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25/02/2019 12:08 CET | Actualizado 25/02/2019 12:08 CET

Los Oscar con y sin Netflix

Barcroft Media via Getty Images
Alfonso Cuarón con sus tres estatuillas.

Cuando la alfombra roja todavía luce espléndida en el Dolby Theatre de Los Ángeles, y Peter Farrelly comienza a celebrar el Oscar a la Mejor película por Green Book, es hora de hacer balance de una ceremonia repleta de emociones y de polémica. Y es que, por encima de la ausencia de presentador, del emotivo mensaje del chef español José Andrés al afirmar "los inmigrantes y las mujeres hacen que la humanidad avance" o del enérgico discurso de Spike Lee y su "estemos en el lugar correcto de la historia", el foco de polémica que se abre en estos momentos es cómo afectará en adelante la aparición en escena de un nuevo protagonista en la industria cinematográfica: las plataformas digitales. El debate, como mínimo, está servido.

Aunque todos los flashes parecen enfocar a Roma como máxima representante de las producciones cinematográficas de la nueva era, lo cierto es que la de Cuarón no ha sido la única película avalada por una plataforma digital. De hecho, de Netflix fueron quince de las nominaciones en total, entre ellas diez de la consabida Roma; tres de la nueva cinta de los hermanos Coen, La balada de Buster Scruggs (que postulaban a Mejor Guion, Vestuario y Canción original); y, entre otras, la del interesantísimo corto documental Period. End of Sentence. Así las cosas, y ante los Oscar recibidos en esta gala, es de recibo admitir que Netflix ha entrado con una gran potencia no solo presentando la película que se creía protagonista de la noche, sino apostando por aquellos proyectos que no parecen asequibles (e incluso interesantes) para otras productoras. Puede que los datos nos ayuden a reflexionar.

El gigante en streaming no solo atesora casi 130 millones de suscriptores a nivel mundial, sino que su valor en Bolsa alcanza los 135.000 millones de dólares, una suma que ha postergado a majors como Time Warner y Twenty-First Century Fox a un remoto segundo plano. En su afán por competir con producción propia, ha invertido un monto astronómico que el resto de competidoras no pueden sino conjeturar, comprometiendo elevadas cifras en cintas de complejidad evidente.

La película de Alfonso Cuarón es un buen ejemplo de ello. De tono semi biográfico, rodada en formato digital de 65 mm, con fotografía en blanco y negro y con la totalidad del metraje hablado en español y, parcialmente, en mixteco. Las cualidades de esta cinta no parecían presagiar, en absoluto, el éxito que ha sido capaz de cosechar, con asistencia masiva a las salas, un despliegue de nominaciones sin precedentes y con tres premios Oscar que incluyen el de Mejor director, Mejor fotografía o Mejor película de habla no inglesa. La película escrita, dirigida y fotografiada por Cuarón, con producción de una plataforma digital, choca frontalmente con el sistema hollywoodiense, tan dado a compartimentar cada una de las áreas de la producción.

Roma ha conseguido acercar las plataformas digitales a los Oscar, algo que, hasta el momento, no había sucedido en toda su historia.

Aun así, Roma no se ha llevado el Oscar a Mejor película, a pesar de que ya fuera la gran triunfadora de los Globos de Oro, amén de vencer en festivales como el de Venecia, que le dio la bienvenida otorgándole de facto el León de Oro. No obstante, el Oscar que se le presumía se le ha resistido, al igual que templos del cine como el de Cannes siguen mostrándose reticentes a la entrada de plataformas en streaming, al tiempo que la polémica en torno a los tiempos y tipos de exhibición siguen comprometiendo a las plataformas digitales, convertidos en auténticos emporios audiovisuales.

Entretanto, hace pocas semanas la nueva película de Isabel Coixet, Elisa y Marcela, se estrenaba en el Festival Internacional de Cine de Berlín ante el boicot de ciento sesenta salas de cine alemanas, las cuales solicitaron a Dieter Kosslick, director de la Berlinale, su inmediata exclusión del certamen. La cinta de Coixet, la cual tardó diez años en sacar adelante, se vio enérgicamente afectada por esta exclusión. Quizá The Irishman, la nueva cinta del cineasta Martin Scorsese, consiga superar la barrera del ostracismo, teniendo en cuenta que su producción ha corrido a cargo, nuevamente, de la plataforma Netflix.

Sea como fuere, lo cierto es que se acercan nuevos tiempos que requerirán de nuevas medidas. De momento, Roma ha conseguido acercar las plataformas digitales a los Oscar, algo que, hasta el momento, no había sucedido en toda su historia. Quizá es porque llegan modelos que requieren de nuevas películas, o quizá son las nuevas películas las que se amoldan a nuevos modelos. El tiempo lo dirá.

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