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17/01/2018 07:28 CET | Actualizado 17/01/2018 07:28 CET

El silencio del mundo en torno a los rohingyas es tan vergonzoso como esperado

Los rohingyas están completamente solos. Debería darnos vergüenza.

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Hace cuatro años, estaba sentado en una acogedora cafetería escribiendo un blog para el HuffPost acerca de la guerra civil de Siria, y a día de hoy sigue siendo deprimentemente intrascendente que esté muriendo tanta gente allí. Mueren por el único crimen de estar más indefensos que sus ejecutores. Mueren y el mundo no hace nada. Mi país, Estados Unidos, tampoco hace nada. Mientras unos enmascarados masacraban Hula, Idlib, Homs y Latakia, violaban a las mujeres, asesinaban a sus maridos y presionaban el frío cañón de sus armas contra el pelo de unos niños que instantes antes estaban acariciando sus padres, el mundo se quedó mirando.

Es horroroso que esté en la naturaleza humana encañonar a un niño y apretar el gatillo, pero es algo que está sucediendo en la actualidad, ahora mismo, mientras escribo este nuevo blog desde una cafetería y también mientras lo lees.

Poco antes del cese de sus funciones y mucho después de que se concretara alguna acción real, el Secretario de Estado estadounidense John Kerry admitió que la masacre, tanto de sirios progobierno como de sirios antigobierno, era un genocidio.

En la Birmania de hoy en día se está repitiendo la tragedia de Siria: los genocidios se multiplican y la reacción del mundo es cualquier cosa menos una reacción: silencio.

Los propagandistas del régimen birmano están logrando que a sus partidarios les parezca más tolerable asesinar a los rohingyas comparándolos con criaturas parásitas.

Además de salir reforzados por la apatía internacional, el gobierno de Birmania parece haber adoptado el guion de deshumanización del presidente sirio, Bashar al-Assad. Por ejemplo, los propagandistas del régimen birmano están logrando que a sus partidarios les parezca más tolerable asesinar a los rohingyas comparándolos con criaturas parásitas que no merecen el amparo de los derechos humanos. Esa perversa lógica nos es demasiado familiar: los rohingyas son parásitos. Los otros. ¿Y cómo se trata una plaga de parásitos? Con el exterminio o, al menos, el destierro.

Las razones aducidas por la comunidad internacional para evitar hacer frente al genocidio que está teniendo lugar en Birmania son una copia de las que se adujeron para no pronunciarse sobre Siria. Tras varias intervenciones fallidas, nos hemos vuelto cínicos. En lugar de aprender que una intervención no está siempre justificada, la lección que hemos interiorizado —sobre todo tras la prolongada y mal justificada intervención en Irak y Afganistán antes de la crisis siria— es que una intervención nunca está justificada. Como escribe Simon Tisdall, de The Guardian, en la actualidad hay "pocas ganas de realizar intervenciones humanitarias, incluso en los casos más graves".

Lo que me ha sorprendido tanto de estas crisis de Siria y Birmania no es que las personas se hayan tratado de forma tan inhumana unas a otras. Los budistas y musulmanes de Birmania; los chiitas, los suníes, los yazidíes y los cristianos de Siria son humanos y es habitual que haya tensión. Lo que me ha sorprendido es la reacción de la comunidad internacional. Bueno, la falta de reacción, más bien.

Cuando un gobierno poderoso asesina a determinadas minorías por motivos políticos, esa gente depende de la ayuda externa de otros países. Su propio gobierno los ha abandonado, pasando de protegerlos a perseguirlos. En Birmania, donde casi 870.000 rohingyas han tenido que exiliarse a Bangladesh y unos 10.000 han fallecido en el proceso, "su gobierno no solo ha fracasado a la hora de protegerlos, sino que parece ser un culpable directo".

Por desgracia, así como Siria recibió ayuda de los países interesados (Rusia y Estados Unidos), no hay ningún país que parezca tener suficientes intereses en Birmania ni en los indefensos rohingyas para adoptar alguna medida específica. De hecho, es bastante probable que China vete cualquier paso al frente que dé el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debido a sus propios intereses geopolíticos en la región, del mismo modo que Rusia vetó una actuación conjunta contra Bashar al-Assad durante las etapas iniciales de la guerra civil de Siria.

Los rohingyas están completamente solos. Debería darnos vergüenza.

Este post fue publicado en The Good Men Project, fue editado para el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.