círculo virtuoso impuesto durante casi tres décadas por el feliz matrimonio Intel-Microsoft es cosa del pasado. La compañía de Bill Gates y los fabricantes que le han acompañado hasta aquí deberán aguzar mucho el ingenio para hacer que la migración de los viejos XP no se retrase demasiado y se quede en el entorno de las ventanas.