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20/10/2017 17:42 CEST | Actualizado 20/10/2017 17:49 CEST

Las locuras de Ágatha Ruiz de la Prada hacen que merezca más que nadie el Premio Nacional de Moda

Porque saber romper con todo y con todos también tiene su arte.

Sergio Perez / Reuters
Ágatha Ruiz de la Prada al final de su desfile en la pasarela Cibeles de Madrid en febrero de 2010.

Cada vez que se conoce quién ha sido el galardonado con un Premio Nacional, ya sea de Teatro, de Artes Plásticas, de Narrativa o de Moda, la siguiente palabra que suele escucharse es "¿Quién?". Ya se sabe: España no es país para culturas. El conocimiento popular medio de dramaturgos, autores, creadores y artistas en general es bastante escaso, y está claro que sin concepto no hay reconocimiento.

Este 20 de octubre, la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada se ha alzado con el Nacional de Moda —que otorga el Ministerio de Cultura— y serán muy pocos los que se pregunten "¿Quién?". Ese es su primer y nada despreciable logro. Cuando la moda, o simplemente la ropa, se ha convertido en algo tan popular y de lo que todo el mundo parece saber tanto (no hay más que ver las redes, los blogs, los eventos populares, llenos de chiquillas deseosas de probar y comprar), sus grandes nombres siguen siendo desconocidos más que para unos pocos. Sí, la gente sabe qué es Dior (que no quién es Christian Dior, y ni hablemos de su diseñadora actual, Maria Grazia Chiuri) y por supuesto que les suena Felipe Varela... pero apaga y vámonos.

Susana Vera / Reuters
Pedro J. Ramírez, José Luis Rodríguez Zapatero, Agatha Ruiz de la Prada y Mariano Rajoyen la presentación del libro de Pedro J. Ramírez 'El Primer Naufragio', en septiembre de 2011. La diseñadora llevaba los colores de la bandera de Francia porque el libro de su marido versaba acerca de la Revolución Francesa.

De ahí que el hecho de que esta colorida, vital y rompedora diseñadora le suene a más de uno o más de dos es todo un mérito. "Es que con las locuras que hace con la ropa, como para no conocerla...", dirán algunos, que seguramente nunca hayan oído hablar de Rei Kawakubo o de Palomo. "Es que tuve una libreta con su nombre...", dirán otros, que no ven que ahí De la Prada se apunta un quíntuple tanto, nada menos: que existan libretas suyas, que lleven su nombre, que estén en un punto de venta, que la gente las compre y, sobre todo, que sean reconocibles.

Ágatha, que podía haber cambiado, evolucionado, pero ha sido mucho más lista que todo eso. Ella ha se ha escurrido por el tiempo, que apenas ha pasado, más que para bien, por ella. Sus tiendas, puntos de venta, licencias para casi cualquier producto que uno pueda imaginar (de perfumes a sábanas, de papelería a maletas) son la clave de su éxito, como también lo es ver sus desfiles llenos de caras famosas y su vida expuesta, de tanto en tanto, en el papel couché. ​​​​​Porque la expone porque quiere, porque sabe lo que hace.

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La inagotable creadora ha decidido seguir un rumbo que arrancó hace ya un par de décadas y que la ha llevado por el camino del éxito. Una serie de marcas absolutamente reconocibles la sustentan: del corazón a la nube, de los colores a la silueta inesperada, es fácil ver cuándo alguien, en este país de la ropa beis y negra, lleva algún destello de Ágatha Ruiz de la Prada.

Levanta pasiones, pero también odios, sobre todo entre esos resabiados que sólo van de negro. Pero guste más o menos, es innegable que su trayectoria, visibilidad y capacidad para no dejar a nadie indiferente le merecen el Premio Nacional de Moda. En el mismo día que se conoce el galardón, y que se entregan los Princesa de Asturias, la reina Letizia no la vestirá, eso seguro (ni en ningún otro momento, probablemente...), pero no habrá que dejar pasar la ocasión cuando se entreguen los premios. Lo que lleve la diseñadora quizá logre incluso superar en titulares al atuendo de la reina. Y sólo eso merece un premio.

Estos son algunos de los hitos que la han hecho ser lo que es:

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