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30/12/2012 10:09 CET | Actualizado 28/02/2013 11:12 CET

Superando la hoja de higuera: re.act.feminism #2 en Barcelona

La propuesta sobre chicas se sitúa claramente en un presente que mira hacia el futuro, mientras que la de los chicos aún se entretiene en la pugna por quitar las hojas de higuera de hace dos siglos. Pero es que, como ya hicieron muchas artistas con las bragas o el miedo, no es de los cataplines de donde hay que quitar las hojas, sino del cerebro.

La reina Victoria se paseaba orgullosa por el recién estrenado Victoria & Albert Museum, admirando una colección a la altura de su imperio. Sin embargo, al encontrarse con una copia del David de Miguel Ángel, se sintió incomodada: al héroe bíblico se le veía... eso que cuelga. La situación fue tan regiamente embarazosa que el director del museo decidió ocultar todos los genitales masculinos con hojas de higuera, las mismas que Adán y Eva usaron para cubrirse tras caer en desgracia con Dios. Y así se ha hecho tantas veces, sin importarnos lo ridículo que resulte todo un hombretón con un aderezo botánico entre las piernas.

Los dos kilos de catálogo de la exposición Nackte Männer (Leopold Museum, hasta el 4 de marzo de 2013) abren con esta anécdota. A continuación desfilan textos sobre el hombre desnudo -desde el clasicismo ilustrado hasta el presente-, así como una ingente cantidad de obras en las que la testosterona toma las formas más variopintas, sean la gloria olímpica o la vulgaridad del vecino. Con o sin hojitas, otro ensayo sobre la masculinidad en forma de exposición. En 1995 fue la enciclopédica y no superada Féminimasculin de París, y en 1996 y 2002 las más específicas The Masculine Masquerade de Massachusetts y Héroes caídos de Castellón, por ejemplo. Al parecer, en el siglo XIX había que tapar las vergüenzas de los señores, mientras que hoy organizamos grandes eventos a su costa. Empero, las cosas no han cambiado tanto. Si Victoria levantara la cabeza, observaría complacida como el Leopold de Viena, tras un alud de críticas reaccionarias, se ha visto obligado a cambiar sus carteles... ¡porque muestran genitales masculinos!

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Imagen de la exposición Nackte Männer, con las obras de Elmgreen & Dragset, Shephered Boy (Tank Top) (2009) y Jason (Briefs) (2009). De las obras: © Cortesía de la Galleri Nicolai Wallner, Copenhague / VBK, Viena, 2012. De la fotografía: © Leopold Museum, Bildit.

Si el episodio de la hoja de higuera en el Victoria & Albert nos provoca sonrisitas de distancia, la actual censura del Leopold enfría la sensación autocomplaciente de haber superado ciertos prejuicios. Es desalentador saber que, por costosas exposiciones sobre hombres en cueros que hagamos, su visibilidad continúa crispando. Si los chicos en pelotas todavía nos escandalizan, ¿cómo vamos a construir teorías sobre la identidad masculina con las que podamos identificados?

Y es que vamos retrasados. Donde las mujeres llevan décadas elaborando alternativas a las imágenes en las que las cosificábamos, los hombres aún estamos percatándonos de que nuestros cuerpos también existen en el arte. En la época victoriana, cuando los derechos entre mujeres y hombres distaban de equipararse, ellas constituían los elementos pasivos de la sociedad. Tanto que podían ser visibilizadas en la indefensión de la completa desnudez. En cambio, los bigotudos debíamos aparecer como el motor heroico de la civilización, una apariencia que exigía mayor decoro. Privilegios del que manda, algo que tenían interiorizado hasta las reinas. Algo que se convirtió en una trampa que anestesió cualquier necesidad de reivindicación y bloqueó toda urgencia de reflexión.

La enorme diferencia entre los avances en el campo de lo femenino y los palos de ciego que damos con lo masculino quedan patentes en re.act.feminism #2 (Fundació Antoni Tàpies, hasta el 17 de febrero de 2013). Para empezar, no se trata de una exposición, sino de un archivo en crecimiento y tránsito por Europa. Visitarlo es una experiencia estética, académica, creativa... personalizada. Llegar, consultar el catálogo o al atento personal de sala, y sentarse a visionar documentos sobre la performance feminista desde los años 60, con representación de más de 160 artistas y colectivos artísticos. Nadie dicta qué ver, ni en qué orden, ni cuál es la tesis. Todo eso queda para el usuario, que dispone de muchas de las propuestas artísticas y críticas fundamentales realizadas por mujeres y desde las ópticas del sexo, el género, el deseo y la identidad. Material suficiente no para sacar conclusiones, sino para recordar que la feminidad es una construcción social en constante redefinición. Ah, y sin hojas de higuera para las vaginas -en todo su esplendor en una de las performances ya clásicas de Carolee Schneemann-, sin ahorrarse el dolor -Regina José Galindo se escribe un insulto en el muslo a base de cortes-, sin dejar de enfrentarse al aislamiento -Line Skywalker Karlström grita sin éxito a los animales del bosque que quiere hablarles sobre la obra de las grandes artistas- y a menudo sin perder la capacidad de ironizar: Esther Ferrer elucubrando sobre la teoría y la práctica de la performance, María Ruido denunciando cómo la voz de él se superpone a la de ella, Suzanne Lacy equiparando las partes de un cordero a su propia anatomía, o Katarzyna Korzyra ignorada como animadora en unos vestuarios hasta que aparece con pene.

En fin, una exposición de niños y un archivo de niñas, Nackte Männer centrada en el objeto y en recorridos temáticos cerrados, todavía enmarañada en la reivindicación de una visibilidad diferente de la impuesta en el pasado, y re.act.feminism #2 basada en lo inmaterial de la performance y en un planteamiento que puede ser diferente para cada visitante. La propuesta sobre chicas se sitúa claramente en un presente que mira hacia el futuro, mientras que la de los chicos aún se entretiene en la pugna por quitar las hojas de higuera de hace dos siglos. Pero es que, como ya hicieron muchas artistas con las bragas o el miedo, no es de los cataplines de donde hay que quitar las hojas, sino del cerebro.

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Antonia Baehr, Lachen (2008), del archivo re.act.feminism #2. De la obra: © Antonia Baehr, 2012. De la fotografía: © Julie Pagnier, 2012.

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