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21/05/2014 22:39 CEST | Actualizado 21/07/2014 11:12 CEST

¿Se esconde el príncipe detrás de Letizia?

2014-02-06-20131023sesioncontrol.jpgCuando se cumplen diez años de su matrimonio, es a ella a quien se analiza con lupa, la que concentra la antipatía popular aunque paradójicamente, toda noticia que incluye su nombre se sitúa ipso facto entre las más consumidas, sin diferencia de públicos ni de medios.

La monarquía ha rentabilizado poco a la princesa plebeya. ¿O al contrario, lo ha hecho mucho? El príncipe Felipe es el más valorado de los personajes de la Casa Real, junto a su madre, la Reina Sofía. Eso dicen las escasas encuestas que se manejan sobre el tema, mientras la princesa está lejos de obtener el mismo apoyo. "Es cierto que no está tan bien valorada pero tampoco suspende", se apresuran a recalcar desde el círculo del Príncipe. ¿Sirve Letizia como escudo protector del heredero, para ocultar sus déficits y resaltar sus aciertos? Cuando se cumplen diez años de su matrimonio, es a ella a quien se analiza con lupa, la que concentra la antipatía popular aunque paradójicamente, toda noticia que incluye su nombre se sitúa ipso facto entre las más consumidas, sin diferencia de públicos ni de medios. Por eso sorprende que su fichaje como princesa no haya aportado más complicidad y popularidad a la Monarquía, humanizando a la institución y conectándola con los ciudadanos.

"Nadie se planteó 'ficho a una princesa plebeya para rentabilizar su imagen'. Fue una boda distinta, en la que un príncipe decidió casarse por amor. El resultado es que tenemos una pareja de nuestro tiempo con una princesa periodista, que no ha cometido ningún error grave en estos 10 años", aseguran fuentes próximas a la Casa Real. Lo que es evidente es que la identificación de los ciudadanos con Letizia como si tratara de una persona normal, una igual, no se ha producido. En cambio, el príncipe no deja de mejorar sus resultados, pese a las dudas de amplios sectores tradicionales de que su elección matrimonial fuera la correcta.

"No es cierto que el Príncipe se esconda detrás de ella. Se la examina más que a él, porque es la que está más expuesta y tiene más valor comercial, como le pasa a Kate Middleton. Aunque el príncipe tiene el doble de actos, si asisten los dos juntos hay más repercusión mediática. Pero si él acude solo, se cubre sectorialmente en los medios. Desconozco las razones, pero al público le gustan las princesas", apunta otra fuente cercana a la institución. Preguntamos a un reconocido psiquiatra, Benito Peral sobre ese morbo que despiertan las princesas en la gente: "Hay un mecanismo que se llama identificación proyectiva. El individuo reacciona espontáneamente, de forma inconsciente en la identificación con una princesa. Con permiso de Sabina, que dice que las niñas ya no quieren ser princesas, hay muchas personas que sí parecen identificarse con esa imagen". De momento, nadie ha hecho estudios a fondo sobre esta falta de empatía de la princesa con el pueblo, pero es cierto que Letizia falla en esa identificación proyectiva por diferentes motivos. "Creo que la envidia derrota al mito de la Cenicienta. La envida está en nuestra condición humana, es más fuerte que nosotros y es un factor a tener en cuenta, aunque no tiene base científica. Una señora que salía en la tele, que proviene de un mundo normal, que era una más, cercana a nosotros, eso no se soporta", añade Peral.

Más allá del diván en el que se pueda tender a esta sociedad y a su Monarquía, aprovechando la celebración del aniversario del enlace del 22 de mayo, lo que La Zarzuela quiere transmitir es que los príncipes "han madurado y están listos para desempeñar su futuro papel de Reyes", pese a no tener un guión escrito sobre las obligaciones del heredero y su consorte. Como si haber trazado ese guión sin copia fuese algo excepcional y logrado con mucho tesón. La historia demuestra que ningún heredero ha tenido legislado su papel y que sus antecesores también tuvieron que dotarle de contenido. "La figura del Príncipe no tiene funciones en la Constitución. Su papel está basado en la tradición, no hay leyes que lo regulen y tampoco lo veo necesario. Se habló de cambiar la Constitución, que la mujer tuviera idénticas posibilidades que el hombre, como se ha hecho en Dinamarca, Noruega y Suecia, pero quedó en nada", explica Francisco Rubio Llorente, asesor esencial de la Constitución y expresidente del Consejo de Estado.

De hecho, en los últimos años y a medida que el rey ha ido tropezando con todo lo que se le ponía por delante y su figura se deterioraba desde el punto de vista de la imagen, ha habido voces que han sugerido la necesidad de detallar el papel del heredero. Como a Rubio Llorente, al historiador Santos Juliá no le parece necesario ni apropiado que la Carta Magna recoja alguna referencia a las tareas de un príncipe heredero. "En la Constitución queda claro que el rey es el jefe del Estado y quién es su sucesor, pero no entra en atribuir funciones a ese sucesor. Nunca ha habido una estipulación donde se reflejara el papel del heredero, entre otras cosas porque los estados absolutistas no tenían constituciones y, desde luego, no necesitaban establecer el papel del príncipe. Cosas distintas eran asuntos como la Ley Sálica, que no dejaba reinar a las mujeres. O las guerras de sucesión, más por el reconocimiento de la sangre, del derecho dinástico, pero no por el papel que jugaba el heredero. No soy un experto, pero creo que no es una materia constitucionable. Quizás una ley orgánica, aunque tampoco soy partidario. No existe en otros países y aquí no lo ha habido nunca, ha estado basado en la tradición y la costumbre", subraya el historiador.

