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06/03/2019 13:38 CET | Actualizado 06/03/2019 16:29 CET

La contradicción de Podemos ante el 8-M

EFE
Imagen de archivo del 8-M

Arrecia la pelea por el voto femenino para el 28-A, al confirmarse que el 60% de las mujeres están indecisas. La huelga y la manifestación del 8-M lucha por no contaminarse —el feminismo es un movimiento transversal y hay bastante unanimidad teórica sobre ella—, pero el asunto no está fácil. La coalición Unidos Podemos, la formación que de puertas afuera más ha representado el movimiento, lucha contra sus propias contradicciones: querer ser la vanguardia del feminismo, cuando sus líderes más visibles son hombres y anuncian que vuelve Pablo iglesias.

Pero las mujeres de estas formaciones no se resignan... ¿Hasta cuándo? Consciente del déficit entre lo que predican y practican, Irene Montero ha tratado de paliarlo esta semana con sus declaraciones, aunque los hechos están ahí.

La coincidencia del 8-M con la precampaña electoral intoxica la huelga y las manifestaciones de este viernes, hasta el punto de que en los últimos días los líderes políticos de la derecha han dado un giro radical a sus palabras. Pablo Casado vuelve a hablar de violencia de género y no de violencia doméstica, como hizo desde su amistad con Vox. Albert Rivera lanza conceptos como "feminismo liberal" que generan debate no exento de ironías. Ambos están asustados por la contaminación de Vox y su antifeminismo, tras el pacto en Andalucía.

La lucha se comprende con los datos: el 51% del censo electoral son mujeres, y según el CIS, casi el 60% no tiene claro aún a quién votar

La lucha se comprende con los datos: el 51% del censo electoral son mujeres, y según el CIS, casi el 60% no tiene claro aún a quién votar. En el último barómetro de febrero, la mitad de los encuestados consideraban que las manifestaciones del 8-M están sirviendo de mucho y cerca del 90% cree que todavía queda mucho por hacer. Un porcentaje en el que hay votantes de todo el arco parlamentario.

La contradicción, sobre la mesa

Las izquierdas, mientras, intentan capitalizar la manifestación de este viernes, apoyándose en la idea de que el feminismo es más de izquierdas que de derechas y que el voto de las mujeres así lo demuestra. Esto es algo incierto, porque si bien el PSOE sí que es el partido con más voto femenino de ese 51% con el 20,8%; le siguen el PP, con el 14,6%; Ciudadanos con el 13,3 y Podemos, con un 6,2%. Y sin embargo, es la formación morada —coincidencia o no de colores emblemáticos— la que quiso capitalizar la movilización el año pasado. Los demóscopos explican esto por la vinculación al 15-M y a que las votantes de Podemos, pese a ser menos que en las otras tres grandes formaciones, son más jóvenes, están más formadas —universitarias en número importante— y manejan mejor las nuevas tecnologías.

Pero la contradicción está sobre la mesa. Los rostros visibles de un partido que se considera la vanguardia de la cuarta ola del feminismo son hombres: Iglesias (Podemos), Alberto Garzón (IU) y Juan López de Uralde (Equo). Los de En Marea – liderada por ahora por Luis Villares- y la ruptura con Podemos, Anova y Esquerda Unida, es un tobogán con fondo desconocido.

Consciente de la incoherencia, Irene Montero lanzó el lunes en TVE la oportuna afirmación de que "la próxima persona que ocupe la secretaría general será una mujer y será pronto". Sin concretar una fecha.

Es el patriarcado, que también está en la izquierdaSol Sánchez (IU)

"Es el patriarcado, que también está en la izquierda", explica Sol Sánchez, la candidata de IU por la Comunidad de Madrid, a la espera de formar tándem con Isabel Serra por Podemos. Sánchez, segunda de Alberto Garzón durante tiempo, se rebela contra una realidad, "y es que cuando miramos las estadísticas, es palpable la desventaja que tenemos las mujeres frente a lo que representamos. Claro que peleamos, es más, yo aspiro a que la lista nuestra sea al 50%, como se establece. Pero si pudiéramos, incluso un porcentaje mayor. Y sí, el machismo es transversal. A mis compañeros, cuando se columpian, les envío aquella pintada histórica: 'no hay nada más parecido a un machista de derechas que un machista de izquierdas'".

EFE
Irene Montero en una imagen de archivo.

Luchen con más fuerza o menos, la mayoría de las consultadas reconocen que es complicado explicar cómo el partido que más capitaliza el 8-M no tiene mujeres liderando en igual proporción que los hombres. "Ha habido distintas etapas. Hace dos años había más secretarias generales autonómicas que ahora. Podemos no está exento del nivel de patriarcado de la sociedad española, es muy difícil generar una cápsula. ¿Cómo se corrige? Con cuotas más rigurosas, que no solo deben ser cuantitativas sino cualitativas", explica Carolina Bescansa, demóscopa y fundadora de Podemos.

Que la inquietud existe en la coalición de Garzón, Iglesias y López de Uralde, es un hecho que se refleja en propuestas como la de Isabel Serra, que acaba de lanzar la idea de crear una asignatura de feminismo en los colegios. Las bromas entre las mujeres de Unidos Podemos no se han hecho esperar. Están dispuestas a matricular a sus líderes políticos los primeros en esa asignatura.

La diputada por Equo en Vizcaya, Rosa Martínez —acaba de dejar el Congreso de los Diputados para coordinar la política de Podemos en Vitoria— no elude la contradicción existente en las formaciones que integran Podemos y empieza como las demás, "es el patriarcado y lo que debemos de hacer es deconstruir esas contradicciones. El machismo está socializado en la economía, las empresas, la política, las organizaciones sociales. El techo de cristal en la política es un hecho. Los partidos no escapan a la organización de esta sociedad. Mientras los hombres acaban una reunión y se van de cañas para seguir, las mujeres tenemos que conciliar". "A nosotros nos pasa igual, cierto que sobre el papel tenemos igualdad, pero en la práctica, unas veces sí y otras no. Nos exigen a veces más y las criticas también son más fuertes. En la izquierda, la contradicción masculina es quizá mayor. Para mí, es grave que los hombres se declaren feministas y no lo sean. Las incoherencias me preocupan", sentencia.

En el ánimo de muchas flota la creencia de que tratar de apropiarse de los movimientos sociales, solo sirve para dinamitarlos

En el ánimo de muchas flota la creencia de que tratar de apropiarse de los movimientos sociales, solo sirve para dinamitarlos. "Ya lo hizo en su día el PCE e IU y es el peor favor que se puede hacer a una causa, en este caso, trasversal y común a tantas mujeres, al margen de su ideología política", explica una de ellas.

Asociar un movimiento que afecta a más de la mitad de la sociedad directamente a un partido político puede lograr que pierda fuerza, al haber una parte importante que no comulgue o rechace esas siglas y como consecuencia se desligue del objetivo común al no sentirse cómoda.

Sirve también para proporcionar munición a los partidos en contra de esa lucha, que aprovechan para desacreditar a las mujeres que piden la equiparación de derechos metiendo a todas en un mismo saco, cuando la mayoría está ahí, unidas por un interés común que trasciende a una militancia en concreto.

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