BLOGS
03/05/2018 13:43 CEST | Actualizado 04/05/2018 18:28 CEST

A mi madre, en los días del fin de ETA

Cover/Getty Images
Imagen de archivo de un atentado con coche bomba contra un guardia civil en Madrid. (Photo by Alvaro Rodriguez/Cover/Getty Images)

Mamá, ya se acabó todo. Ya se acabó del todo. Lo sé, sé que todo lo de estos días no es sino un circo propagandístico más, uno más. Pero no he podido evitar acordarme de todo. También, una vez más.

Me acuerdo de cómo mirabas por la ventana esperando que apareciera el coche del aita en la esquina de la calle. Me he acordado de las pintadas en la escalera de casa, una vez más. Me he acordado de aquel viernes que explotó la bomba justo debajo de casa. Me acuerdo que estábamos viendo Elexpreso de Chicago, con Gene Wilder y Richard Pryor (de qué cosas se acuerda uno...) cuando explotó, y la ventana se abrió de par en par, no rompió porque cerraba mal, menos mal. Y me acuerdo de cómo mi hermano gritó. Me he acordado también de todos los atentados que hubo alrededor de casa. Me acuerdo de que nuestro coche cambiaba de color de vez en cuando, y no entendía porqué, y más tarde entendí, como tantas y tantas cosas que se entienden luego. No coger el teléfono, no abrir la puerta, aquella puerta blindada, los escoltas...

Sobre todo me he acordado de la pintada con la diana y tu nombre en el muro frente al portal. De cómo tu mayor preocupación era que no la viera la pequeña de la casa

Me acuerdo, de aquella vez, años mas tarde, que subíamos tú y yo andando la cuesta hacia casa y nos increparon porque llevábamos el lazo azul. El lazo azul, ¿Recuerdas? "Aldaya paga y calla!" decían. Todavía me acuerdo. O cuando nos tiraban huevos en las concentraciones de la Paloma de la Paz, de la Plaza Guipúzcoa o del Buen Pastor, según. Me acuerdo de eso y de tantas cosas...

Me acuerdo cuando vivía fuera cómo por teléfono me decías aquello de "menos mal que no estas aquí, menos mal que estas lejos", me acuerdo que muchas de esas conversaciones eran para decir "¿Ya sabes que han matado a...?" "¿Le conocíais?" "Sí, es ..." Cuántas veces..., casi siempre me lo contabas tú. "Me alegro de que estés lejos, porque lo que está pasando es..."

Y, finalmente, me acuerdo del día siguiente a mi vuelta, volví por segunda o tercera vez, ¡qué manía de volver la mía!

Sobre todo me he acordado de la pintada con la diana y tu nombre en el muro frente al portal. De cómo tu mayor preocupación era que no la viera la pequeña de la casa. De las llamadas telefónicas de aquella madrugada hasta que decidimos cortar el teléfono. De las medidas de autoprotección adquiridas durante años y reactivadas de inmediato, rudimentarias y caseras, pero eficaces. Siempre me acordaré de esos días, y me acordaré aún más porque lo normal era que las pintadas llevaran el nombre del aita. A eso, aunque sea triste decirlo, ya estábamos más o menos acostumbrados, si es que te puedes acostumbrar. Quizás por eso reaccionaste así de rápido y de bien, la costumbre también es entrenamiento y reflejos. Pero esta vez era tu nombre.

Llovía sobre mojado, como siempre.

Algo habrías hecho... ¿Firmar un manifiesto? ¿Algún comentario en tus clases? Sin duda, seguro que sí.

Aprovecho la proximidad del día de la madre, y que toda esta mierda se ha acabado para siempre, para darte las gracias, dároslas a los dos, porque a pesar de todo crecimos felices y sin odio

Durante los últimos años he podido comprobar cómo para explicar lo sucedido en el País Vasco - desde los años de plomo hasta el final de ETA, pasando por la "socialización del sufrimiento" - analistas, historiadores y periodistas han desplegado uno detrás de otro toda una serie de argumentos, artículos y libros que curiosamente no han sido sino la transcripción escrita y a posteriori de lo que tantas y tantas veces hablamos en el salón de casa. Supongo que tu licenciatura en historia y tu máster en periodismo ayudaron a mantener la lucidez en tiempo real, aunque creo que en el fondo nada como tener convicciones y las ideas claras para mantenerse firme, contra viento y marea.

Yo sé lo que hicisteis, tú y el aita : manteneros dignos y libres.

Aprovecho el Día de la Madre, y que toda esta mierda se ha acabado para siempre, para darte las gracias, dároslas a los dos, porque a pesar de todo crecimos felices y sin odio. Y eso sí que no era fácil de conseguir.

El circo y la propaganda no se han acabado, ya lo sé. De eso queda para un buen rato. Y no deja de tener cierta gracia que esto acabe cerca del Día de la Madre, en este país de tradicional matriarcado. Muy revolucionario todo... Para ellos será por aquello de la madre patria supongo. Para mí es la ocasión de rendir tributo a tu valentía y tu ejemplo.

Gracias por todo, Mamá. ¡Disfruta de tu día!

Síguenos también en el Facebook de HuffPost Blogs

NOTICIA PATROCINADA