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24/04/2018 07:32 CEST | Actualizado 24/04/2018 07:32 CEST

¡Que vivan (algunos) periodistas de RTVE! (1)

EFE

Aquí va un relato sobre cómo los profesionales de la pública intentan salvar RTVE contra la desidia del gobierno y, LO QUE ES PEOR, la oposición. Vítores para los primeros y abucheos para los segundos.

Cuando se hundió el Prestige, la TVG hizo lo mismo que RTVE: intentar ocultar la magnitud de la tragedia. Marineros, mariscadores, vecinos desolados e irritados pedían a gritos a los periodistas que inundaron la costa gallega durante aquellos meses que dijeran la verdad.

En Muxía, un vecino increpó a un cámara de la televisión autonómica gallega acusándole de manipulador entre otras lindezas. El reportero gráfico, cansado de algo que se estaba convirtiendo en norma y dolido al ver cómo le hacían responsable de algo de lo que no era, le contestó:

- No me eche a mí la culpa. Lo que tiene que hacer usted es, la próxima vez que vaya a votar, votar en consecuencia

Su interlocutor, visiblemente contrariado, le respondió:

- No me mezcles la política con esto.

Arranco con esta anécdota que me contó en su día ese cámara de TVG, Santiago se llama, porque me viene de perlas para contar la historia que quiero contar. Que tiene dos objetivos. El primer capítulo hoy y el segundo mañana, que así creo expectativas. Los dos objetivos citados serían:

  1. Conseguir que todos nos sintamos orgullosos de un numeroso grupo de profesionales de RTVE, la tele pública.

  1. Demostrar que debemos abandonar toda esperanza: no existe voluntad política real para CAMBIAR la televisión de todos.

Vamos con el primer punto. Y para centrarnos, otra anécdota:

Cuando se cerró de manera abrupta Canal 9 (primera tele autonómica que se finiquitaba, también fuimos pioneros en eso) determinados colegas de esta tele autonómica que NUNCA antes se habían movilizado para protestar por manipulación informativa o tropelías varias, se convirtieron de pronto en adalides de la libertad de expresión. Es decir, los mismos que contribuyeron a consolidar el nefasto modelo televisivo que ahora los iba a dejar en la calle, los que habían mirado para otro lado mientras todo lo malo pasaba, salieron a defender la necesidad de una tele pública. Claro, nadie les creyó: fueron el hazmerreir durante mucho tiempo.

(Antes de seguir, necesito poner aquí este video, con un resumen maravilloso de Dani Mateo en El Intermedio. Yo lo vería entero pero si no tenéis tiempo, id directamente a la intervención de Manu Ríos, una de las jefas de la cadena autonómica en 2008. No tiene desperdicio. Arranca en el minuto 1:57)

Tras aquello (y tras aquel ERE turbio de Telemadrid) varios profesionales de RTVE sacaron conclusiones: Que nunca nos pase, que nunca nos tengan que decir dónde estabais vosotros cuando la cadena en la que trabajabais manipulaba, cometía desmanes, programaba basura, etc., por qué no protestabais, por qué no os rebelabais.

El PP había ya tomado plaza en la cadena: lo primero que hizo fue cargarse la ley que había permitido elegir en el Parlamento y de manera consensuada al presidente de la corporación. Volvió la elección a dedo. Y con ella, los despropósitos. Los momentos Urdaci. Las sonoras censuras.

"Aquello de Canal 9 fue una lección para todos y nos unimos en un lobby profesional para conseguir que dentro y fuera de la casa se supiera todo, para que no se nos pudiera acusar nunca de no haber denunciado. De no haber respondido a nuestro deber como periodistas de una cadena pública", apunta Xabier Fortes, miembro del combativo y ya reputado Consejo de Informativos de TVE.

Hubo que hacer primero una labor de zapa y concienciación externa e interna de la degradación del servicio público de RTVE. Veníamos de una buena etapa, de aquellos años en los que la radio televisión pública gozaba de prestigio y era comparada con la BBC por su pulcritud a la hora de informar. Así que había que confrontar cuanto antes esos dos momentos y poner el asunto en el debate ciudadano.

Se logró haciendo mucho ruido, trabajando mucho y exponiendo permanentemente los casos continuos de manipulación. Doy fe de ello: el aluvión de iniciativas, informaciones transparentes, y periodistas que daban la cara para contar las cosas ha sido, es, abrumador.

En todo este viaje hubo dos hitos:

El primero, cuando consiguieron reunir 617 firmas que se recogieron en RNE. Fue muy importante porque, tal y como me explica Alejandra Martínez, periodista de la radio y miembro de su consejo de informativos, se tradujeron en la caída de la primera dirección que puso el PP. "Porque no olvidemos que cuando el PP se carga la ley pone a la familia moderada en la tele y a la familia radical en la radio. Esa dirección primera hizo que perdiéramos casi un millón de oyentes en menos de una temporada, que eso es algo que se tarda décadas en recuperar. Teníamos haciendo informativos de cuatro horas, y análisis, a gente que jamás había pasado por una redacción de informativos. Recogimos las firmas y provocamos que aquella dirección cayera antes de que acabara la temporada, que es algo histórico"

El segundo, las 1500 firmas recogidas dentro de TVE en primera instancia y las 2300 después, que fueron llevadas al congreso. Además, hubo informes al Parlamento Europeo, campañas en twiter, movilizaciones permanentes. Y una máxima: cualquier denuncia interna había que contarla. A poco que uno haya estado atento, ha tenido que notar ese trasiego de los profesionales, esa pelea por hacerse oír.

Luego hubo que zarandear a toda la oposición y convencerla de que si no tomaban cartas en el asunto iban a ser CÓMPLICES. Fue, me cuentan, algo así como una palabra mágica. En resumen, fueron los tres Consejos de Informativos, (de TVE de RNE y de la web) en representación de los profesionales de la casa, quienes lograron sacar adelante la ley que puede cambiar el modelo de la corporación. "Dejándonos la piel, eso sí, peleando una barbaridad, todos los días, no quedándonos quietos. Pensemos que durante esta legislatura solo se han aprobado dos leyes, y una de ellas es esta", apuntan desde el consejo. "Denunciar, conseguir que la oposición se retratara, tener mil encuentros con ellos, presionarlos acusándolos de eso, de cómplices... ha sido, está siendo agotador".

Alejandra Martínez puntualiza que "dentro de la oposición nos hemos encontrado de todo, gente más convencida, gente que lo hacia más por postureo, por cábalas electorales, hemos estado a punto de ver cómo saltaba todo por los aires, pero al final se logró alcanzar el acuerdo en el que estamos ahora, y al que buscamos que se sume el PP para renovar la corporación"

A todos los compañeros de RTVE, los directivos de la casa les acusaban de algo insólito: de estar dañando con sus denuncias la imagen de marca de la tele pública. Que es como decir que quien denuncia la corrupción en España mancha la marca España... Bueno, estoy pensando que también hay quien lo piensa.

Mañana vamos con ese segundo objetivo del que hablaba, parafraseando a Dante: abandonad toda esperanza.

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