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24/02/2016 07:16 CET | Actualizado 23/02/2017 11:12 CET

Cómo el conflicto sirio puede llevar a un choque entre Rusia y la OTAN

kafr nasih regionLa crisis humanitaria en Siria ha llegado tan lejos y está teniendo un impacto social tan devastador que es fácil perder de vista los peligros militares que amenazan ahora a Oriente Medio. Desde hace tiempo la OTAN ha temido que la crisis siria pudiera acabar en una guerra más amplia, pero ahora ese momento está más cerca que nunca.

Anadolu Agency via Getty Images
ALEPPO, SYRIA - DECEMBER 4: Smoke rises after the war crafts belonging to the Russian Army bombed the semi-trailer trucks which were carrying humanitarian aid in the Kafr Nasih region in northern Aleppo, Syria on December 4, 2015. (Photo by Beha el Halebi/Anadolu Agency/Getty Images)

GINEBRA (SUIZA) - La crisis humanitaria en Siria ha llegado tan lejos y está teniendo un impacto social tan devastador (el éxodo masivo, tanto directo como procedente de los campamentos de los países fronterizos con Siria) que es fácil perder de vista los peligros militares que amenazan ahora a Oriente Medio.

Desde hace tiempo se ha temido en la OTAN que la crisis siria pudiera acabar en una guerra más amplia, pero ese momento está ahora más cerca que nunca. Si se hace un análisis profundo sobre el estallido de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, se pone de manifiesto lo peligrosa que resulta la falta de claridad de intenciones.

Al menos, se está produciendo un diálogo entre el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, y el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov. Evidentemente, es posible que en las conversaciones que hayan mantenido ellos y/o Obama y Putin las respectivas partes hayan dejado su postura más clara de lo que pueda parecer. Sin embargo, teniendo en cuenta que se ha incumplido el alto el fuego (uno tras otro), ha llegado el momento de que el secretario general de la OTAN emita un comunicado claro en cuanto a su postura y no se limite simplemente a intercambios bilaterales entre Estados Unidos y Rusia. Podemos esperar a que el último cese de hostilidades, que entrará en vigor el sábado, dure. Pero se necesita más claridad.

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, escucha al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, en la Conferencia de Seguridad de Múnich (Alemania) el pasado 13 de febrero.

Desde que Rusia inició los ataques aéreos a Siria el 30 de septiembre, la situación ha cambiado dramáticamente sobre el terreno. Es fácil olvidar que Rusia estaba respondiendo a una petición del presidente sirio Bashar al Assad para ayudar a mantener la apertura de las vitales conexiones por carretera entre Damasco y el Mediterráneo que estaban amenazadas por las luchas. Desde el punto de vista ruso, responder a esta petición era legítimo, ya que Rusia ha tenido, por invitación del Gobierno sirio, bases navales en territorio sirio durante más de 45 años. Se debe reconocer que otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU también han respondido en el pasado a tales peticiones por parte de otros países, defendiendo que sus intervenciones militares eran legítimas.

Los rusos dejaron claro que trataban de ayudar frente a la amenaza del llamado Estado Islámico en Siria. Sin embargo, pronto se hizo evidente que la estrategia rusa tenía menos que ver con ISIS que con inclinar la balanza de la guerra civil en favor de Assad y que las fuerzas rusas ahora están utilizando tanques para atacar las plazas fuertes de los rebeldes en Alepo y sus alrededores.

Arabia Saudí ahora ha enviado aviones de combate a Turquía con el objetivo de lanzar ataques aéreos en Siria y ha acordado desplegar fuerzas especiales en Siria a través de Turquía.

Turquía quiere dejar claro que posiblemente sea necesario pasar de bombardear posiciones kurdas en Siria a enviar tropas y tanques al país. Mientras tanto, existe la preocupación de que Turquía se acoja al artículo 5 del Tratado de la OTAN si las fuerzas turcas fueran atacadas por Rusia o Siria.

Un sirio camina entre restos de edificios destruidos por los ataques aéreos rusos en Alepo (Siria) el 18 de febrero de 2016.

La OTAN tiene todo el derecho a pedir cautela en Turquía, miembro de la organización. Pero en estas circunstancias, tras la intervención rusa -ahora que se ha desvelado toda su naturaleza-, cuesta mucho sostener que no resulta insensato que Arabia Saudí y Turquía contemplen tal acción.

La OTAN tiene que establecer dos posturas claras:

  1. Que no participará en una alianza que luche sobre el terreno en Siria.
  2. Que, aun así, responderá a cualquier ataque que amenace la integridad territorial de Turquía.

Si no hay claridad en estas dos cuestiones, existirá el peligro real de que se extiendan las operaciones militares. Es posible que nada pueda evitar una guerra regional. Llevo unos años argumentando que ningún asentamiento aceptable es posible en un país unificado sin haber pasado antes por una fase de separación geográfica en la que el cese de hostilidades tenga opciones de mantenerse.

Ahora es mucho más difícil llegar a la separación -algunos dirán que imposible- a menos que lo impongan Turquía, Arabia Saudí y quizá también Jordania, además de Assad y Rusia. Mejor esa solución temporal que la lucha hasta el final que estamos a punto de ver.

Kerry y Lavrov deberían volver a contemplar, como miembros conjuntos del proceso de paz de Viena, la separación geográfica, una técnica antes probada que pone fin a las guerras y deja que pase el tiempo para un eventual período de paz estable dentro de un país unificado.

Este post fue publicado originalmente en 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano