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11/03/2019 07:24 CET | Actualizado 11/03/2019 07:24 CET

Urnas europeas, una cita con el futuro

Reuters
Parlamento Europeo.

El próximo día 26 se nos convoca a unas elecciones europeas cruciales que al coincidir con las municipales, autonómicas y hasta forales por un lado y al ser tapadas por otro lado por el adelanto electoral de las elecciones generales del 28 de abril, están pasando inadvertidas. Más aún incluso de lo que ya viene siendo habitual, ya que no es nada nuevo ver cómo paradójicamente estas elecciones despiertan menos interés que el resto. Y digo paradójico porque aunque quizás más aburridas y mediáticamente menos atractivas, las elecciones europeas son desde hace años las más trascendentales: no olvidemos que el 70% de nuestro marco legal nacional (o estatal si prefieren) proviene de la adaptación a las directivas de la UE y del parlamento europeo.

El sistema electoral para la cámara europea, con altas dosis de proporcionalidad y factores correctores distintos de los habitualmente utilizados en las leyes electorales de los estados miembros han convertido con éxito, y con razón, a la cámara en un órgano dinámico y de representatividad muy elevada así como de fácil acceso incluso para formaciones nuevas y pequeñas -fue el caso por ejemplo de la "campanada" de Podemos en 2015 y tras el 15M- demostrando así que el parlamento europeo es un fiel reflejo de lo que pasa en sus países miembros. Por la misma razón, el parlamento europeo constituye un poderoso altavoz para distintas fuerzas antieuropeístas que se aprovechan de esta circunstancia. Nigel Farage adalid del Brexit o Marine Le Pen han sido habituales del hemiciclo europeo, y todo parece indicar que la ola nacionalpopulista que atraviesa toda Europa va a tener también en esta convocatoria su reflejo parlamentario como no podía ser de otra manera. De Vox a Los Demócratas Suecos, del Frente Nacional francés a los seguidores de Victor Orban, de Salvini al EKRE en Estonia, de Norte a Sur y de Este a Oeste, en toda Europa sube la xenofobia, el racismo, el antieuropeismo y el nacionalismo excluyente.

Los europeístas -democristianos, liberales, socialdemócratas y verdes entre otros- debemos movilizarnos al máximo en esta convocatoria electoral. Imagínense, solo por un momento que la comisión europea que emane del parlamento europeo en mayo caiga en manos de declarados antieuropeístas tipo Orban, o que Marine Le Pen fuera Comisaria económica de la UE. No me negarán que sería algo así como que los independentistas -nuestros particulares hispanoescépticos- llegaran a Moncloa... Ya sé que para el Partido Popular y Ciudadanos esto ya ha sucedido, pero yo me refiero a que sucediera de verdad, no a la percepción hiperventilada, paranoica y deformada de la realidad que pregonan algunos.

Las próximas elecciones europeas marcarán un antes y un después en el devenir del continente, nos jugamos mucho: el futuro de Europa, nuestro futuro.

Sirva esta traslación del ámbito nacional al europeo, para visibilizar lo que nos estamos jugando en Europa. Y es que esta vez nos estamos jugando mucho más que una simple representación política de la sociedad, y vaya por delante que no se trata de cambiar las normas electorales sino de demostrar que somos muchos más los europeístas que los euroescépticos de todo pelaje, patria o condición. Y sí, claro que es cierto que hay muchas cosas por mejorar en Europa, que hace falta no tanto más Europa, sino mejor Europa. Pero la cuestión es que para seguir teniendo una Unión Europea que poder mejorar, primero hay que preservarla. Para poder aspirar, como aspiramos algunos, a una Europa Social con ayudas sociales a la persona y cobertura de desempleo europea por ejemplo, para ello, insisto, tenemos que tener primero una Unión Europea que poder reformar. Una Unión Europea sólida, unida y cohesionada a poder ser.

Europa a través de la UE se ha convertido en la única zona del planeta con un sistema de redistribución supranacional de la riqueza a través de lo público, con un sistema de protección social que aunque todavía desigual en función de los países constituye un oasis a nivel global. Debemos ser conscientes de que en una economía fuertemente globalizada, nuestro estado del bienestar será europeo o no será. Algunos añoran la época en que el Estado Protector se construía en el ámbito de la nación, y se calcaba sobre la patria, otros añoran no haber podido hacerlo al amparo de una patria distinta, pero casi todos olvidan que nuestros sistemas de protección social, aunque de ámbito nacional serían insostenibles en estados separados de la Unión Europea.

Las próximas elecciones europeas marcarán un antes y un después en el devenir del continente, nos jugamos mucho: el futuro de Europa, nuestro futuro. No hay voto útil, por que no hay voto inútil. Tu voto también cuenta, tú verás.

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