En este largo camino sin guión que la pareja real ha tenido que sortear con sus propios medios y que La Zarzuela subraya en estas fechas, no sólo están los tropiezos del rey con su salud, Corinna o los elefantes, sino lo que constituye la carga más pesada en la mochila de Felipe y Letizia, el Caso Urdangarín. Pero como apunta una fuente política, conocedora de la institución desde hace tiempo, también el rey y Urdangarín han contribuido a atenuar los errores de la misma Letizia y los pecados de origen que le ha adjudicado la derecha más tradicional y aristócrática. Como se ha comentado estos días en los aledaños de la Casa Real, a la princesa no se le ha perdonado el que quitara el puesto a la vástaga de alguna buena familia aristócrata o del mundo de los grandes negocios. O de ambos, puesto que hace siglos que ambos clubs -el de los apellidos aristocráticos en decadencia y el de los grandes banqueros y empresarios- se mezclan, en beneficio de la supervivencia de la especie. "Con tanto lío con su suegro y su cuñado, hay momentos en que el personal se olvida de que es una divorciada y periodista, lo que no parece la carrera más apropiada para una reina consorte", reflexiona el político, que en su momento estuvo cerca de la Casa Real.

Sobre el divorcio y la posibilidad de que algún día la pareja real tuviera que afrontar tal situación -el verano pasado, a raíz de las escapadas de Letizia ya hubo todo tipo de rumores- el constitucionalista Rubio Llorente lo tiene claro: "¿Qué decidieran divorciarse? Sin problema. Ella perdería el título y sus hijas seguirían siendo herederas. Y punto", sostiene el expresidente del Consejo de Estado, a quien los chismorreos y escándalos que tal tema pudiera ocasionar a nivel mediático, le caen muy lejos. En cuanto a su profesión, ahí Zarzuela defiende que el hecho de ser periodista no ha influido positiva ni negativamente con respecto a la imagen de la princesa, pero "quizá, y por añadir algo, si hubiera tenido otra profesión, como médico por ejemplo, no hubiera tenido que abandonarla, pero esto es solo un supuesto".

Lo que no es un supuesto son los esfuerzos de Felipe por no perder su tiempo con los problemas familiares, o al menos que no se trasluzca. En esa batalla por demostrar que son una pareja real del Siglo XXI, los príncipes no son ajenos a otros problemas que inquietan a toda la clase política del país, como el independentismo catalán. Son príncipes de Girona y ambos se han esforzado por demostrar que además, hablan catalán cuando es necesario. El heredero hace un continuo uso de ello cada vez que visita Catalunya. ¿Cabría la posibilidad de que, igual que en Escocia los escoceses quieren seguir teniendo una reina, en caso de que Catalunya fuera algún día independiente, continuarán siendo príncipes de Girona? Tanto Rubio Llorente como el historiador Santos Juliá lo tienen claro. No, porque "si Catalunya llegara algún día a ser independiente, sería con la forma de una república", aseguran, y mientras Rubio recuerda que el título de Girona es meramente honorífico, Juliá retoma la historia para recordar que cuando Fernando el Católico se casó con Isabel de Castilla, Fernando era el heredero de Aragón y de Cataluña, con lo cual allí se paró la dinastía.

Por cierto que el historiador, lejos de los remilgos intelectuales que surgen en su ámbito de actuación cuando se pregunta por la joven pareja real, especialmente por Letizia, no tiene inconveniente en relatar que una noche estuvo sentado al lado de la princesa de Asturias y charlaron largo. "Y tengo que decir que me causó una impresión excelente. Acostumbrado al lenguaje de madera de los políticos, a los que trato más a menudo y que son previsibles en sus respuestas casi siempre, soportando tanto impostado como hay, la princesa demostró una gran naturalidad, sin afectaciones ni frases hechas, capaz de mantener una conversación sobre cosas reales, desde la educación de sus niñas a otros asuntos de la vida real y cotidiana". El comentario nos da pie para interrogarle sobre si se cree eso de que los príncipes de Asturias no han tenido más hijos para evitar el conflicto dinástico a la infanta Leonor si nacía un varón. El historiador guarda unos segundos de silencio, quizá perplejo. "Pero eso hubieran tenido que decidirlo ya con respecto al segundo hijo, ¿no? De todas formas, no llego a esas interioridades", remata en tono jocoso.

Sin ninguna jocosidad, en medios cercanos a la Casa Real puntualizan que más que para evitar conflictos dinásticos, la princesa ha seguido los consejos médicos, que no recomiendan una tercera cesárea. Así que, con los vástagos de los futuros monarcas que deberían reinar en el siglo XXI nos veremos privados de otra princesa plebeya, pero disfrutaremos de príncipe consorte y un cuñadísimo. Y dos yernos, como sufre ahora Juan Carlos.

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