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25/07/2018 07:45 CEST | Actualizado 25/07/2018 07:45 CEST

Carta de amor a mi pueblo: nunca podré agradeceros lo suficiente

Publicado originalmente en Motherly

Por Kate Sissons

La vida está llena de cambios, especialmente cuando se tiene hijos. Hay que saber apreciar las zonas de confort.

Queridos amigos, habéis sido mi punto de apoyo durante esta montaña rusa y por ello sois un verdadero tesoro.

Desde el minuto uno hasta al tercer año, no sé qué habría hecho sin vosotros en el duro camino de la maternidad.

Así que, por todo lo que me habéis ofrecido, quiero daros las gracias.

Gracias por estar conmigo desde el principio.

El día que supe que estaba embarazada me ayudasteis a manejar todos esos sentimientos (y digamos que había muchos). Os ilusionasteis y asustasteis conmigo. Me ayudasteis a superar mis náuseas y me mantuvisteis alimentada, hidratada y animada el resto del día.

Gracias por cuidar de nosotros.

Cuando los pequeños llegaron, vinisteis a cuidarnos. No solo les cogisteis cariño a mis hijos, sino a mí, vuestra amiga que se acababa de embarcar en un nuevo viaje como madre primeriza. Nos trajisteis comida, regalos y, lo más importante, vinisteis.

Gracias por sustituir a mi pareja cuando tenía que trabajar.

Estabais ahí esa mañana, cuando mi pareja volvió al trabajo por primera vez y yo me quedé sola con gemelos de cuatro meses. Estabais ahí para guiarme en esos días que consistieron básicamente en malabarismos, en comer y siestas (¡ellos y yo!), y en intentar salir a la calle.

Gracias por alegrarme el día.

Nunca olvidaré cuando estaba saliendo a la calle con mis hijos de un año, llorando de lo cansada que estaba. Fuisteis a la tienda por mí y me cogisteis lo que necesitaba. Además, me disteis un abrazo y un hombro en el que apoyarme y me dijisteis que todo pasaría y que yo era una gran madre. Me sentí realmente aliviada.

Gracias por animarme siempre.

Y todos esos días quedando en el parque, que me escuchabais sin juzgarme cuando os hablaba de mis altibajos y mis movidas sin importancia. Habéis estado apoyándome en mis mejores momentos ("me he tomado una taza entera caliente hoy, yo sola. Sin que los niños estuvieran manoseándome") y habéis sido mi apoyo en los malos ("¡es como si no hubiera dormido durante décadas!"). Siempre estáis ahí y eso significa para mí más de lo que imagináis.

Gracias por verme no solo como madre, sino como persona.

Sois una vía escape para mí. Un pilar: de fuerza, belleza y admiración. Me identifico y sé que sentís lo mismo. Después de todos estos años, todavía podemos conectar en tantas cosas, y estoy muy orgullosa de eso. Con vosotros puedo ser vulnerable y sentirme a salvo. Puedo ser madre, pero también persona.

Gracias por querer a mis hijos.

Queréis a mis hijos como si fueran vuestros: les dais comida, les limpiáis la nariz, les vigiláis cuando necesito un descanso o tomar un café... Incluso fuisteis vosotros quien los llevasteis los primeros días, cuando paseábamos y charlábamos a la hora de la siesta.

Gracias por estar en la misma onda que yo.

No os importa que ya no sea la misma que cuando no tenía hijos. Todos somos padres a nuestra manera y todos vivimos la vida a nuestra manera. Y me conmueve saber que respetamos nuestras diferencias.

Amigos, desde lo más profundo de mi corazón, gracias por estar ahí. Gracias por ayudarme a ser la mejor madre que puedo.

Según pasan los meses y es más difícil reunirse (por actividades programadas, siestas y la distancia) sé que el amor está presente entre nosotros, y eso es lo que verdaderamente importa.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' EEUU y ha sido traducido del inglés por Lucía Manchón Mora

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